12 abril, 2026

En un emotivo mensaje dominical, el Papa León XIV hizo un llamado urgente a la participación asidua en la Misa, presentándola como un pilar fundamental para la paz y la reconciliación en un mundo asolado por numerosos conflictos. Por primera vez desde el inicio de su pontificado, el Pontífice rezó el Regina Coeli, la antífona mariana del tiempo pascual, desde la ventana del Palacio Apostólico, un gesto que subraya la importancia de su mensaje.

Dirigiéndose a los fieles congregados en la Plaza de San Pedro y a millones en todo el mundo, el Papa León enfatizó que, en la actual coyuntura global, la asistencia a la Eucaristía dominical es “más que nunca” una necesidad imperante. “Queridos hermanos y hermanas, en un mundo que tanto necesita la paz, esto nos compromete a ser asiduos y fieles a nuestro encuentro eucarístico con el Resucitado, para salir de él como testigos de la caridad y portadores de la reconciliación”, declaró el Santo Padre, vinculando directamente la celebración litúrgica con un compromiso activo por la fraternidad y el cese de hostilidades. Este llamamiento se produce un día después de que el Pontífice presidiera una solemne vigilia de oración por la paz en la majestuosa Basílica de San Pedro, reafirmando su profunda preocupación por la situación global y su compromiso con la promoción de la concordia.

La jornada coincidió con el segundo domingo de Pascua, dedicado a la Divina Misericordia, una institución promovida por San Juan Pablo II. Durante su reflexión, el Papa León XIV invitó a la audiencia a meditar sobre el relato evangélico que narra la aparición de Jesús resucitado al apóstol Tomás. A partir de este pasaje, el Pontífice planteó interrogantes universales sobre la fe: “¿Dónde encontrarlo? ¿Cómo reconocerlo? ¿Cómo creer?”. Explicó que Tomás, con su famosa duda, finalmente encontró a Jesús “al octavo día”, en el seno de la comunidad reunida. En ese encuentro, lo reconoció a través de las marcas de su pasión, una experiencia que culminó en la más elevada profesión de fe de todo el Cuarto Evangelio.

El Papa León XIV reconoció que la fe no es un camino exento de dificultades. “Ciertamente, creer no siempre es fácil. No lo fue para Tomás y tampoco lo es para nosotros”, afirmó, conectando la experiencia del apóstol con los desafíos contemporáneos. Ante esta realidad, el Santo Padre subrayó la necesidad de que la fe sea constantemente “alimentada y sostenida”. En este contexto, la Iglesia Católica invita a sus fieles cada domingo a congregarse para celebrar la Eucaristía, replicando el modelo de los primeros discípulos que se reunían para el “día del Señor”. En esta liturgia, los católicos “escuchamos las palabras de Jesús, oramos, profesamos nuestra fe, compartimos los dones de Dios en la caridad, ofrecemos nuestra vida en unión al sacrificio de Cristo y nos alimentamos de su Cuerpo y de su Sangre, para luego ser, también nosotros, testigos de su Resurrección”, detalló el Papa. Recordó además que el término “Misa” significa, según el Catecismo de la Iglesia Católica, precisamente “envío” o “misión”, enfatizando que la celebración no es un fin en sí misma, sino un impulso a la acción transformadora en el mundo. “La Eucaristía dominical es indispensable para la vida cristiana”, concluyó el Pontífice con firmeza.

Para ilustrar la vitalidad de la Eucaristía, el Santo Padre rememoró el heroico testimonio de los mártires de Abitinia. Este grupo de 49 cristianos, oriundos de la actual Túnez, fue arrestado en el año 304 d.C. por persistir en la celebración de la Eucaristía, desafiando la prohibición del emperador Diocleciano. A pesar de las amenazas y las severas persecuciones, estos primeros cristianos se negaron a renunciar a su fe y a su práctica eucarística. Fueron torturados y ejecutados por su inquebrantable adhesión a la “cena del Señor”.

Esta histórica memoria adquirió un significado particular al anunciar el Papa León XIV su próximo viaje apostólico. “Mañana saldré para el viaje apostólico a África, y precisamente algunos mártires de la Iglesia africana de los primeros siglos, los mártires de Abitinia, nos han dejado un hermoso testimonio al respecto. Ante la propuesta de salvar sus vidas a cambio de renunciar a celebrar la Eucaristía, respondieron que no podían vivir sin celebrar el día del Señor”, recordó el Pontífice. El viaje, que llevará a León a tierras africanas, servirá como un puente entre la fe de los primeros cristianos y los desafíos actuales de la Iglesia en el continente.

El Papa León XIV reiteró que es en la Eucaristía “donde se nutre y crece nuestra fe”, un espacio sagrado donde la gracia divina fortalece a los creyentes. “Es ahí donde nuestros esfuerzos, aunque limitados, por la gracia de Dios se integran como acciones de los miembros de un único cuerpo —el Cuerpo de Cristo— en la realización de un único gran proyecto de salvación que abarca a toda la humanidad”, añadió, resaltando el poder unificador y transformador de este sacramento. A través de la participación en la Eucaristía, las manos de los fieles se convierten en “manos del Resucitado”, capaces de llevar esperanza, caridad y reconciliación a cada rincón del planeta. Con su vibrante mensaje, el Papa León XIV invita a los católicos a redescubrir la Misa dominical no solo como un precepto, sino como la fuerza vital que impulsa la construcción de un mundo más justo y pacífico.

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