La tensión en Oriente Medio ha alcanzado un punto crítico tras una serie de ataques militares conjuntos entre Estados Unidos e Israel contra Irán, los cuales provocaron una respuesta contundente de la República Islámica. En medio de esta escalada que comenzó el 28 de febrero de 2026, y que dejó imágenes como la de una columna de humo elevándose sobre Teherán el 2 de marzo, expertos en teología moral católica han alzado su voz para recordar al presidente estadounidense Donald Trump la imperativa adherencia a la tradición de la Doctrina de la Guerra Justa.
Los combates se intensificaron durante el fin de semana pasado, con el lanzamiento de ofensivas coordinadas por parte de Washington y Tel Aviv. Irán respondió con una andanada de drones y misiles dirigidos contra Israel, bases y activos estadounidenses en la región, aeropuertos e infraestructura energética de varios estados del Golfo, entre otros objetivos estratégicos. La escalada de hostilidades ha generado profunda preocupación global y ha llevado a un llamado a la mesura desde diversos frentes.
**La Doctrina de la Guerra Justa: Un Imperativo Moral**
En este contexto, voces autorizadas dentro de la teología católica han subrayado la relevancia de los principios que rigen la moralidad de la guerra. Joseph Capizzi, decano y profesor titular de Teología Moral y Ética en la Catholic University of America, enfatizó que seguir la Doctrina de la Guerra Justa “no solo es importante, sino imperativo”. Según Capizzi, estos principios son, en esencia, guías para una buena gobernanza y el arte de gobernar.
El Catecismo de la Iglesia Católica establece que para que una guerra sea moralmente justificable, deben cumplirse estrictamente varias condiciones: debe librarse para combatir un mal grave; el daño causado por la guerra no puede ser mayor que el mal que se busca eliminar; debe existir una seria y razonable perspectiva de éxito; y, crucialmente, todas las alternativas pacíficas deben haberse agotado previamente. Taylor Patrick O’Neill, profesor de Teología en el Thomas Aquinas College, fue categórico al afirmar que la ausencia de cualquiera de estos criterios convierte la acción bélica en pecaminosa.
**Causa Justa y Último Recurso: Las Dudas sobre la Justificación del Conflicto**
La justificación declarada por el presidente Trump para la ofensiva se ha centrado en la supuesta búsqueda de Irán de un arma nuclear a través de su programa de enriquecimiento de uranio. Un año antes, en junio, Trump había ordenado un bombardeo contra la Planta de Enriquecimiento de Uranio de Fordow en Irán, alegando en ese momento que el país estaba “a pocas semanas de tener un arma nuclear”. Sin embargo, los informes sobre el éxito de aquel ataque y su impacto real en el programa iraní fueron contradictorios, con estimaciones que variaban entre meses y años de retraso.
Estas afirmaciones del presidente también contrastaron con el testimonio de Tulsi Gabbard, directora de inteligencia nacional, quien apenas tres meses antes había declarado que la evaluación de la comunidad de inteligencia indicaba que “Irán no está construyendo un arma nuclear” y que el líder supremo, Alí Jamenei, ni siquiera había autorizado tal programa.
En enero de 2026, Trump reanudó las conversaciones con Irán, manteniendo las mismas acusaciones y exigiendo un acuerdo que implicara el fin o la reducción del enriquecimiento de uranio y un recorte de su programa de misiles balísticos. En una entrevista con “Face the Nation” de CBS el 27 de febrero, Badr Al Busaidi, ministro de Asuntos Exteriores de Omán y mediador en las negociaciones, reveló que Irán había accedido a numerosas concesiones. El país persa aceptó reducir el enriquecimiento de uranio y sus reservas a un nivel que “nunca, jamás podría crear el material nuclear que genera una bomba”, y se sometería a inspecciones. Al Busaidi expresó su optimismo, creyendo que “el acuerdo de paz estaba a nuestro alcance”.
