

El Obispo de Palm Beach, Mons. Manuel de Jesús Rodríguez, durante la Misa que celebró el 19 de septiembre en el Santuario Nacional Nuestra Señora de la Caridad, conocido también como Ermita de la Caridad. | Crédito: Cortesía Mons. Manuel de Jesús Rodríguez.
Durante la tradicional peregrinación anual que congregó a cientos de fieles en el estado de Florida, el obispo de Palm Beach, Mons. Manuel de Jesús Rodríguez, ofreció un encendido mensaje en el que subrayó que la nación caribeña no es propiedad de un partido político ni de quienes detentan el mandato en la actualidad. La ceremonia religiosa se llevó a cabo el sábado 19 de septiembre en el emblemático santuario dedicado a la patrona de los antillanos, ubicado en la ciudad de Miami.
El encuentro litúrgico reunió tanto a exiliados oriundos de la mayor de las Antillas como a feligreses provenientes de diversas naciones de América Latina. Todos ellos se unieron bajo una misma comunidad espiritual para rendir tributo a la advocación mariana. La organización del evento estuvo a cargo de la Cofradía de la Caridad del Cobre, dependiente de la diócesis estadounidense donde ejerce su ministerio el prelado de origen dominicano, quien mantiene profundos lazos de cercanía con la historia de este pueblo.
La identidad espiritual y el legado de la patrona
Durante su homilía ante los devotos, el prelado recordó la festividad litúrgica celebrada a inicios de septiembre en honor a la Virgen de la Caridad del Cobre, cuya devoción ha acompañado a los habitantes de esa tierra desde los albores del siglo XVII. A pesar de las profundas y prolongadas crisis que han marcado la historia insular, esta figura religiosa se ha consolidado como el eje central de la identidad cristiana local.
“La patria es nuestra identidad espiritual y en ese sentido María Santísima de la Caridad del Cobre se convierte para el pueblo cubano en signo de patria, y donde quiera que está la Virgen de la Caridad del Cobre y donde quiera que su nombre es celebrado y su fiesta es observada, se vive la patria y se hace patria”, afirmó.
Profundizando en este concepto, el obispo enfatizó que la isla representa un legado divino que trasciende cualquier ideología terrenal: “Cuba, mis queridos hermanos y hermanas, no es propiedad de un partido ni es propiedad de los que actualmente detentan el poder político en esa isla. Cuba es un regalo de Dios para los cubanos y, diría yo, para la humanidad”, declaró ante la asamblea.
En la misma línea discursiva, trayendo a la memoria las palabras pronunciadas en el pasado por el fallecido arzobispo de Santiago de Cuba, Mons. Pedro Meurice, exhortó a la congregación a evitar la confusión entre el territorio nacional y las estructuras partidistas o doctrinas políticas.
Esperanza ante la crisis y figuras históricas de referencia
El jerarca católico también dedicó un espacio de su mensaje para reflexionar sobre los orígenes de la imagen sagrada, hallada originalmente por tres pescadores en aguas del mar Caribe portando un letrero que proclamaba su identidad. Para el obispo, este acontecimiento fundacional permanece vigente como un llamado a la solidaridad con aquellos que continúan residiendo en el territorio nacional.
La Virgen “apareció históricamente como signo de solidaridad y de rescate. Entonces nos invita a nosotros a no olvidarnos de aquellos que están en la tierra cubana sufriendo hambre, sufriendo opresión, sufriendo escasez de todo, especialmente de libertad y de dignidad, de respeto a su dignidad”, aseveró el religioso.
Asimismo, el obispo evocó la memoria de destacadas personalidades eclesiásticas e intelectuales que marcaron el rumbo de la comunidad creyente, tanto dentro como fuera de las fronteras insulares. Entre ellos mencionó al padre Félix Varela, considerado el forjador del pensamiento nacional y quien, tras ser exiliado hacia el norte en 1823, consagró sus esfuerzos a la asistencia de los inmigrantes instalados en Nueva York.
De igual modo, recordó al obispo auxiliar de La Habana, Mons. Eduardo Boza Masvidal, quien junto a más de un centenar de religiosos fue expulsado de su tierra natal en 1961 por orden del régimen de Fidel Castro. El prelado destacó que figuras de esta talla moral evidencian cómo la labor pastoral de la Iglesia logra trascender cualquier barrera geográfica, convirtiéndose en un faro de rectitud y servicio inquebrantable hacia los sectores más vulnerables de la sociedad.








