Ciudad del Vaticano – El Papa León XIV enfatizó la importancia ineludible de la acción y la caridad en la vida de fe, al recibir este sábado a más de 200 miembros de la Confederación Nacional de las Misericordias de Italia. En un encuentro significativo celebrado en el Palacio Apostólico, el Sumo Pontífice destacó que una espiritualidad genuina no puede permanecer desvinculada de las realidades humanas, sino que debe manifestarse en un servicio generoso y tangible hacia el prójimo. Esta audiencia subraya el compromiso continuo de la Iglesia con la aplicación práctica de los principios evangélicos en la sociedad contemporánea.
La reunión congregó no solo a cofrades procedentes de diversas regiones de Italia, sino también a delegaciones internacionales de países como Ucrania, Albania, Polonia y Tierra Santa, evidenciando la amplitud y el impacto global de este movimiento de caridad. La comitiva estuvo liderada por el presidente de la confederación, el Dr. Domenico Giani, quien expresó el profundo significado espiritual e institucional del encuentro para la histórica organización.
Durante su alocución, el Papa León XIV reiteró que “una vida de fe auténtica no puede reducirse a una espiritualidad desencarnada, sino que necesariamente fluye hacia la sensibilidad por las necesidades de los demás y hacia un servicio generoso”. Con estas palabras, el Vicario de Cristo delineó una visión de la fe que trasciende la mera creencia para convertirse en una fuerza transformadora, capaz de responder a las urgencias del mundo con compasión y dedicación. Esta enseñanza resuena con la tradición milenaria de las Misericordias, quienes desde sus inicios han encarnado este ideal de servicio.
Las Misericordias, compañías o hermandades con una vasta historia en Italia, fueron fundadas en Florencia en el año 1244 por San Pedro Mártir. Su propósito fundacional era claro: guiar a los individuos hacia las verdades trascendentales enseñadas por el Evangelio, con un énfasis particular en la virtud de la caridad. Desde sus orígenes, los miembros de estas fraternidades se han dedicado incansablemente a traducir en acciones cotidianas las siete obras de misericordia corporales, brindando asistencia concreta a quienes más lo necesitan.
En la actualidad, el legado de servicio de las Misericordias se mantiene vibrante y adaptado a los desafíos contemporáneos. Sus voluntarios continúan desempeñando un papel crucial en áreas como la sanidad de emergencia, el apoyo social a comunidades vulnerables, la protección civil en situaciones de crisis y la cercanía constante a las personas más frágiles de la sociedad. Esta labor ininterrumpida preserva la esencia del vínculo indisoluble entre caridad, sentido de comunidad y testimonio evangélico.
El Santo Padre dedicó un momento especial para reconocer y agradecer los sacrificios personales de innumerables hermanos y hermanas de la confederación, quienes han demostrado una fidelidad inquebrantable a su misión, a menudo pagando un alto precio. Su testimonio de abnegación, afirmó el Pontífice, merece el más profundo agradecimiento y las oraciones de toda la Iglesia. Esta mención honra la valentía y perseverancia de quienes, a lo largo de los siglos, han sostenido la llama de la caridad.
Profundizando en la histórica labor de las Misericordias, el Papa León XIV las comparó con una “semilla” de la cual “brotó y creció el gran árbol” que se extendió no solo por Europa, sino también en el continente americano. Remarcó que la misión de estas organizaciones tiene sus raíces en el Sacramento del Bautismo, confiriéndole un carácter intrínsecamente sacramental. Esta perspectiva eleva el servicio de las Misericordias a una dimensión espiritual profunda, conectándolo directamente con la gracia divina.
A partir de esta verdad, el Sumo Pontífice destacó una implicación fundamental para el futuro de las Misericordias: la obligación de cultivar con gran compromiso la formación cristiana de sus miembros. Esto incluye la práctica constante de la oración, una catequesis sólida, la fiel participación en los sacramentos —especialmente la Misa dominical y la Confesión—, así como la coherencia moral en sus decisiones y estilos de vida. Solo así, enfatizó el Papa, la “planta” de las Misericordias continuará creciendo y dando frutos.
El Papa León XIV también resaltó la composición singular de la confederación, integrada por “laicos que inspiran a laicos”. Esta estructura fomenta un ministerio ejercido en un clima de corresponsabilidad, afecto de pertenencia y profunda comunión, donde cada miembro se convierte en protagonista de un esfuerzo colectivo hacia la perfección cristiana. Ya sea en la respuesta a emergencias, en zonas de conflicto o a través de los miles de actos cotidianos de solidaridad que permanecen ocultos, esta red de servicio se fortalece con la participación activa de todos.
En un llamado final, el Papa León XIV animó a los miembros de las Misericordias a perseverar en su compromiso como comunidades donde la fe se vive intensamente y la caridad se practica con fervor. Les instó a crecer continuamente en espíritu y a servir con alegría y sencillez, alejados de cualquier lógica de poder, dedicados exclusivamente a la alabanza de Dios y al bienestar de aquellos que el Señor pone en su camino. Concluyó impartiendo su Bendición Apostólica, un gesto de apoyo y gracia para su noble labor.
Por su parte, el Dr. Domenico Giani expresó que la audiencia papal representó un “momento de gran significado espiritual e institucional” para las Misericordias. Aseguró que la confederación llevará consigo no solo la historia secular de su servicio, sino, sobre todo, los rostros de los voluntarios que diariamente trabajan incansablemente en situaciones de emergencia, en programas de formación y en la asistencia vital a las personas más vulnerables, reafirmando el compromiso perenne con su misión.