Sorprendentemente, menos de 24 horas después de estas declaraciones esperanzadoras, Trump lanzó la “Operación Furia Épica”, que dio inicio a los ataques militares contra Irán. El presidente justificó la decisión el 3 de marzo, afirmando: “Era mi opinión que ellos iban a atacar primero”.
O’Neill señaló que para que una guerra sea justa, no solo debe haber una causa justa, sino también una intención recta. Si la verdadera intención al iniciar la guerra es otra, la causa justa se invalida. Los católicos, argumentó, tienen el derecho de “cuestionar si la causa justa está presente” y “cuestionar si la recta intención está presente”, especialmente si la amenaza no es “inminente”.
La falta de información pública sobre las alternativas diplomáticas es otro punto crítico. O’Neill admitió que a menudo es difícil para el público saber si un conflicto es verdaderamente el “último recurso”, ya que puede haber información clasificada. Capizzi, por su parte, indicó que la evaluación de si la acción militar es el último recurso debe ponderarse en función de la “gravedad de la amenaza” y el impacto de no actuar. Una amenaza más grave, dijo, podría acelerar el camino hacia un “uso justo de la fuerza”.
**Fuerza Proporcionada y un Objetivo Político Alcanzable**
El 2 de marzo, el presidente Trump se dirigió a la nación para agradecer a las fuerzas armadas estadounidenses por la muerte de líderes militares iraníes y para prometer una escalada de ataques. Anunció que la misión podría durar entre cuatro y cinco semanas, pero no especificó quién controlaría el país una vez concluida. Si bien había insinuado la posibilidad de trabajar con nuevos líderes dentro del régimen, también instó a los iraníes a sublevarse.
Sobre la proporcionalidad del daño y la existencia de un objetivo final claro, Capizzi enfatizó que la meta debe ser “la paz… medida por la justicia y el orden y vinculada a resultados políticos reales y alcanzables”. Adviirtió que “meramente decapitar la cabeza de un régimen no es un resultado político suficiente, ya que crea un desorden político que es muy difícil de controlar”. O’Neill coincidió, afirmando que los criterios de la guerra justa no pueden cumplirse si “no está muy claro cuál es el objetivo” y si no hay un plan sólido, basado en inteligencia creíble, sobre el futuro de Irán tras los ataques.
O’Neill recordó que en el cálculo moral deben considerarse los resultados de intervenciones anteriores en Oriente Medio, como Afganistán, Irak, Siria y Libia. El fracaso de planes previos en lograr sus objetivos debe ser una lección crucial para cualquier futuro cambio de régimen, para asegurar que la situación en Irán mejore realmente tras una intervención.
**Un Trágico Balance Humano**
Mientras los debates sobre la moralidad del conflicto continúan, el costo humano ya es devastador. Según medios estatales iraníes, citando a la Fundación Iraní para Asuntos de Mártires y Veteranos, el número de muertos en Irán asciende a al menos 1230 hasta la mañana del 5 de marzo. Entre las víctimas se encuentran el líder supremo Jamenei, decenas de militares y funcionarios gubernamentales, así como un gran número de civiles, incluyendo más de 160 mujeres y niñas en un ataque a una escuela primaria en Minab, según el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Seyed Abbas Araghchi.
En Líbano, los ataques israelíes, en respuesta a ofensivas de Hezbolá, han causado 72 muertes, según el Ministerio de Salud libanés. El Comando Central de Estados Unidos ha reportado la muerte de seis miembros de sus fuerzas armadas. En Israel, al menos 12 personas han perdido la vida, según el medio Ynet News. Otras 11 personas han fallecido en otros estados árabes, de acuerdo con Al Jazeera.
La escalada de este conflicto no solo amenaza la estabilidad regional, sino que también plantea profundas preguntas sobre la justificación moral y política de la intervención, haciendo que la Doctrina de la Guerra Justa resuene con una urgencia sin precedentes.






