La Basílica de San Pablo Extramuros, uno de los templos más emblemáticos de Roma, fue el escenario de una significativa ceremonia el pasado 25 de enero, marcando la clausura de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Su Santidad el Papa León XIV presidió las segundas vísperas de la Solemnidad de la Conversión de San Pablo Apóstol, una ocasión en la que el Pontífice pronunció una profunda homilía que resonó como un vibrante llamado a la fraternidad y cohesión interconfesional.
En su mensaje, el Papa no solo rindió homenaje a la figura transformadora del Apóstol de los Gentiles, sino que también delineó una visión clara para el futuro ecuménico de la Iglesia, destacando la unidad como un imperativo evangélico y una realidad ya existente entre los seguidores de Cristo.
**La Metamorfosis de San Pablo: Un Modelo de Conversión**
Durante su alocución, el Santo Padre profundizó en la figura de San Pablo, un ejemplo paradigmático de metamorfosis espiritual. “El último de los Apóstoles”, como Pablo se autodenominó en sus epístolas, se consideraba indigno de tal título debido a su pasado como perseguidor fervoroso de la naciente Iglesia de Dios (cf. 1 Co 15,9). Sin embargo, el Pontífice enfatizó que Pablo no permaneció cautivo de su historia personal, sino que se convirtió en “prisionero por el Señor” (Ef 4,1), redimido por la gracia divina.
El encuentro providencial de Saulo de Tarso con el Señor Jesús Resucitado en el camino a Damasco fue el catalizador de una conversión radical, un punto de inflexión que hoy se conmemora. Este encuentro, comparable a las apariciones a Pedro y a los demás Apóstoles, transformó al perseguidor en un ardiente testigo de Cristo. El cambio de nombre de Saulo a Pablo simboliza esta total renovación: de adversario a incansable predicador del amor divino, un celo que el Papa León XIV evocó al citar el himno litúrgico ‘Excelsam Pauli gloriam’.
El mensaje central de Pablo, subrayó el Pontífice, sigue siendo la misión fundamental de todo cristiano: anunciar a Cristo y exhortar a la confianza en Él. Cada verdadero encuentro con el Salvador, explicó, es un evento transformador que otorga una nueva perspectiva y dirección, fundamental para la edificación del Cuerpo de Cristo (cf. Ef 4,12).
**El Llamado a la Unidad: Un Rostro Transparente para el Mundo**
La homilía del Papa León XIV entroncó directamente con el espíritu del Concilio Vaticano II, que en su Constitución dogmática *Lumen Gentium* expresó el ardiente deseo de “iluminar a todos los hombres con la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia”. El Papa reafirmó esta “tarea común de todos los cristianos” de proclamar al mundo, con humildad y gozo: “¡Miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela!”, rememorando su propia homilía de inicio de Ministerio Petrino.
La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que culminaba con esta celebración, sirve como un recordatorio anual para renovar este compromiso. El Pontífice advirtió que, si bien las divisiones interconfesionales no extinguen la luz de Cristo, sí “hacen más opaco aquel rostro que debe reflejarla sobre el mundo”, un potente llamado a la reconciliación y el entendimiento mutuo.
**Hitos Ecuménicos y el Camino Sinodal**
El Papa León XIV hizo mención especial del reciente 1700° aniversario del Concilio de Nicea, una efeméride que tuvo lugar el año pasado y cuya conmemoración en İznik, por invitación de Su Santidad Bartolomé, Patriarca Ecuménico, reunió a numerosas tradiciones cristianas. La recitación conjunta del Credo niceno en su lugar de origen fue un “testimonio valioso e inolvidable” de la unidad fundamental en Cristo, un momento de hermandad que permitió alabar la labor de los Padres conciliares al articular la verdad de un Dios cercano a la humanidad en Jesucristo. El Pontífice elevó una oración para que el Espíritu Santo siga inspirando a los cristianos a comunicar la fe con una sola voz en la actualidad.
En un pasaje de la Carta a los Efesios (4,4-6), tema de la Semana de Oración de este año, resuena la palabra “uno”: un solo cuerpo, un solo Espíritu, una sola esperanza, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios. Estas palabras, afirmó el Papa, deben conmover profundamente los corazones y avivar el fuego de la fe compartida. “Compartimos de hecho la fe en el único y solo Dios, Padre de todos los hombres, confesamos juntos al único Señor y verdadero Hijo de Dios Jesucristo y al único Espíritu Santo, que nos inspira y nos impulsa a la plena unidad y al testimonio común del Evangelio”, citó de su propia Carta apostólica *In unitate fidei*. “¡Somos uno! ¡Ya lo somos! ¡Reconozcámoslo, experimentémoslo, manifestémoslo!”, exclamó, infundiendo un sentido de urgencia y esperanza.
Abordando la interconexión entre sinodalidad y ecumenismo, el Papa León XIV citó a su predecesor, el Papa Francisco, quien observó que “el camino sinodal de la Iglesia católica es y debe ser ecuménico, así como el camino ecuménico es sinodal”. Esta perspectiva se ha manifestado en las Asambleas del Sínodo de los Obispos de 2023 y 2024, enriquecidas por la activa participación de “delegados fraternos” de otras confesiones cristianas. Mirando hacia el bimilenario de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús en 2033, el Pontífice instó a profundizar en las prácticas sinodales ecuménicas y a fomentar un mayor intercambio sobre las estructuras, tradiciones y enseñanzas de cada comunidad.
**Reconocimiento a la Contribución Armenia y un Futuro de Paz**
Al concluir la Semana de Oración, el Papa León XIV extendió su “cordial saludo” al Cardenal Kurt Koch, al Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, y a los participantes en los diversos diálogos teológicos. Agradeció la presencia de numerosos líderes y representantes de Iglesias y Comuniones cristianas de todo el mundo, mencionando específicamente al Metropolitano Polykarpos (Patriarcado Ecuménico), al Arzobispo Khajag Barsamian (Iglesia Apostólica Armenia) y al Obispo Anthony Ball (Comunión Anglicana), así como a estudiantes de institutos ecuménicos como el de Bossey.
Con especial gratitud, el Pontífice reconoció la contribución de las Iglesias de Armenia en la preparación de los materiales para la Semana de Oración de este año. Recordó el “valiente testimonio cristiano del pueblo armenio a lo largo de la historia”, una trayectoria marcada por el martirio. Citó al santo Catholicós San Nerses Shnorhali, “el Agraciado”, figura del siglo XII que ya vislumbró la unidad como una tarea que incumbe a todos los fieles y requiere la sanación de la memoria.
El Papa León XIV invocó la sabiduría de San Nerses y rememoró las palabras de San Juan Pablo II en Ereván: “los cristianos deben tener una profunda convicción interior de que la unidad es esencial no para una ventaja estratégica o un beneficio político, sino para bien de la predicación del Evangelio”.
Finalizando su reflexión, el Papa recordó a Armenia como la primera nación cristiana, con el bautismo del rey Tirídates en el año 301 por San Gregorio el Iluminador. Rogó para que el Evangelio siga sembrando frutos de unidad, justicia y santidad en Europa y más allá, contribuyendo a la paz entre pueblos y naciones en el mundo entero.






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