Ciudad del Vaticano – El Papa León XIV culminó este viernes 27 de febrero un período de profundos ejercicios espirituales, compartidos con los miembros de la Curia Romana. Desde la emblemática Capilla Paulina del Vaticano, el Santo Padre transmitió un mensaje central que resonó como una invitación a la reflexión y la acción: la necesidad de vivir “de un modo digno del Evangelio de Cristo”. Esta exhortación marcó el cierre de una semana dedicada al recogimiento y la meditación, crucial para la dirección espiritual de la Iglesia Católica.
El retiro, que se extendió desde el 22 de febrero, proporcionó un espacio vital para la introspección y el discernimiento colectivo entre el Pontífice y sus colaboradores más cercanos. Durante su alocución final, el Papa León XIV expresó un agradecimiento especial al obispo noruego Mons. Erik Varden, quien estuvo a cargo de guiar las meditaciones diarias. El Pontífice destacó cómo las reflexiones de Varden le habían impulsado a una introspección particularmente intensa. “Me sentí especialmente invitado a meditar,” compartió el Papa, subrayando el impacto personal de las enseñanzas ofrecidas durante estos días de retiro.
Entre los momentos más reveladores de las meditaciones, el Papa hizo referencia a una de las pláticas del obispo Varden sobre la elección de Eugenio III como Papa, y la posterior reacción de San Bernardo, quien expresó una suerte de lamento: ‘¿Qué han hecho? ¡Que Dios tenga piedad de ustedes!’. Esta anécdota, según el Pontífice, sirvió como un catalizador para la reflexión sobre las responsabilidades y los desafíos inherentes al liderazgo eclesial.
En el mismo recinto de la Capilla Paulina, el Papa León XIV recordó la presencia de una significativa inscripción extraída de la Carta de San Pablo a los Filipenses. La frase, “Para mí, en efecto, vivir es Cristo y morir es ganancia” (Filipenses 1:21), se convirtió en un pilar para las meditaciones conjuntas. El Santo Padre explicó cómo este pasaje le motivó a una profunda consideración, en espíritu de comunión, sobre “diversos temas importantes para nuestra vida y para la Iglesia”, abarcando desde la existencia individual hasta el destino de la comunidad de fieles. La esencia de este versículo subraya la centralidad de Cristo en la vida del creyente, ofreciendo una perspectiva trascendente sobre la existencia terrenal.
Otro recurso espiritual que enriqueció las jornadas de retiro fue el poema “El sueño de Geroncio” de San John Henry Newman. El Papa León XIV lo señaló como una obra que facilita la meditación sobre el “miedo a la muerte” y la “propia sensación de indignidad ante Dios”, dos sentimientos universales que confrontan al ser humano en su camino espiritual. La obra de Newman invita a una contemplación sobre la transición de la vida a la eternidad, explorando las ansiedades y esperanzas que acompañan esta experiencia.
El Pontífice profundizó aún más en la Carta a los Filipenses, resaltando otro pasaje de San Pablo donde el Apóstol expresa una profunda disyuntiva: el anhelo personal de “partir y estar con Cristo” frente a la necesidad de “permanecer en la carne”. Pablo, movido por el bienestar de la comunidad, opta por lo segundo, decidiendo quedarse para servir a los fieles de Filipos. Esta elección altruista de San Pablo resonó fuertemente en el discurso del Papa, sirviendo como un prefacio directo a su exhortación final.
Fue en este contexto que el Papa León XIV concluyó con un llamado potente y directo, eco de las palabras paulinas: “Compórtense entonces de un modo digno del Evangelio de Cristo”. Esta frase no es solo una invitación, sino una directriz fundamental para todos los creyentes, y de manera particular, para aquellos que ostentan responsabilidades de liderazgo dentro de la Iglesia. El mensaje subraya la coherencia que debe existir entre la fe profesada y la vida cotidiana, un testimonio viviente de los valores evangélicos.
Para finalizar su intervención, el Pontífice reiteró su agradecimiento al obispo Varden por su guía espiritual. Extendió su gratitud también a la Oficina de Celebraciones Litúrgicas y al coro, cuya música, según sus palabras, “nos ayuda de una manera que las palabras no pueden, elevando nuestro espíritu hacia el Señor”. La apreciación del Papa por la contribución musical enfatiza el papel integral de la liturgia y el arte en la profundización de la fe y la elevación del espíritu humano.
Estos ejercicios espirituales concluyen con un renovado sentido de propósito para la Curia Romana y un mensaje claro del Papa León XIV que resuena con fuerza para la Iglesia universal: la importancia de una vida que refleje auténticamente los principios del Evangelio. Un llamado a la integridad, el servicio y la esperanza, que guiará las acciones y reflexiones de la Iglesia en los próximos tiempos.




