**Ostia, Roma** – El Papa León XIV lanzó un enérgico llamado a la comunidad de Ostia este domingo, instándolos a rechazar “la cultura del abuso y la injusticia” y a contrarrestar la violencia con la “fuerza desarmante de la mansedumbre”. La exhortación tuvo lugar durante su visita pastoral a la Parroquia de Santa María Reina de la Paz, ubicada en la costera Ostia Lido, una zona conocida por sus desafíos sociales.
La jornada dominical del 15 de febrero de 2026 estuvo marcada por una profunda interacción del Sumo Pontífice con diversos sectores de la comunidad. Antes de presidir la Santa Misa, el Papa León XIV dedicó tiempo a encontrarse y dialogar con niños de catecismo, jóvenes, personas mayores, enfermos, los más desfavorecidos y voluntarios de Cáritas, evidenciando un enfoque pastoral cercano a las realidades locales.
Durante su homilía, enmarcada en el Sexto Domingo del Tiempo Ordinario y basada en el Evangelio del día (cf. Mt 5,17-37), el Santo Padre profundizó en la visión de Jesús sobre una “ley nueva”. Explicó que esta ley trasciende la mera enseñanza, constituyéndose como una fuerza transformadora. “Es la gracia del Espíritu Santo la que la graba de forma indeleble en nuestro corazón, llevando a plenitud los mandamientos de la antigua alianza”, afirmó, subrayando la dimensión espiritual y práctica de la fe.
**La Ley de Dios: Sendero hacia la Verdadera Libertad**
El Pontífice recordó a los fieles que, tras la liberación de Egipto, Dios estableció su pacto con el pueblo a través del Decálogo, no como un conjunto de restricciones, sino como “un plan de vida y un sendero de salvación”. Las “Diez Palabras”, interpretadas en el contexto del largo viaje por el desierto, fueron presentadas como una luz orientadora que muestra el camino.
En este sentido, el Papa León XIV enfatizó que la observancia de estos mandamientos va más allá de un “cumplimiento formal de preceptos”. Es, ante todo, “un acto de amor, una respuesta agradecida y confiada al Señor de la alianza”. Argumentó que la ley divina no se opone a la libertad humana; por el contrario, “es la condición para que esta florezca”. Invitó a los presentes a percibir los mandamientos no como una imposición opresiva, sino como la “pedagogía divina para la humanidad que anhela la plenitud de la vida y la libertad”.
Para ilustrar su punto, el Papa citó la Constitución pastoral *Gaudium et spes* del Concilio Vaticano II, reiterando que “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de hoy, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son también los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los discípulos de Cristo”. Este pasaje sirvió para conectar la ley divina con la empatía y la solidaridad humana.
**El Corazón: Semillero de Nobleza y de Dolor**
Profundizando en las palabras de Jesús —”Han oído que se dijo a los antiguos: No matarás (…) Pero yo les digo: todo el que se enoje contra su hermano será sometido a juicio”—, el Papa León XIV explicó que la fidelidad a Dios se cimenta en el “respeto y el cuidado del prójimo en su inviolable sacralidad”. Esta actitud, señaló, debe cultivarse primero “en el corazón, antes que en los gestos y las palabras”.
El Santo Padre advirtió que el corazón es el origen tanto de los sentimientos más nobles como de las “profanaciones más dolorosas: los cierres, las envidias, los celos”. Citando la Primera Carta de San Juan, recordó la severa advertencia: “Todo el que odia a su hermano es homicida” (1 Jn 3,15). Concluyó que “el mal que observamos en el mundo tiene sus raíces precisamente allí donde el corazón se vuelve frío, duro y carente de misericordia”.
**Un Mensaje Directo a la Realidad de Ostia**
Aplicando estas reflexiones a la realidad local, el Pontífice reconoció que “también aquí, en Ostia, lamentablemente la violencia existe y hiere”, haciendo alusión a situaciones que afectan a jóvenes y adolescentes, así como a la influencia de organizaciones criminales.
Frente a esta realidad, el Papa animó a la comunidad parroquial a “continuar entregándose con generosidad y valentía para esparcir en sus calles y en sus casas la buena semilla del Evangelio”. Su llamado fue claro: “No se resignen a la cultura del abuso y de la injusticia. Al contrario, difundan respeto y armonía, comenzando por desarmar los lenguajes”. Además, solicitó invertir “energías y recursos en la educación, especialmente de los niños y jóvenes”, como pilar fundamental para el cambio social.
Instó a la parroquia a ser un espacio donde se aprenda “la honestidad, la acogida, el amor que supera las fronteras”, y a vivir la coherencia entre la fe y la vida cotidiana. Recordó el pasaje evangélico que llama a la reconciliación antes de presentar la ofrenda en el altar, subrayando la primacía de las relaciones fraternas.
**La Mansedumbre como Respuesta a la Adversidad Global**
El Papa León XIV hizo una conexión histórica significativa, recordando que hace 110 años, el Papa Benedicto XV deseó que esta parroquia fuera dedicada a Santa María Reina de la Paz, en el sombrío contexto de la Primera Guerra Mundial, como “un rayo de luz en el cielo plomizo de la guerra”.
Lamentablemente, observó el actual Pontífice, “muchas nubes siguen oscureciendo el mundo” hoy, con lógicas que “exaltan la supremacía del más fuerte” y “alimentan la seducción de la victoria a cualquier costo”.
Frente a esta deriva, el Papa afirmó con determinación: “Oponemos a esta deriva la fuerza desarmante de la mansedumbre, continuando a pedir la paz, y a acoger y cultivar su don con tenacidad y humildad”. Citó a San Agustín de Hipona para recalcar que “no es difícil poseer la paz (…) Si queremos tenerla, ella está ahí, al alcance de la mano”.
Para finalizar, el Papa León XIV concluyó que “nuestra paz es Cristo”, y que esta se conquista “dejándose conquistar y transformar por Él”. Dirigió un último y vibrante mensaje a la comunidad: “Háganlo día tras día. Háganlo juntos, como comunidad, con la ayuda de María, Reina de la Paz”. Con la invocación a la Madre de Dios, exhortó a que Ella “nos custodie y proteja siempre”, cerrando una visita pastoral cargada de esperanza y un llamado a la acción concreta.




