En un momento de profunda adversidad para Cuba, Mons. Arturo González Amador, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC), ha extendido un mensaje de confianza y esperanza a la nación. Durante la Misa Crismal celebrada el 31 de marzo en el Santuario de la Virgen de la Caridad en la Diócesis de Santa Clara, el prelado instó a los cubanos a creer en la intervención divina en esta “hora de la angustia” que asola el país. Su llamado resuena en un contexto de escasez generalizada y desafíos socioeconómicos sin precedentes.
El obispo González Amador reconoció las dificultades que enfrentaron muchos fieles para asistir a la ceremonia, citando la escasez de transporte y otras limitaciones severas. A pesar de estas barreras, transmitió un mensaje de resiliencia espiritual: “Hoy, por encima de distancias y dificultades, de carencias y restricciones, de sufrimientos y amarguras, de incertidumbres y temores… el Espíritu dispondrá el corazón de todos y favorecerá el encuentro en la fe, obrará la comunión y nos llenará de esperanza, quizás porque estamos precisamente en la hora de la angustia y el Espíritu sale en nuestra ayuda”. Estas palabras buscan infundir un sentido de unidad y consuelo en una sociedad que lucha diariamente por superar obstáculos.
Cuba ha estado sumida en una grave crisis económica por varios años, caracterizada por prolongados cortes de electricidad, una alarmante escasez de alimentos y una deficiencia crítica de medicamentos. Esta situación se ha visto agravada por la suspensión del suministro de petróleo venezolano, un pilar fundamental para la energía de la isla. La dinámica geopolítica reciente también ha añadido complejidad, con advertencias previas del entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la posible imposición de aranceles a cualquier nación que enviara combustible a Cuba.
Sin embargo, los recientes desarrollos en el ámbito energético han ofrecido un respiro temporal. Un buque ruso, el Anatoly Kolodkin, arribó a la isla con una carga de 730.000 barriles de crudo. Este cargamento se produjo poco después de que el presidente Trump manifestara, días antes de la llegada del barco, que no le preocupaba si alguien abastecía de combustible a Cuba, reconociendo su necesidad de supervivencia. No obstante, horas más tarde, la Casa Blanca emitió un comunicado aclarando que no había habido un cambio en la política exterior estadounidense hacia la isla, lo que subraya la persistente tensión y ambigüedad en las relaciones bilaterales.
En su homilía, el obispo de Santa Clara profundizó en el significado de la fe y la acción transformadora. Citó el pasaje evangélico en el que Jesús, en la sinagoga de Nazaret, leyó la profecía de Isaías y declaró su cumplimiento en ese mismo instante. “Una vez que Jesús terminó de leer al profeta Isaías… sintiendo sobre Él la fuerza de la mirada de sus coterráneos, se sentó y solo entonces afirmó: ‘Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír’”, recordó el prelado, enfatizando la inmediatez y relevancia del mensaje divino.
El concepto de “hoy”, explicó Mons. González Amador, trasciende el tiempo, significando que para Dios, la existencia de cada individuo tiene un valor intrínseco. “Significa que Él ve y hace suyo nuestro cotidiano vivir; que Él está presente, está a nuestro lado y quiere que lo reconozcamos y lo aceptemos como único Salvador; quiere que le demos lo mejor de nosotros en este hoy, aquí y ahora”, afirmó. Subrayó que Cristo desea que su presencia salvadora no sea subestimada, invitando a una profunda reflexión sobre la relación personal con lo divino.
El líder de la COCC enfatizó que acoger a Dios no implica una actitud pasiva o irresponsable. Por el contrario, es un llamado a la acción y a la solidaridad: “Es acercarnos a los demás, a los que sufren y lloran sin fe, a los que viven aplastados y desamparados, a los que claman sin ser escuchados, a los que buscan y son ignorados, es acercarnos a un pueblo que sufre para anunciar la salvación que viene de Dios”. Esta visión subraya el papel activo de la Iglesia en la sociedad, no solo en la predicación, sino en el acompañamiento y el servicio a los más vulnerables.
Frente al sombrío panorama nacional, el obispo recordó a los sacerdotes su vocación de “mantener encendida la lámpara de la fe y la esperanza, sin olvidar la caridad”. Les animó a no rehuir la Cruz, describiéndola como una “fuente de esperanza” que fertiliza la entrega personal, incluso cuando esta se siente agotadora, estéril o sin sentido. Concluyó su mensaje agradeciendo a los presentes por su firmeza en la fe y su testimonio de esperanza, consolidando el compromiso de la Iglesia cubana con su pueblo en estos tiempos difíciles.








