La Orden de San Agustín ha dado un paso significativo en su organización interna y expansión pastoral en Centroamérica, consolidando su compromiso misional con la creación de la Provincia Agustiniana del Sagrado Corazón de Jesús, que unificará la labor de la orden en Panamá y Costa Rica. Este importante anuncio, fruto de un sostenido crecimiento vocacional y apostólico, subraya la determinación de los agustinos de servir “donde la Iglesia nos necesite”, reafirmando el legado de su fundador, San Agustín de Hipona.
Hasta este punto, la presencia agustiniana en la región operaba bajo la estructura del Vicariato de Santo Tomás de Villanueva. La elevación a provincia representa un hito trascendental, otorgando mayor autonomía y responsabilidad en la gestión de recursos humanos y económicos, así como en la dirección de sus apostolados. Esta reorganización interna fue aprobada durante el 188° Capítulo General Ordinario de la Orden, celebrado en Roma en septiembre de 2025, sentando las bases para una nueva etapa de evangelización y servicio en estas naciones centroamericanas.
El proceso de constitución de esta nueva circunscripción eclesiástica culminó con la celebración del Primer Capítulo Provincial Ordinario, que tuvo lugar del 26 al 30 de enero de 2026. Durante este encuentro histórico, se definieron las directrices que regirán la provincia y se eligieron sus primeras autoridades. Fray Carlos De la Cruz Murillo fue designado como prior provincial, asumiendo la responsabilidad de liderar esta naciente estructura. Además, se constituyeron los órganos de gobierno y se aprobaron los estatutos que guiarán la vida y misión de los agustinos en Panamá y Costa Rica.
La creación de esta provincia coincide con un momento de particular simbolismo para la Orden en Panamá, ya que en 2026 se conmemoran sesenta años de presencia ininterrumpida de los agustinos en el país. Si bien la historia de la orden registra una primera llegada a Panamá en 1612, fue en 1966 cuando se estableció la primera casa que dio continuidad a su labor. Desde entonces, la comunidad se ha enraizado profundamente en la nación, transformándose en lo que describen como un país “cada vez más agustiniano” debido a la creciente influencia del carisma agustiniano y la participación activa de laicos y religiosos.
La Orden de San Agustín, establecida jurídicamente en 1244 con la vocación de seguir a Jesucristo a través de las enseñanzas de San Agustín, inició su presencia en América Latina en 1533 con la llegada de los primeros misioneros a México. Su expansión a Costa Rica, hace aproximadamente una década, fue un fruto natural del crecimiento pastoral desde Panamá, demostrando la vitalidad y la capacidad de adaptación de la orden para responder a las necesidades de la Iglesia en nuevos territorios.
A lo largo de su historia en la región, los agustinos han desarrollado una pastoral integral y comprometida. Su labor se ha centrado en la evangelización, el acompañamiento cercano de comunidades indígenas y campesinas, y la promoción incansable de sus derechos, luchando contra la pobreza y la injusticia social. A esta dimensión se suma una destacada pastoral educativa, materializada en la creación y gestión de diversas instituciones escolares que ofrecen formación académica y espiritual. Asimismo, la pastoral vocacional ha sido una prioridad, dedicando esfuerzos a la formación de aspirantes a la vida religiosa y al fomento de nuevas vocaciones.
En entrevista, Fray Carlos De la Cruz Murillo enfatizó que la conformación de la provincia es un testimonio palpable del crecimiento en vocaciones. “Desde que iniciamos el Seminario San Agustín en Panamá en 1901, hemos trabajado mucho y de manera sostenida por las vocaciones, haciendo presencia testimonial en las actividades pastorales y procurando una buena formación para los que muestran interés en hacerse agustinos”, afirmó el prior provincial. Actualmente, la provincia cuenta con 46 religiosos de votos solemnes, tanto panameños como costarricenses, y otros 9 con votos temporales, lo que asegura la continuidad de su misión.
Con el nuevo estatus de provincia, los agustinos asumen “mayor responsabilidad en la gestión del gobierno y de los recursos humanos y económicos para el apostolado agustiniano”. Este apostolado se focalizará principalmente en la administración parroquial, la educación a través de sus colegios y la formación continua de nuevos religiosos y laicos. La expansión y consolidación de la provincia permitirá una planificación más estratégica y una implementación más efectiva de sus iniciativas pastorales en ambos países.
Ante los desafíos de una sociedad que a menudo experimenta fragmentación y conflicto, los agustinos ofrecen con humildad el carisma de su fundador: “una sola alma y un solo corazón en búsqueda y en camino hacia Dios”. Esta espiritualidad, que promueve la vida en comunidad y la caridad fraterna, se convierte en un faro de esperanza y unidad. Con esta nueva etapa, la Orden de San Agustín renueva su compromiso de vivir en comunión y de entregarse a la labor apostólica allí donde la Iglesia, en su sabiduría y necesidad, los requiera, consolidando su legado en Centroamérica.



