29 marzo, 2026

Ciudad del Vaticano – El Papa León XIV marcó el inicio de su primera Semana Santa como Sumo Pontífice con una enérgica homilía durante la Misa de Domingo de Ramos en la icónica Plaza de San Pedro. Ante miles de fieles que ondeaban palmas y ramos de olivo, el Santo Padre lanzó una contundente condena al uso de la fe para justificar cualquier forma de conflicto, proclamando a Jesús como el verdadero “Rey de la paz” en un mundo asediado por tensiones.

La celebración, que conmemora la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén y anticipa su pasión, muerte y resurrección, adquirió un significado particular al ser el primer gran rito de la Semana Mayor para León XIV. Su mensaje resonó con una urgencia palpable, destacando la figura de Cristo como un puente hacia la reconciliación, capaz de “derribar todos los muros que nos separan de Dios y del prójimo.”

**Un Mensaje de Paz en Tiempos de Conflicto Global**

Desde el majestuoso altar al aire libre, el Papa León XIV enfatizó que, incluso en un entorno donde “se prepara la guerra”, Jesús emerge como un faro de serenidad. Esta declaración no solo subrayó un principio teológico fundamental sino que también se interpretó como una referencia tácita a las actuales crisis y conflictos que sacuden diversas regiones del planeta. La dicotomía entre la paz divina y la beligerancia humana constituyó el eje central de su exhortación, invitando a la reflexión sobre la auténtica esencia del cristianismo.

La Plaza de San Pedro, atestada de peregrinos de todas las latitudes, se transformó en un crisol de devoción y expectación. El Pontífice, flanqueado por cardenales, obispos y centenares de sacerdotes concelebrantes, encabezó la tradicional procesión que partió desde el obelisco central. Fieles de todas las edades, con sus ramos de olivo y palmas, participaron activamente en este preámbulo solemne a la Semana Santa. Entre los asistentes que participaron en la procesión, destacó la presencia del Cardenal Burke, uniendo a la curia vaticana en esta importante celebración litúrgica.

**Ramos y Tradición: Un Mosaico de Devoción**

Como es costumbre, la ofrenda de los ramos de olivo y palmas provino de diversas entidades italianas, que colaboran anualmente con el Vaticano para la preparación de esta misa. Las imponentes “palmas fénix”, sin trenzar y de mayor tamaño, fueron una donación del Camino Neocatecumenal, mientras que los “palmurelli”, pequeñas palmas trenzadas artesanalmente, adornaron las manos de numerosos asistentes. El rito de la bendición de estos símbolos por parte del Papa al inicio de la Eucaristía añadió un momento de profunda espiritualidad al evento.

**La Humildad de Cristo Frente a la Violencia Humana**

En su homilía, el Papa León XIV profundizó en el camino de Jesús hacia la Cruz, presentándolo como un acto de “caricia para la humanidad” en contraste con la empuñadura de “espadas y palos”. La imagen de Jesús, manso y sereno mientras a su alrededor se gestaba la violencia, fue evocada como el paradigma de una fe que rechaza la confrontación armada.

El Pontífice citó el episodio evangélico donde Simón Pedro desenvainó su espada para defender a Jesús, solo para ser reprendido con la célebre frase: “Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere”. Esta enseñanza, afirmó el Papa, subraya la intrínseca incompatibilidad entre la fe y la violencia. Citando al profeta Isaías, León XIV enfatizó que un Dios que “rechaza la guerra” no escucha las oraciones de aquellos cuyas “manos están llenas de sangre”.

Profundizando en la figura del Cristo como siervo sufriente, el Papa describió cómo Jesús “se humillaba” al cargar con los sufrimientos y las culpas de la humanidad, sin proferir palabra, “como un cordero llevado al matadero”. Esta visión, también extraída de las profecías de Isaías, resaltó la mansedumbre divina como la antítesis de la belicosidad.

**Un Dios que no empuña armas**

“No se armó, no se defendió, no libró ninguna guerra”, declaró el Pontífice, reiterando que Jesús mostró “el rostro manso de Dios”, que siempre rechaza la violencia. Al dejarse clavar en la cruz, Cristo abrazó “todas las cruces erigidas en todos los tiempos y lugares de la historia de la humanidad”, convirtiéndose en un símbolo universal de solidaridad con el sufrimiento.

Al contemplar a Cristo crucificado, el Papa León XIV invitó a ver a los “crucificados de la humanidad”: las heridas de hombres y mujeres de hoy, el clamor de los abatidos, los sin esperanza, los enfermos y los solitarios. Y, de manera crucial, “el gemido de dolor de cada uno de los que están oprimidos por la violencia y de cada víctima de la guerra”.

La ceremonia, imbuida de profunda emoción y solemnidad, anticipó el mensaje central que resonará durante toda la Semana Santa bajo el liderazgo de Papa León XIV: la paz. “¡Dios es amor! ¡Tengan piedad! ¡Depongan las armas, recuerden que son hermanos!”, exclamó, lanzando un ferviente llamado a la fraternidad universal.

Para reforzar su mensaje pacifista, el Pontífice recordó la figura del obispo italiano Antonio Bello (1935-1993), conocido como el “obispo de los últimos” por su compromiso inquebrantable con los pobres, la justicia social y el pacifismo. Mons. Bello, reconocido como Venerable por el Papa Francisco en 2021, presidió Pax Christi Italia y lideró una histórica marcha por la paz en Sarajevo en 1991, en pleno conflicto de los Balcanes. Esta referencia sirvió para anclar el mensaje del Papa en una tradición de acción por la paz.

La primera Semana Santa del Papa León XIV promete ser un periodo de profunda reflexión sobre la humildad de Cristo y un renovado llamado a la paz, la reconciliación y la fraternidad universal.

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