25 febrero, 2026

En un momento de profunda convulsión social y escalada de violencia en México, la voz de la Iglesia Católica resuena con un llamado a la esperanza y la reconciliación. Monseñor Ramón Castro Castro, Obispo de Cuernavaca y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), afirmó categóricamente que “la violencia no tendrá la última palabra nunca”, sino que será superada por “el amor de Cristo que María nos ayuda a hacer vida”. Estas poderosas declaraciones fueron emitidas durante una homilía que marcó el Congreso Teológico Pastoral sobre el Acontecimiento Guadalupano, celebrado en la sede de la CEM, en Casa Lago, Estado de México.

El mensaje del prelado adquiere particular relevancia en un contexto nacional marcado por la incesante actividad del crimen organizado y sus devastadoras consecuencias. Recientemente, el país ha sido testigo de episodios de extrema violencia y agitación social, que han dejado una profunda huella de sufrimiento, temor y fractura en el tejido comunitario. Monseñor Castro no eludió esta dolorosa realidad, haciendo una explícita referencia a la ola de inseguridad que azota a la nación, la cual se ha recrudecido con eventos de alto impacto que evidencian la magnitud del desafío que enfrenta México.

**La Fe como Antídoto ante la Violencia y el Silencio Cómplice**

Durante su predicación, que tuvo como base el pasaje del Evangelio de Mateo (6, 7-15) sobre la enseñanza del Padrenuestro, el líder eclesiástico subrayó que la fe se erige como un recordatorio esencial de que, incluso en los países y regiones donde las heridas de la violencia han golpeado a incontables familias, la sociedad no está sola. “En nuestros pueblos golpeados por la violencia del crimen organizado, especialmente en México, donde vemos sufrimiento, temor y fractura social, necesitamos esta fecundidad de la Palabra”, sostuvo Monseñor Castro.

El Obispo de Cuernavaca fue enfático al denunciar una verdad incómoda: “la violencia se alimenta de silencios cómplices”. Con estas palabras, el prelado señaló la responsabilidad colectiva e individual de no ignorar ni normalizar la barbarie, instando a la sociedad a romper el ciclo de la inacción y la indiferencia. En contraste, enfatizó que la Palabra de Dios no es una fuerza pasiva, sino un motor que “nos impulsa a la justicia, a la paz y a la reconciliación”. Su llamado fue una invitación directa a los católicos y a la sociedad en general a resistir la tentación de la resignación frente al miedo y la creciente fragmentación social.

**La Espiritualidad Cuaresmal y el Modelo de María**

Apoyándose en la rica espiritualidad del tiempo de Cuaresma, Monseñor Castro Castro profundizó en la idea de que la verdadera conversión no es un mero acto ritual, sino que brota de una escucha atenta y profunda de la Palabra de Dios. En este sentido, presentó a la Virgen María como el “modelo perfecto de acogida” del Evangelio, un faro de fe y obediencia que ilumina el camino hacia la transformación personal y comunitaria.

El obispo recordó la trascendencia del “sí” incondicional de María, un acto de fe que le permitió “encarnar la Palabra” y convertirse en la “arca santa de la Divina Palabra”. Este ejemplo, subrayó, demuestra que la fe auténtica trasciende la pasividad, constituyéndose en un acto de confianza radical con el potencial de reconfigurar la historia y ofrecer una respuesta sólida a las adversidades contemporáneas.

**El Padrenuestro: Corazón de la Espiritualidad y Camino al Perdón**

Un punto central en la homilía de Monseñor Castro fue la profunda significación del Padrenuestro, oración que definió como el “corazón de toda espiritualidad cristiana”. En su visión, esta plegaria universal no es solo una recitación, sino una clave fundamental para una Iglesia que aspira a ser misionera y para una sociedad que anhela desesperadamente la paz.

Citando al insigne San Agustín, el prelado argumentó que solo la filiación divina concede la fortaleza para perdonar, una virtud que se revela indispensable en una sociedad lacerada por el odio y la desconfianza. En un claro mensaje, Monseñor Castro insistió en que “si no perdonamos, nuestra oración queda truncada”, destacando la interdependencia entre la plegaria efectiva y la capacidad de absolución.

Reflexionando sobre el impacto del crimen organizado, el obispo lamentó que este fenómeno no solo destruye vidas humanas, sino que también desgarra el tejido de la fraternidad. En este escenario, la escucha sincera y la vivencia profunda del Padrenuestro se convierten en un motor que impulsa a trabajar no solo por la justicia humana, sino por la anhelada “reconciliación profunda de los corazones”. Hizo un llamado vehemente para que el Padrenuestro no se reduzca a una “simple recitación”, sino que se convierta en una “escuela de comunión que transforma culturas de muerte en culturas de vida”.

**Una Pastoral que Enfrenta las Grietas Sociales**

Finalmente, Monseñor Ramón Castro Castro delineó una visión para la pastoral de la Iglesia en México: una pastoral que “no tema enfrentar las grietas de la sociedad”. Por el contrario, debe ser una fuerza activa que “ofrezca la fuerza del Evangelio” y que logre convertir a la Iglesia en un espacio de cercanía y acogida para los más vulnerables: los pobres, los heridos y todos aquellos que sufren.

Bajo la guía amorosa de María, Reina de la Paz, el presidente de la CEM animó a todos los fieles y a la sociedad a “caminar juntos, perdonar sin titubeos y construir justicia desde la verdad”. Su profunda convicción se basa en la certeza de que “la última palabra es la del amor de Cristo, que María nos ayuda a hacer vida”, un amor capaz de transformar, en última instancia, “las culturas de muerte en culturas de vida”, abriendo un sendero hacia un futuro de esperanza y pacificación para México.

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