18 febrero, 2026

Ciudad del Vaticano – En un enérgico y profundo mensaje dirigido a la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil, el Papa León XIV ha emitido un llamado apremiante a la Iglesia y a la sociedad en general para que la práctica de la caridad y la solidaridad con los más vulnerables sea una constante en la vida de los fieles, trascendiendo los períodos litúrgicos o las acciones esporádicas. Su Santidad enfatizó que el compromiso con los desfavorecidos, especialmente aquellos que carecen de una vivienda digna, no debe ser meramente estacional, sino una actitud arraigada y permanente.

La comunicación papal se enmarcó en el contexto de la “Campaña de la Fraternidad”, una significativa iniciativa anual promovida por los obispos brasileños durante el tiempo de Cuaresma, dedicada a la asistencia y reflexión sobre las necesidades de los más pobres. Esta campaña, que busca movilizar a la comunidad católica en Brasil hacia acciones concretas de ayuda, ha sido históricamente un pilar de la pastoral social en el país sudamericano. Sin embargo, el mensaje del Pontífice buscó elevar la conciencia más allá de los límites temporales de la Cuaresma, invitando a una conversión de mentalidad que perdure a lo largo de todo el año.

En sus palabras, el Papa León XIV subrayó que los pobres son, en esencia, “los verdaderos destinatarios de nuestro amor preferencial”. Esta frase resuena con la doctrina social de la Iglesia Católica, que consistentemente ha abogado por una opción preferencial por los pobres, reconociéndolos como aquellos con quienes Cristo mismo se identifica de manera especial. El Santo Padre recordó a los obispos y, por extensión, a todos los católicos brasileños, que la mirada compasiva hacia los que sufren es una extensión directa del amor a Dios.

Con una particular preocupación, el líder de la Iglesia Católica instó a “volver la mirada hacia nuestros hermanos que sufren por la falta de una vivienda digna”. La crisis habitacional representa uno de los desafíos más acuciantes en numerosas regiones del mundo, y Brasil no es la excepción. Millones de personas en el país enfrentan condiciones precarias de vivienda o, directamente, carecen de un techo, viviendo en la intemperie o en asentamientos informales con acceso limitado a servicios básicos. Esta realidad, lejos de ser un mero problema económico, es una profunda herida a la dignidad humana.

El Pontífice hizo una notable referencia a la enseñanza de su predecesor, San Juan Pablo II, evocando su llamado a “despertar la conciencia de todos y encontrar una solución” al grave problema de la falta de vivienda. Esta mención no solo evidencia la continuidad del magisterio papal en temas de justicia social, sino que también refuerza la urgencia de una respuesta colectiva. La vivienda digna es un derecho humano fundamental, y su ausencia es un indicador flagrante de desigualdad y exclusión social.

El mensaje de Su Santidad enfatizó su deseo de que la reflexión sobre estos problemas no desemboque únicamente en acciones aisladas o ayudas de emergencia puntuales. Aunque estas intervenciones son vitales en momentos de crisis, el Papa León XIV aspiraba a algo más profundo y duradero: “sino que genere en todos la conciencia de que el compartir los dones que el Señor generosamente nos concede no puede limitarse a un período del año, a una campaña o a algunas acciones puntuales”. Para el Santo Padre, la verdadera caridad se manifiesta como una actitud constante, una disposición del corazón que impulsa al encuentro con “Cristo presente en quienes no tienen dónde habitar”. Este enfoque trasciende la mera filantropía, transformándose en una expresión de fe viva y compromiso evangélico.

La visión papal para la caridad es, por tanto, una praxis transformadora que va más allá de la asistencia directa. Implica una conversión cultural y social que priorice el bien común y la justicia. Ello significa reconocer que los recursos y talentos no son solo para el beneficio individual, sino dones que deben ser compartidos para el florecimiento de toda la comunidad.

Finalmente, y de manera contundente, el Papa León XIV elevó su voz para interpelar a las autoridades gubernamentales. Instó a “promover políticas públicas para que, trabajando todos juntos, sea posible ofrecer a la población más necesitada mejoras significativas en las condiciones habitacionales”. Esta exhortación subraya la convicción de la Iglesia de que la solución a problemas estructurales como la vivienda requiere la acción coordinada de todos los actores sociales, incluyendo, de forma primordial, a los poderes estatales. El desarrollo de programas de vivienda social, la regularización de terrenos, el acceso a servicios básicos y la planificación urbana inclusiva son ejemplos de políticas que pueden generar un impacto real y duradero en la vida de millones.

Al concluir su significativo mensaje, el Papa León XIV encomendó estos profundos anhelos y los esfuerzos de la Campaña de la Fraternidad al cuidado maternal de Nuestra Señora Aparecida, patrona de Brasil. Esta referencia a la advocación mariana tan querida por el pueblo brasileño añade una dimensión espiritual y de esperanza a un llamado que es, a la vez, un mandato moral y una urgencia social. La Iglesia Católica, a través de la voz de su líder, reafirma así su compromiso inquebrantable con la dignidad humana y la construcción de una sociedad más justa y solidaria.

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