Ciudad del Vaticano – En su tradicional alocución dominical del Ángelus, el Papa León XIV ofreció una profunda reflexión sobre el verdadero significado de la justicia, aseverando que su esencia reside en el amor. Ante una multitud de fieles congregados en la Plaza de San Pedro, el Sumo Pontífice hizo un llamado apremiante a trascender la mera observancia formal de los preceptos, invitando a una vivencia del Evangelio arraigada en la ternura y el respeto mutuo, especialmente en el ámbito matrimonial.
La jornada dominical estuvo marcada por la meditación del Santo Padre sobre pasajes clave del Evangelio, en los que Jesús redefine el cumplimiento de la Ley. León XIV explicó que Cristo no vino a abolir los mandamientos mosaicos, sino a llevarlos a su plenitud, revelando su sentido más profundo y transformador. “Jesús nos enseña que la auténtica justicia es el amor”, afirmó el Papa, subrayando que esta perspectiva invita a una comprensión de la ley divina no como una carga de prohibiciones, sino como un camino hacia una relación genuina y afectuosa con Dios y con el prójimo.
Adentrándose en las enseñanzas del Sermón de la Montaña, el Pontífice enfatizó que la justicia que propone el Reino de Dios va mucho más allá de la literalidad de la ley. No se trata simplemente de evitar la transgresión externa, sino de cultivar una disposición interior que refleje la caridad. Para León XIV, cada precepto divino encierra una exigencia de amor, una invitación a la compasión y al servicio. “Debemos percibir en cada mandato una demanda de amor, que nos impulse a la acción y a la transformación personal”, señaló. Esta “justicia superior”, según el Obispo de Roma, contrasta con la visión restrictiva de escribas y fariseos, quienes a menudo se limitaban a una observancia superficial, carente de la vitalidad del amor.
Un punto central en la catequesis papal fue la aplicación de esta enseñanza a la vida conyugal. El Papa León XIV lanzó una seria advertencia contra la trampa de una fidelidad matrimonial puramente formal, que, aunque exenta de adulterio físico, carece de los elementos esenciales que nutren una relación sana y plena. “No basta con ser fiel al cónyuge formalmente y no cometer adulterio, si en esa relación falta la ternura recíproca, la escucha, el respeto, el cuidado mutuo y el caminar juntos en un proyecto común”, sentenció el Pontífice, con palabras que resonaron profundamente entre los presentes. Esta declaración pone de manifiesto que la plenitud del vínculo matrimonial se construye día a día en la calidad de la interacción, en la cercanía emocional y en el compromiso compartido, elementos que son expresión concreta del amor verdadero.
El Santo Padre ilustró cómo Jesús, a través del uso de antinomias –como el conocido “ustedes han oído que se dijo, pero yo les digo”–, delineó claramente la distinción entre una justicia religiosa meramente externa y la justicia transformadora del Reino de Dios. La Ley, dada inicialmente a Moisés y a los profetas como una guía para conocer a Dios y Su plan, encuentra ahora su culmen en Cristo mismo, quien nos introduce en una relación filial y personal con el Padre. “La Ley ha sido un camino para iniciar el conocimiento de Dios; ahora es Cristo quien la lleva a cumplimiento y nos introduce en una relación filial con el Padre”, explicó.
Esta visión de la justicia, arraigada en el amor, tiene implicaciones directas para la vida cotidiana de cada creyente. El Papa León XIV instó a los fieles a no conformarse con evitar el mal de forma externa, sino a erradicar de raíz toda actitud que pueda dañar al prójimo. “No es suficiente con no matar físicamente a una persona, si después la mato con las palabras o no respeto su dignidad”, afirmó, extendiendo el concepto de “matar” a las agresiones verbales, la difamación o la indiferencia que vulneran la dignidad humana. Este mensaje subraya la responsabilidad de cada individuo en construir una sociedad más justa y compasiva, comenzando por el respeto fundamental a la persona.
Resumiendo el núcleo de su mensaje, el Vicario de Cristo enfatizó la necesidad de una entrega total al amor evangélico. “No se necesita una justicia mínima, se necesita un amor grande”, concluyó el Papa, una frase que encapsula la esencia de su exhortación y que invita a una transformación profunda de la vida cristiana. Finalmente, el Pontífice invitó a todos los fieles a encomendarse a la intercesión de la Virgen María, Madre de Cristo, quien dio al mundo a Aquel que lleva a plenitud la Ley y el plan de salvación. “Que la Santísima Virgen nos ayude a entrar en la lógica del Reino de Dios y a vivir en su justicia, que es el amor”, rezó el Papa, elevando una súplica por la guía y el amparo mariano en el camino de la fe.





