6 abril, 2026

En un contexto de creciente crispación política a pocas semanas de las elecciones presidenciales, la Iglesia Católica colombiana ha elevado una voz de alerta y llamado a la unidad. Monseñor Héctor Fabio Henao, delegado del Episcopado Colombiano para las relaciones Iglesia-Estado, reiteró la necesidad imperante de superar las profundas diferencias que fragmentan a la sociedad a través del diálogo constructivo. Subrayó, en declaraciones recientes, que en el ámbito político “no todo vale”, haciendo hincapié en que la dignidad de las personas y el porvenir de la nación son los bienes supremos en juego.

La intervención del prelado llega en un momento crucial, a escasas ocho semanas de la contienda electoral del 31 de mayo, que definirá el futuro político de Colombia. La campaña se ha visto empañada por un ambiente de hostilidad verbal y constantes enfrentamientos entre los principales contendores: el candidato oficialista, Iván Cepeda, y los líderes opositores Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia. Esta tensión se ha exacerbado con recientes polémicas, incluyendo un nuevo escándalo que involucra posibles interceptaciones telefónicas dirigidas al candidato De la Espriella, lo que ha añadido una capa de desconfianza al ya caldeado panorama.

Mons. Henao articuló el mensaje de la Iglesia en torno al simbolismo de la Resurrección de Cristo, una festividad central en el calendario católico. Desde esta perspectiva, la jerarquía eclesiástica busca ofrecer una orientación espiritual y moral frente a la realidad que atraviesa el país, caracterizada por “momentos de polarización, de agresividad en el lenguaje” en el marco de la intensa campaña electoral. Este llamado no es solo una exhortación a la calma, sino una profunda reflexión sobre los valores que deben cimentar la vida pública y social de Colombia.

El representante de los obispos profundizó en el significado de la palabra Pascua, que etimológicamente remite a “paso” o “transitar”. En las narraciones bíblicas, explicó, la Pascua simboliza el tránsito de la esclavitud a la libertad, hacia una tierra prometida. Aplicando esta metáfora a la coyuntura colombiana, Mons. Henao instó a la sociedad a dar “un paso del insulto al respeto, de la descalificación al diálogo, del miedo, que a veces permea tanto a la sociedad, hacia la confianza, de la violencia verbal a la palabra que construye”. Es un llamado a una transformación colectiva que abandone las prácticas destructivas en favor de un entendimiento mutuo.

En sus reflexiones, el prelado advirtió sobre el peligro de la autodestrucción social: “Un país no puede construir su futuro si se dedica a crucificarse a sí mismo. No podemos dedicarnos a crucificarnos los unos a los otros”. Enfatizó que si la diferencia de pensamiento se convierte en enemistad, la nación se encamina por un sendero equivocado. La política, insistió, “no se puede convertir en un escenario de odio donde todo vale”, pues su esencia debería ser la búsqueda del bien común y la convivencia pacífica.

El delegado episcopal recordó la larga y dolorosa historia de Colombia, un país que ha transitado por décadas de conflictos donde los intereses particulares y la violencia han configurado lamentablemente las relaciones sociales. “Es dramático, pero en Colombia, en muchos momentos de nuestra historia, el miedo ha sido como la pauta. Si quieres sobrevivir, debes actuar con miedo”, lamentó. No obstante, Mons. Henao enfatizó la urgencia de cambiar esta dinámica, aprendiendo “a poner la vida por encima de los intereses, por encima de las ideologías, por encima de las diferencias”. Esta perspectiva resalta la sacralidad de la vida humana como valor fundamental que debe primar sobre cualquier divergencia política o ideológica.

Durante la entrevista, Mons. Henao también abordó la anhelada paz, un objetivo esquivo para Colombia tras innumerables décadas de enfrentamientos armados y polarización. Reafirmó la postura inquebrantable de la Iglesia: “el diálogo siempre será el camino, siempre será la senda”. Esta convicción se ha mantenido constante a lo largo de los diferentes procesos de paz y negociaciones que ha vivido el país.

En este sentido, el delegado del Episcopado destacó la visión compartida con la máxima autoridad de la Iglesia Universal: “Nosotros hemos insistido en que es importante saber que la paz, como en este caso, no es la victoria de unos sobre otros, es la victoria de la vida sobre la muerte”. Esta profunda reflexión, explicó, resuena con el pensamiento del actual Pontífice, quien frecuentemente subraya la primacía de la vida y la fraternidad universal. “Y así nos lo enfatizaba el Papa León”, afirmó Mons. Henao, vinculando directamente el mensaje de los obispos colombianos con la guía pastoral del Santo Padre.

El Papa León ha sido un incansable promotor de la paz, la reconciliación y el diálogo en diversas latitudes del mundo, llamando a la fraternidad humana como el único camino para construir sociedades justas y equitativas. Su magisterio, enfocado en el valor de cada persona y la necesidad de superar las divisiones, sirve de inspiración y respaldo para el trabajo de la Iglesia en Colombia. El Pontífice, en numerosas ocasiones, ha instado a líderes y ciudadanos a construir puentes en lugar de muros, a escuchar y comprender al otro, incluso a quien piensa diferente, como fundamentos esenciales para la coexistencia pacífica y el desarrollo integral de los pueblos.

Mons. Henao concluyó reiterando una verdad fundamental para el futuro de la nación: “un país solo tiene futuro con el entendimiento de que el otro no es un enemigo al que hay que destruir, sino alguien con quien podemos dialogar y aprender a convivir”. Este llamado a la esperanza y a la construcción colectiva, avalado por la voz del Papa León, busca sembrar las semillas de una Colombia más unida y reconciliada, capaz de trascender sus divisiones históricas para abrazar un futuro de paz y prosperidad.

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