En una reciente visita pastoral a la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, ubicada en el céntrico barrio de Castro Pretorio en Roma, el Papa Francisco ofreció una visión personal y cargada de humor sobre su juventud y sus inclinaciones vocacionales. Este encuentro con el consejo pastoral de la comunidad, enmarcado en el tradicional recorrido cuaresmal del Pontífice por las iglesias de su diócesis, se convirtió en un momento de cercanía y revelación, destacando su profundo aprecio por la labor de la Congregación Salesiana.
Durante la reunión, Su Santidad compartió una anécdota de sus años mozos que provocó risas entre los presentes. “Cuando era joven, antes de ingresar a la Orden de San Agustín, también visité la comunidad salesiana”, confesó el Papa, haciendo una pausa dramática antes de añadir con una sonrisa: “¡Quedaron en segundo lugar, lo siento!”. Este comentario desenfadado no solo rompió el protocolo, sino que también sirvió para humanizar la figura del Sumo Pontífice, conectando de manera directa con los fieles y clérigos reunidos.
La confesión, lejos de ser un mero chiste, sirvió como preámbulo para una reflexión más profunda sobre la huella que el carisma salesiano dejó en su vida. Francisco admitió que “algo permaneció en mi corazón, unido a ustedes, en la comunidad salesiana”. Para demostrar la autenticidad de este vínculo, el Santo Padre reveló un dato elocuente: “De hecho, en estos primeros diez meses de pontificado he visitado más comunidades salesianas que agustinianas. Y por eso estoy realmente cerca de ustedes”. Esta declaración subraya no solo su afecto, sino también su reconocimiento práctico de la valiosa misión educativa y pastoral que los salesianos Don Bosco desempeñan en el mundo.
El carisma salesiano, fundado por San Juan Bosco en el siglo XIX, se distingue por su dedicación integral a la educación y evangelización de los jóvenes, especialmente los más necesitados y vulnerables. Basado en el “sistema preventivo” de razón, religión y amabilidad, busca formar “buenos cristianos y honestos ciudadanos”. La mención del Papa Francisco sobre su predilección por visitar estas comunidades desde su elección como Sucesor de Pedro en marzo de 2013, resalta la sintonía de este carisma con los pilares de su propio pontificado, centrado en la misericordia, la atención a las periferias y la promoción humana integral.
Profundizando en el significado de esta conexión, el Pontífice enfatizó la dimensión providencial del carisma salesiano. “La providencia de Dios, que siempre nos acompaña, me ayuda a reconocer estos grandes dones que han recibido en su carisma: este servicio a los jóvenes, este amor por la pastoral educativa, tantas expresiones que viven en muchos países del mundo”, afirmó. Estas palabras no solo son un tributo a la Congregación, sino también un recordatorio de que los diversos dones espirituales dentro de la Iglesia son instrumentos divinos para el bien de la humanidad, especialmente en el contexto de la formación de las nuevas generaciones. La visión del Papa subraya la importancia de invertir en la juventud y de proporcionarles una educación que no solo instruya, sino que también nutra el espíritu y los prepare para ser líderes éticos en sus comunidades.
Es interesante contrastar esta revelación con la formación original del Papa Francisco. Jorge Mario Bergoglio ingresó en el noviciado de la Orden de San Agustín el 1 de septiembre de 1977, un camino que culminaría con la pronunciación de sus votos y, cinco años después, su ordenación sacerdotal. Esta formación agustiniana, con su énfasis en la búsqueda de la verdad, la interioridad y la gracia divina, ha sido fundamental en su trayectoria eclesiástica. Sin embargo, su confesa atracción temprana por el carisma salesiano demuestra la amplitud de su sensibilidad pastoral y la capacidad de integrar distintas espiritualidades en su servicio a la Iglesia universal.
Las visitas cuaresmales del Obispo de Roma a las parroquias de su diócesis son una tradición arraigada, una oportunidad para reforzar los lazos con el clero local y los fieles de base. Estos encuentros permiten al Papa conocer de primera mano las realidades de las comunidades, ofrecer palabras de aliento y cercanía, y compartir reflexiones que a menudo trascienden el ámbito local para resonar en toda la Iglesia. La parroquia Sagrado Corazón de Jesús, situada estratégicamente cerca de la estación Termini, es un microcosmos de la diversidad y los desafíos de una gran urbe, lo que hace que la elección de este lugar para una visita sea particularmente significativa.
En resumen, la reciente visita pastoral del Papa Francisco no solo fue un acto de devoción cuaresmal, sino también un momento revelador. Su capacidad para combinar el humor con una profunda reflexión sobre su propia historia vocacional y la riqueza de los carismas eclesiales, dejó una impresión duradera. Al destacar la providencial labor salesiana y su impacto personal, el Santo Padre reafirmó su compromiso con la juventud y la educación, elementos esenciales para el futuro de la Iglesia y la sociedad en un mundo en constante cambio.




