Ciudad del Vaticano – El Papa León XIV recibió el 21 de febrero a los representantes del Proyecto Policoro, una iniciativa crucial de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) dedicada a la revitalización social y laboral de la juventud. Durante el encuentro, el Sumo Pontífice expresó su profundo agradecimiento por la labor de este programa, destacándolo como una manifestación de una sociedad que, ante los desafíos, se “arremanga y se levanta”, demostrando una resiliencia encomiable. La audiencia subrayó el compromiso inquebrantable de la Iglesia con las nuevas generaciones, especialmente en un contexto de persistentes dificultades socioeconómicas.
El Proyecto Policoro, ideado por los obispos italianos, se cimenta en la intersección de la juventud, el Evangelio y el trabajo. Desde su fundación, ha buscado abordar con una visión pastoral y un enfoque práctico el grave problema del desempleo juvenil en Italia. Su misión va más allá de la mera creación de oportunidades laborales; aspira a ser un catalizador evangelizador dentro del mundo del trabajo, fomentando una nueva cultura de la dignidad laboral y acompañando a los jóvenes en la búsqueda y realización de sus vocaciones profesionales, cimentadas en valores cristianos y éticos.
El Santo Padre elogió los frutos tangibles del proyecto, señalando cómo ha sembrado una vasta bondad que ha permitido a innumerables jóvenes implicarse activamente en la vida social y política de sus comunidades. Esta intervención ha revitalizado sus existencias, guiadas por los principios del Evangelio y la rica doctrina social de la Iglesia. Uno de los logros más notables del Proyecto Policoro ha sido su capacidad para ofrecer a los jóvenes una alternativa firme frente a las tentaciones de la corrupción, la explotación laboral y la injusticia. Gracias a su intervención, incluso propiedades confiscadas a organizaciones criminales, como la mafia, han sido transformadas en inversiones con un marcado impacto social positivo. La iniciativa ha contribuido al florecimiento de ciudades y regiones, y ha proporcionado un apoyo fundamental para que muchos jóvenes puedan emprender sus propios negocios, consolidando un tejido económico más justo y equitativo.
“Ustedes, jóvenes, representan el rostro vibrante de una Italia que rehúsa rendirse, que persiste en la adversidad, se arremanga y se eleva”, proclamó el Papa. Con estas palabras, el Pontífice reconoció el poder transformador de la juventud y su capacidad para sanar las heridas de aquellos que se sienten marginados, desilusionados o desconectados. Hizo hincapié en que ningún joven debe ser ignorado o abandonado, sino que cada uno merece ser respaldado en la consecución de sus aspiraciones y en su contribución a la mejora del mundo.
El origen del Proyecto Policoro se remonta al 14 de diciembre de 1995, en la ciudad homónima de la provincia de Matera. Nació de la visión pastoral conjunta de los Directores Nacionales de Pastoral Social, Cáritas y Pastoral Juvenil de la Conferencia Episcopal Italiana. Esta sinergia interdiocesana forjó una experiencia eclesial pionera, testimonio de una Iglesia que no solo busca actuar *por* los jóvenes, sino que los convierte en protagonistas activos de su propio camino y del futuro de cada territorio.
León XIV enfatizó la persistente necesidad de este compromiso con la juventud, particularmente en un momento histórico marcado por un acusado declive demográfico en Italia. Este fenómeno no solo despuebla las zonas más vulnerables del país, sino que también expone a las nuevas generaciones a un riesgo creciente de desmotivación y aislamiento. Ante este panorama, el Papa subrayó la imperiosa necesidad de que nadie se sienta desatendido o abandonado. El Proyecto Policoro, en este contexto, emerge como una expresión de la imaginación de una Iglesia que se posiciona al servicio del mundo, actuando como “levadura en la masa” para fermentar el cambio positivo.
El Santo Padre también resaltó el “acompañamiento” como una de las virtudes cardinales del proyecto. Esta actitud, inicialmente concebida para responder a la crisis laboral y social en el sur de Italia, se ha expandido para generar una renovada implicación en otros ámbitos, siempre con el Evangelio como brújula. Es en la fe donde reside la verdadera fuerza capaz de transformar corazones y realidades. “Siempre es un momento propicio para contagiar su entusiasmo y sensibilidad incluso en los lugares más reticentes y entre las personas más resignadas”, aconsejó el Papa, instando a los participantes a mantener la mirada en los hitos que los han traído hasta aquí, como cimientos para seguir avanzando.
Además, el Pontífice invitó a los jóvenes a profundizar en el estudio de la doctrina social de la Iglesia. Esta rica tradición ofrece herramientas para interpretar la realidad y apreciar los desafíos del presente. Advirtió contra el pesimismo de los “profetas catastróficos” y la ingenuidad de quienes ven un mundo idílico, abogando por un equilibrio de discernimiento crítico y esperanza activa.
Finalmente, el Papa León XIV destacó la importancia de la comunidad como “incubadora del futuro”, una fuerza vital que combate el aislamiento y la competencia mal entendida. Hizo hincapié en que el trabajo, la economía, la política y la comunicación no deben depender del ingenio de líderes solitarios, sino del saber hacer de “expertos en relaciones sociales”. Es cuando la vida comunitaria prospera, tanto en la sociedad como en la Iglesia, que se cultivan las condiciones idóneas para que la vida florezca plenamente.
Concluyó su mensaje animando a los jóvenes a no dejar de soñar y a fortalecer los lazos con otros jóvenes de Europa y de otros continentes que, como ellos, aman a la Iglesia y trabajan en su nombre en la sociedad. El Pontífice prometió seguirlos con esperanza, recordarlos en sus oraciones e impartirles de corazón, a ellos y a sus familias, su Bendición Apostólica.




