23 febrero, 2026

Panamá fue el epicentro de un significativo evento religioso y pastoral el pasado 22 de febrero, cuando miles de fieles católicos se congregaron en el Santuario de Jesús Nazareno de Atalaya para celebrar el primer domingo de Cuaresma. Esta multitudinaria peregrinación, arraigada en una profunda tradición, no solo marcó el inicio de la Cuaresma, sino que fue el escenario elegido por la Conferencia Episcopal Panameña (CEP) para el lanzamiento oficial de la Misión Sinodal Nacional 2026. Este ambicioso proyecto busca renovar la evangelización en el país, impulsando un proceso de conversión personal y eclesial que resuene con el espíritu del Sínodo de la Sinodalidad propuesto por el Papa Francisco.

Desde las primeras horas del día, carreteras y caminos que convergen en la histórica población de Atalaya, en la Diócesis de Santiago de Veraguas, se llenaron de peregrinos. Familias enteras, jóvenes y ancianos, muchos de ellos haciendo el recorrido a pie, llegaron al santuario con un propósito común: venerar la milagrosa imagen de Jesús Nazareno y participar de una de las festividades religiosas más emblemáticas del país. La atmósfera de devoción se hizo palpable, culminando en la Misa central, presidida por Monseñor Pedro Hernández, Obispo del Vicariato Apostólico del Darién, quien este año celebra el centenario de su jurisdicción eclesiástica.

En su homilía, Monseñor Hernández invitó a una profunda reflexión sobre la Cuaresma y el compromiso auténtico con la fe. “El Señor hoy nos pone en una actitud de escucha atenta de la Palabra de Dios: que no se nos caiga de la mano, que estemos siempre disponibles para asimilarla, vivirla, respetarla y confiar en lo que esta Palabra quiere decirnos”, enfatizó el prelado, subrayando la centralidad de las Escrituras en la vida del creyente. Su mensaje fue un llamado directo a la interiorización, cuestionando la superficialidad en la fe y la dificultad para la reconciliación. “¿Cómo voy a perdonar a mi hermano o a mi hermana que me falla, si yo mismo no me sé perdonar? ¿Cómo voy a vivir auténticamente con deseo de ser mejor cada día, si ni siquiera conmigo soy capaz de reconciliarme?”, interpeló, instando a una introspección sincera.

El obispo del Darién conectó magistralmente la conversión personal con la transformación social, una temática recurrente en los desafíos contemporáneos de Panamá y del mundo. “Si yo no cambio, no puedo esperar que el mundo cambie. Y en la medida en que cambio de verdad, veo que el mundo cambia porque lo miro diferente. Tal vez el mundo siga siendo el mismo, pero mi conversión hace que la realidad se presente de otra manera, y me pone en disposición de luchar por el cambio que necesitamos en lo social, en lo económico, en lo político y en lo religioso”, sentenció Monseñor Hernández, destacando el poder transformador de la fe individual.

El momento culminante de la jornada, posterior a la Eucaristía, fue el envío misionero de la Misión Sinodal Nacional 2026. Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, Arzobispo Metropolitano de Panamá y Presidente de la Conferencia Episcopal Panameña, lideró este acto simbólico. Entregó una Biblia a cada obispo presente, símbolo del compromiso inquebrantable con la Palabra de Dios como guía para la misión evangelizadora. Monseñor Ulloa reiteró la importancia vital de la conversión personal como punto de partida para cualquier cambio significativo. “La conversión, la conversión de la Iglesia, la conversión de nuestro país, no comienza ni en las curias, ni en los palacios, ni en el Parlamento. Comienza en el corazón de cada uno de nosotros, porque cuando cambia la conciencia de un pueblo, cambia su historia”, afirmó con convicción, resonando con el mensaje de su homilía.

Complementando este envío, Monseñor Edgardo Cedeño, Obispo de Penonomé y presidente de la comisión de la Misión Nacional Sinodal 2026, entregó una cruz a los misioneros, un potente símbolo de fe y sacrificio. Esta dualidad de la Biblia y la cruz encapsula la esencia de la misión: anunciar la Palabra de Dios con la esperanza de la redención.

La Misión Sinodal Nacional 2026 se perfila como un esfuerzo concertado para llevar el mensaje cristiano a cada rincón de Panamá. En sintonía con el Sínodo sobre la Sinodalidad convocado por el Papa Francisco, que busca fomentar una Iglesia de escucha, participación y comunión, esta iniciativa panameña persigue una renovada evangelización. Sus pilares incluyen el anuncio de la Palabra de Dios en los hogares, la promoción de jornadas de oración y formación continua, y el acompañamiento activo de los enfermos y de las personas en situación de vulnerabilidad. El objetivo es fortalecer la fe de los panameños, adaptándose a las realidades y necesidades específicas de cada diócesis.

Este lanzamiento desde Atalaya, bajo la mirada de Jesús Nazareno, trasciende lo protocolario; es un vibrante llamado a la acción. Invita a los fieles a ser parte activa de una Iglesia que camina junta, que escucha y se compromete a transformar vidas individuales y estructuras sociales, económicas y políticas del país, desde la raíz de una fe profunda y una conversión genuina. La Misión Sinodal Nacional 2026 representa un hito crucial para la Iglesia Católica en Panamá, marcando un camino hacia mayor comunión y testimonio cristiano.

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