5 marzo, 2026

Ante el recrudecimiento de las tensiones y la persistencia de actos de violencia en diversas regiones del mundo, con un enfoque particular en el volátil panorama de Oriente Medio, la Conferencia Episcopal de Costa Rica ha emitido un mensaje que busca guiar a la comunidad católica. Monseñor Bartolomé Buigues Oller, secretario general de este organismo y obispo de Alajuela, ha delineado una hoja de ruta sobre cómo los fieles pueden abordar estos complejos escenarios y qué acciones concretas pueden emprender para ser agentes de paz.

El mensaje, difundido a principios de febrero, subraya que, aunque los focos de conflicto se encuentren a miles de kilómetros de la realidad latinoamericana, su impacto resuena globalmente. “Cada confrontación bélica, sin importar su distancia geográfica, nos interpela como humanidad y como Iglesia”, afirmó Monseñor Buigues Oller, enfatizando la interconexión global.

El prelado costarricense no dudó en calificar la guerra como una tragedia universal. “La contienda armada jamás es una noticia positiva. Invariablemente deja a su paso víctimas inocentes, familias desintegradas, un legado de miedo, penuria económica y heridas emocionales que perduran por generaciones”, reflexionó. Añadió que, detrás de los fríos titulares noticiosos, se esconde la realidad de “niños, madres, ancianos y jóvenes que aspiran a vivir en un entorno de serenidad y coexistencia pacífica”. Esta perspectiva busca humanizar el conflicto, trascendiendo la mera geopolítica para enfocarse en el sufrimiento de las personas.

En este contexto de crisis humanitaria y polarización, el Obispo de Alajuela extendió una invitación crucial a los creyentes: resistir la tentación de caer en la “lógica de la confrontación ideológica” y la “simplificación binaria de ‘buenos y malos’”. Para la Iglesia Católica, la complejidad de los conflictos globales rara vez puede reducirse a narrativas maniqueas, que a menudo exacerban las divisiones en lugar de fomentar soluciones.

Desde una perspectiva cristiana, la postura innegociable debe ser la “defensa intransigente de la vida humana, la búsqueda incansable del diálogo como herramienta de resolución y el respeto irrestricto al derecho internacional”. Estas son las bases sobre las cuales se puede construir una paz duradera. Monseñor Buigues Oller aclaró que “la paz no es sinónimo de ingenuidad; es una labor ardua que demanda voluntad política genuina, prudencia en las decisiones y la renuncia a intereses desmedidos que a menudo alimentan la violencia y el conflicto en Oriente Medio y otras latitudes”.

**Tres Ejes para la Acción Católica en Tiempos de Conflicto**

Monseñor Buigues Oller propuso tres líneas de acción concretas que los católicos pueden adoptar frente a los conflictos, estructuradas en una dimensión espiritual, una responsabilidad informativa y una transformación personal.

En primer lugar, resaltó la trascendencia de mantener una “oración perseverante por la paz mundial”. Explicó que esta no debe ser concebida como un mero “gesto simbólico”, sino como una “intercesión real y poderosa”. El Obispo recordó que la historia de la humanidad ofrece numerosos ejemplos de cómo la plegaria ha sostenido “procesos invisibles de reconciliación”, tejiendo un puente entre la fe y la resolución de conflictos. Por ello, instó a los fieles a no abandonar esta práctica, considerándola un pilar fundamental en la contribución a la pacificación global.

El segundo pilar aborda la “información responsable”. En una era dominada por el flujo constante de datos y la proliferación de noticias falsas, Monseñor Buigues Oller enfatizó la necesidad crítica de “no dejarse arrastrar por rumores infundados, información errónea o discursos que, lejos de buscar la verdad, alimentan el odio y la división”. Este llamado a la discernimiento es crucial para los católicos, quienes deben ser conscientes del poder de la información y su impacto en la percepción de los conflictos. La búsqueda de fuentes fidedignas y la promoción de la verdad son elementos esenciales para evitar la manipulación y la escalada de tensiones.

Finalmente, el tercer eje se centra en la “conversión personal”. El prelado señaló que, independientemente de la naturaleza del conflicto externo, “la paz global halla su génesis en el corazón de cada individuo”. Advirtió con claridad que “nadie puede aspirar a la paz entre naciones si cultivamos la violencia verbal, el resentimiento o la división dentro de nuestras propias familias y comunidades”. Este punto resalta la profunda conexión entre la paz interior y la paz exterior, postulando que la armonía social y global es un reflejo de la armonía personal. La autocrítica y el trabajo en la eliminación de prejuicios y agresiones internas son, por tanto, pasos ineludibles hacia una sociedad más pacífica.

La Iglesia, como institución, siempre ha sostenido que “la guerra representa un fracaso rotundo de la política y de la humanidad en su conjunto”. Es por esta convicción que “renovamos nuestro compromiso inquebrantable con la cultura del encuentro y del diálogo”, concluyó Monseñor Buigues Oller, reafirmando la misión de la Iglesia como promotora de la concordia.

Al cierre de su inspirador mensaje, el Obispo Bartolomé Buigues Oller elevó una sentida plegaria a Dios, pidiendo que “ilumine la mente de los gobernantes, proteja a las poblaciones civiles que sufren las consecuencias de la violencia y abra caminos de negociación genuinos y efectivos antes de que el dolor y la destrucción alcancen proporciones aún mayores”. Este llamado final es un recordatorio de la urgencia de la acción y la esperanza en la capacidad humana y divina para construir un mundo de paz.

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