26 marzo, 2026

Ciudad del Vaticano – El Papa León XIV ha desvelado su mensaje para la 100ª Jornada Mundial de las Misiones, una celebración que la Iglesia Católica conmemorará el 18 de octubre de 2026. Publicado este 25 de enero, en la significativa festividad de la Conversión de San Pablo, el documento papal lleva por título “Uno en Cristo, unidos en la misión”, un lema que encapsula la profunda exhortación a la unidad y el fervor evangelizador.

Este mensaje llega en un momento crucial para la Iglesia, siguiendo al Año Jubilar, y busca inyectar renovado entusiasmo en la comunidad católica global. El Santo Padre enfatiza la necesidad de corazones unificados en Cristo, la reconciliación dentro de las comunidades y una disposición generosa y confiada para la colaboración misionera. Es una invitación a reavivar la llama de la vocación misionera y a avanzar juntos en una “nueva era misionera”, tal como ya había anticipado en la Misa por el Jubileo del Mundo Misionero y de los Migrantes en octubre de 2025.

**La Unidad en Cristo: Fuente de Toda Misión**

El núcleo de la reflexión del Papa León XIV reside en la misteriosa unión con Cristo, una verdad que Jesucristo mismo imploró al Padre antes de su Pasión: “Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste” (Jn 17,21). Esta oración es la esencia de la identidad de la Iglesia: una comunión que emana de la Santísima Trinidad y vive en ella, sirviendo a la fraternidad humana y a la armonía con toda la creación.

Ser cristiano, según el Pontífice, trasciende la mera adhesión a un conjunto de prácticas o ideas; es una existencia en profunda comunión con Cristo, participando de su relación filial con el Padre por medio del Espíritu Santo. Es permanecer en Él como los sarmientos en la vid (cf. Jn 15,4), inmersos en la vida trinitaria, de donde fluye la comunión mutua entre los creyentes y toda fecundidad misionera. Como enseñó San Juan Pablo II, la comunión no es solo el fruto, sino también la fuente de la misión.

Ante los desafíos contemporáneos de conflictos, polarizaciones y desconfianza que a menudo afectan incluso a las comunidades eclesiales, el Papa subraya que la primera responsabilidad misionera de la Iglesia es preservar y renovar la unidad espiritual y fraterna entre sus miembros. Solo así se puede fortalecer el testimonio evangélico. En este contexto, el mensaje impulsa la intensificación del compromiso ecuménico, aprovechando, por ejemplo, el 1700º aniversario del Concilio de Nicea como una oportunidad para la unidad cristiana. Finalmente, ser “uno en Cristo” significa mantener una mirada constante en el Señor, permitiendo que Él sea el centro de la vida personal y comunitaria, reflejando las palabras de San Pablo: “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Ga 2,20). Este proceso, alimentado por la Palabra y los sacramentos, es clave para una auténtica evangelización que, tal como San Pablo VI recordaba, no puede existir sin el anuncio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios.

**Unidos en la Misión: Para que el Mundo Crea**

La unidad de los discípulos no es un fin en sí misma; su propósito es que “el mundo crea que tú me enviaste” (Jn 17,21). El Papa León XIV enfatiza que el Evangelio irradia su plena fuerza comunicativa a través del testimonio de una comunidad reconciliada, fraterna y solidaria. En esta perspectiva, resuena el lema del beato Paolo Manna: “Toda la Iglesia para la conversión de todo el mundo”, un ideal que inspiró la fundación de la Pontificia Unión Misional hace 110 años. El Santo Padre extiende su reconocimiento y bendición a esta institución por su labor en la formación del espíritu misionero entre sacerdotes, consagrados y laicos.

El mensaje recuerda que ningún bautizado es ajeno a la misión; cada uno, desde su vocación y estado de vida, participa en la gran obra que Cristo confía a su Iglesia. Citando al Papa Francisco, León XIV reitera que el anuncio del Evangelio es siempre una acción coral, comunitaria y sinodal. Estar unidos en la misión implica, por tanto, cultivar una espiritualidad de comunión y colaboración, aprendiendo a ver al prójimo con ojos de fe, valorando la diversidad como riqueza y buscando siempre la unidad que procede de lo Alto. Esta unidad misionera no debe confundirse con uniformidad, sino como una convergencia de carismas diversos hacia un objetivo común: hacer visible el amor de Cristo e invitar a todos al encuentro con Él. El Pontífice anima a las instituciones eclesiales a fortalecer la comunión y a desarrollar formas creativas de colaboración.

El Papa también agradece el servicio de las Obras Misionales Pontificias (OMP) – Propagación de la Fe, Infancia Misionera, San Pedro Apóstol y Unión Misional – por su invaluable contribución a la cooperación misionera. Rememora la figura de la beata Pauline Marie Jaricot, fundadora de la Obra de la Propagación de la Fe, quien ideó el Rosario Viviente hace doscientos años. Es significativo que fue a propuesta de la Propagación de la Fe que Pío XI instituyó la Jornada Mundial de las Misiones en 1926, cuyos donativos son distribuidos por las OMP en nombre del Papa para apoyar las diversas necesidades de la misión de la Iglesia global.

**La Misión de Amor: Anunciar, Vivir y Compartir el Amor Fiel de Dios**

Si la unidad es la condición fundamental de la misión, el amor es su esencia. La Buena Nueva que los discípulos están llamados a anunciar no es una abstracción, sino el Evangelio del amor fiel de Dios, encarnado en Jesucristo. La misión de la Iglesia es la prolongación de la misión de Cristo, que nace, se vive y conduce al amor. Como el Señor oró: “Para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos” (Jn 17,26). Impulsados por el amor de Cristo, innumerables cristianos a lo largo de los siglos han entregado sus vidas para dar a conocer este amor divino.

El Papa León XIV expresa su particular agradecimiento a los misioneros y misioneras *ad gentes* contemporáneos, quienes, como San Francisco Javier, han dejado sus hogares y seguridades para llevar el Evangelio y el amor de Cristo a lugares remotos, empobrecidos, en conflicto o culturalmente distantes. Su perseverancia, a pesar de las adversidades, demuestra que el amor de Dios es más poderoso que cualquier barrera. El mundo, afirma el Santo Padre, sigue necesitando a estos valientes testigos de Cristo, y las comunidades eclesiales requieren nuevas vocaciones misioneras, por las cuales se debe orar continuamente.

Finalmente, el Pontífice hace un llamamiento a toda la Iglesia para que se una en la misión evangelizadora a través del testimonio de vida en Cristo, la oración y el apoyo concreto. Alude a la célebre frase de San Francisco de Asís, de quien se conmemoran 800 años de su paso al cielo: “El Amor no es amado”. Invita a dejarse contagiar por el deseo de amar al Señor y transmitir ese amor a todos, cercanos y lejanos. Asimismo, recuerda el celo de Santa Teresa del Niño Jesús, quien deseaba continuar su misión de “amar a Jesús y hacerle amar” incluso desde el cielo.

El Papa León XIV concluye su mensaje animando a todos a contribuir, según su vocación y dones, a la gran misión evangelizadora, que es una obra de amor. Sus oraciones y apoyo material, especialmente durante la Jornada Mundial de las Misiones, serán un vital auxilio para llevar el Evangelio del amor de Dios a todos, en especial a los más pobres y necesitados. Cada contribución, por pequeña que sea, se convierte en un acto significativo de comunión misionera. El mensaje se cierra con una profunda oración, implorando al Padre que la Iglesia sea “uno en Cristo, arraigados en su amor”, y que sus miembros estén unidos en la misión, dóciles al Espíritu Santo y valientes en el testimonio del Evangelio.

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