12 abril, 2026

Santa Cruz, Bolivia – En un llamado a la esperanza y la renovación espiritual, monseñor Stanislaw Dowlaszewicz, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santa Cruz, afirmó este segundo domingo de Pascua que la Divina Misericordia supera toda imperfección humana y que el sacramento de la confesión es el camino más directo para acceder a ella. La reflexión tuvo lugar durante la homilía de la Misa dedicada al Domingo de la Divina Misericordia, una festividad de gran relevancia para la Iglesia Católica.

La conmemoración de la Divina Misericordia fue instituida oficialmente en el calendario litúrgico por el Papa San Juan Pablo II en el año 2000, coincidiendo con la canonización de Santa Faustina Kowalska. Esta religiosa polaca es reconocida por sus visiones y por ser la principal difusora del mensaje de la misericordia divina, tal como lo recibió directamente de Jesucristo. La esencia de este mensaje radica en la infinita capacidad de Dios para perdonar y sanar, invitando a la humanidad a confiar plenamente en su amor.

Durante su alocución, monseñor Dowlaszewicz, de origen bielorruso, destacó la necesidad universal de paz en un mundo marcado por la incertidumbre. “Nosotros también necesitamos paz, y Jesús viene a nosotros hoy y nos dice: ‘La paz esté contigo, no tengas miedo, hoy te traigo perdón’. Y el mejor lugar para el encuentro con la misericordia de Dios es el sacramento de la confesión”, enfatizó el prelado. Este sacramento, explicó, no es solo un rito, sino un encuentro transformador donde el creyente experimenta la gracia sanadora de Cristo resucitado.

El obispo auxiliar profundizó en la experiencia del perdón, comparándola con el apóstol Tomás, quien solo creyó al tocar las llagas de Jesús. “Allí, en la confesión, Jesús resucitado nos dice de nuevo: ‘La paz esté contigo, tus pecados son perdonados’. Ahí realmente tocamos sus heridas, como Tomás. Ahí experimentamos que la misericordia divina es mayor que nuestro pecado”, remarcó. Este acto de reconciliación ofrece una liberación profunda de la carga de la culpa y la ansiedad que, según el obispo, afecta a innumerables personas en la actualidad.

Monseñor Dowlaszewicz abordó la persistente duda que muchos tienen sobre la capacidad divina para perdonar pecados graves o recurrentes. “¿Cuántas personas viven hoy en la ansiedad del corazón? ¿Cuántas llevan la carga de la culpa? ¿Cuántas personas no creen que Dios pueda perdonar? Y Jesús dice claramente: no hay tal pecado que la misericordia de Dios no pueda abrazar. No hay caída de la que Dios no pueda levantar al hombre”, afirmó con contundencia. Su mensaje subraya que no existe límite para el perdón de Dios, siempre que haya un arrepentimiento sincero.

En un contexto global donde las estructuras sociales y personales a menudo parecen tambalearse, el obispo resaltó el rol fundamental de la misericordia divina como ancla de esperanza. “En un mundo donde tanto ya se ha derrumbado, tanto ha fallado, recurrimos a la misericordia de Dios pidiendo misericordia para nosotros y para el mundo entero. Esta es la fuente de nuestra esperanza más profunda y nuestra paz más duradera”, explicó. La invocación de la misericordia, por tanto, se convierte en un acto de fe y de búsqueda de estabilidad en medio de la adversidad.

El prelado también reflexionó sobre la naturaleza humana y su propensión a la reincidencia en el pecado, señalando que “la historia de un pecador que cae en los mismos pecados una y otra vez es la historia de cada uno de nosotros”. Esta honesta admisión de la fragilidad humana se contrapone con la inquebrantable paciencia divina. “Cristo no se cansa de nuestras caídas, no se cansa de nuestras infidelidades, constantemente nos muestra su perdón y su misericordia”. Esta visión de la paciencia divina resuena con las palabras del entonces pontífice, el Papa Francisco, quien durante su papado afirmó que “Dios nunca se cansa de perdonar”, un mensaje que subraya la persistencia del amor divino frente a la recurrencia del error humano y que sigue siendo un pilar fundamental en la pastoral de la Iglesia.

Finalmente, el obispo auxiliar hizo referencia a la posibilidad que tienen los fieles de obtener una indulgencia plenaria durante el Domingo de la Divina Misericordia. Para acceder a esta gracia especial, que remite la pena temporal por los pecados ya perdonados, los creyentes deben cumplir con las condiciones habituales: confesarse sacramentalmente, recibir la Sagrada Comunión y orar por las intenciones del Pontífice.

En síntesis, el mensaje central del Evangelio de este día, según monseñor Dowlaszewicz, es un llamado apremiante a confiar plenamente en la misericordia de Dios y a regresar a ese “abrazo divino”. Reafirmó que “cuanto mayor sea nuestra miseria, mayor será el derecho a la misericordia”, ofreciendo un camino claro hacia la reconciliación y la paz interior para todos aquellos que buscan la gracia divina.

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