28 marzo, 2026

MÓNACO – En un vibrante encuentro con la juventud del Principado de Mónaco, el Papa León XIV lanzó este sábado un poderoso llamado a la introspección y la autenticidad, instando a los jóvenes a redescubrir el valor de la oración, el silencio y la escucha activa. El Pontífice subrayó la urgencia de estas prácticas como contrapunto al ritmo frenético y a la superficialidad de la vida contemporánea, exacerbada por la constante conectividad digital.

La cita tuvo lugar en la histórica iglesia de Santa Devota, una de las parroquias más emblemáticas del principado, dedicada a la joven mártir del siglo IV y venerada como patrona de Mónaco y de los marinos. La llegada del Santo Padre fue recibida con vítores y aclamaciones por una multitud jubilosa congregada en la plaza, un testimonio de la expectativa y el fervor que rodeaban su visita. Tras un momento de oración privada ante las reliquias de la mártir, el Papa León XIV se dirigió a un auditorio compuesto por jóvenes y catecúmenos, quienes se preparan para recibir el sacramento del bautismo.

**Frenesí Digital y la Búsqueda de Sentido**

En su alocución, el Papa abordó directamente los desafíos que enfrentan las nuevas generaciones. Criticó el “torbellino incesante de actividad y de palabras” que caracteriza la vida moderna, desde la avalancha de mensajes y publicaciones en redes sociales hasta la fugacidad de los videos cortos y los chats. Según el Pontífice, este constante bombardeo de estímulos impide la conexión profunda, tanto con uno mismo como con los demás y con lo trascendente. El silencio, en contraste, fue presentado como un oasis necesario para “aquietar el espíritu” y “saborear la verdadera belleza de la comunión humana”.

El discurso papal tejió un puente entre figuras de santidad de distintas épocas: desde Santa Devota, cuyo martirio encarna una fe inquebrantable, hasta el joven beato Carlo Acutis, un referente digital para muchos. A través de ellos, el Papa León XIV transmitió un mensaje de esperanza y resiliencia: “La bondad es inherentemente más potente que la maldad,” afirmó, “incluso cuando, en ciertos momentos, parezca que esta última domina temporalmente.” Esta conexión entre el pasado y el presente buscó inspirar a los jóvenes a encontrar modelos de virtud adaptados a su realidad.

**Diálogo y Desafíos de la Juventud**

El encuentro incluyó conmovedores testimonios de varios jóvenes, ofreciendo una ventana a sus inquietudes y aspiraciones. Benjamín, uno de los catecúmenos, interpeló al Papa sobre cómo evitar la alienación de uno mismo, de los demás y de Dios en un mundo en perpetuo cambio y repleto de distracciones. A su lado, Andrea, una joven portuguesa, compartió sus propias reflexiones sobre los desafíos de mantener un camino de fe auténtico en la sociedad actual. Estas intervenciones personales sirvieron de catalizador para las reflexiones del Pontífice.

Tras una breve y emotiva interpretación de danza tradicional monegasca, el Santo Padre retomó la palabra. Citando al Cardenal Carlo Maria Martini, jesuita y antiguo Arzobispo de Milán, el Papa León XIV explicó que “la raíz de la unidad” –la conexión con Cristo, con uno mismo y con los demás– es esencialmente “un don divino” que debe ser implorado con humildad y un corazón abierto. Reconoció que la era contemporánea ofrece oportunidades sin precedentes, pero también impone desafíos considerables, como la prisa constante y una necesidad casi “compulsiva” de novedad.

**El Amor como Fundamento de la Vida**

Frente a la volatilidad de la modernidad, el Pontífice enfatizó una verdad perenne: “El amor es lo que confiere solidez a la existencia; la experiencia fundamental del amor de Dios es primordial, y de ella emana la luminosa y sagrada vivencia del amor mutuo.” Recordó que el amor auténtico requiere una disposición al crecimiento, la fidelidad y la capacidad de sacrificio en el día a día, valores que a menudo se ven erosionados por la cultura del descarte y la inmediatez.

El Papa advirtió a los jóvenes sobre los peligros de buscar un reconocimiento efímero y construir relaciones superficiales o artificiales en el entorno digital. Empleando una vívida metáfora, exhortó a “despejar las puertas del corazón de estas influencias,” permitiendo que “el aire saludable y vivificante de la gracia refresque sus estancias interiores, y que el vigoroso viento del Espíritu Santo impulse las velas de nuestra existencia hacia la verdadera felicidad.”

Otro testimonio, el de Ethan, quien se prepara para el bautismo en la Vigilia Pascual, resonó con el mensaje papal al resaltar la importancia de vivir la Semana Santa desde la contemplación y en un ambiente de silencio. Esto, argumentó Ethan, permite escuchar la voz del Espíritu y reflexionar sobre la propia vida con serenidad.

**Un Llamado a Ser Don Gratuito**

El Papa León XIV también se refirió a la célebre frase de San Agustín de Hipona, “Ama y haz lo que quieras,” despojándola de interpretaciones simplistas. Explicó que “amar” significa “ser un don desinteresado para Dios y para los demás; ser cercano, no distanciarse, incluso cuando no sea posible resolver cada problema o dificultad.” Añadió una reflexión conmovedora sobre la belleza interior: “Mónaco es un país hermoso, pero la verdadera belleza reside en vosotros, cuando sabéis mirar a los ojos a quien sufre o a quien se siente invisible entre las luces de la ciudad.”

Para finalizar, el Pontífice alentó a los jóvenes a no temer a la entrega total de sí mismos, asegurando que “solo así encontrarán una alegría siempre renovada y un sentido cada vez más profundo en la vida.” Su mensaje final fue un encargo a la acción: “El mundo necesita de vuestro testimonio para superar las desviaciones de nuestro tiempo y afrontar sus desafíos, y sobre todo para redescubrir el buen sabor del amor a Dios y al prójimo.”

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