5 abril, 2026

En una emotiva Misa solemne celebrada este Domingo de Pascua en la Plaza de San Pedro, el Papa León XIV hizo un enérgico llamado a la esperanza y la paz, instando a la humanidad a confrontar las profundas injusticias y abusos que afligen al mundo. Ante una multitud de aproximadamente 50.000 fieles, según estimaciones del Vaticano, el Pontífice enfatizó la relevancia del mensaje de la Resurrección de Cristo como fuente inagotable de consuelo y renovación.

La jornada litúrgica comenzó con el tradicional rito del “Resurrexit”, un momento cargado de simbolismo que evoca el testimonio de San Pedro ante el sepulcro vacío. Dos diáconos procedieron a abrir las puertas del icono del Santísimo Salvador, mientras un tercer diácono proclamaba con solemnidad: “El Señor ha resucitado del sepulcro, el mismo que por nosotros colgó del madero”. La congregación respondió con un triple Aleluya, un eco de júbilo que llenó la vasta explanada. Posteriormente, el Papa León veneró el sagrado icono e incensó la imagen de Cristo, el Santísimo Salvador, en un gesto de profunda reverencia.

Tras la lectura de las Escrituras, la Plaza de San Pedro resonó con la secuencia de Pascua, preludio a la proclamación del Evangelio. Este fue entonado, siguiendo la tradición, primero en latín y luego en griego, una práctica que subraya la naturaleza universal y atemporal del anuncio pascual, extendiendo el mensaje de salvación a todos los pueblos y culturas.

Durante su homilía, pronunciada en italiano, el Santo Padre exhortó a los presentes a “levantar la mirada y ensanchar el corazón”. Subrayó la necesidad de esta apertura espiritual ante un panorama mundial marcado por “las injusticias, los egoísmos partidistas, la opresión de los pobres y la escasa atención hacia los más frágiles”. Estas palabras resonaron con particular fuerza, invitando a una profunda reflexión sobre las responsabilidades individuales y colectivas en la construcción de una sociedad más justa y compasiva.

El Papa León XIV reconoció que el mensaje de la Resurrección, si bien portador de “una esperanza que no desfallece”, no siempre es fácil de acoger. “Es una promesa que nos cuesta aceptar”, afirmó el Pontífice, “porque el poder de la muerte nos amenaza siempre, dentro y fuera”. Detalló cómo esta amenaza se manifiesta internamente “cuando el lastre de nuestros pecados nos impide alzar el vuelo; cuando las decepciones o la soledad que experimentamos agotan nuestras esperanzas”. Externamente, la presencia de la muerte se palpa en “la violencia, en las heridas del mundo, en el grito de dolor que se eleva por todas partes a causa de los abusos que aplastan a los más débiles, ante la idolatría del lucro que saquea los recursos de la tierra, ante la violencia de la guerra que mata y destruye”. Este análisis crudo de la realidad contemporánea buscó confrontar a los fieles con los desafíos éticos y morales de su tiempo.

A pesar de estas sombrías realidades, el Pontífice reafirmó que el anuncio pascual tiene el poder de alcanzar a los hombres “hasta en los abismos de la muerte”, abriendo la puerta a una esperanza inquebrantable. Invitó a todos los cristianos a emular a María Magdalena y a los Apóstoles, quienes, tras la Resurrección, se pusieron en movimiento para testimoniar la vida nueva que surge incluso en las experiencias más oscuras de la muerte. “Corramos, pues, como María Magdalena, anunciémoslo a todos; llevemos con nuestra vida la alegría de la resurrección, para que allí donde aún se cierne el espectro de la muerte, pueda resplandecer la luz de la vida”, enfatizó el Papa León XIV, haciendo un llamado a la acción misionera.

Como es costumbre cada Domingo de Pascua, la Plaza de San Pedro se transformó en un vibrante jardín, una alfombra multicolor de miles de flores procedentes de los Países Bajos. Esta tradición, que este año celebró su cuadragésimo aniversario, adornó el entorno vaticano con una explosión de color y fragancia. Las decoraciones incluyeron 65.000 tulipanes, narcisos y jacintos; más de 200 violetas y otros 7.800 ejemplares de diversas especies, como rosas y crisantemos. Se complementó con 600 ramas de plumosa, 80 azaleas, 600 largas ramas de sauce, además de eucalipto y una variada selección de follaje verde, creando un espectáculo visual que simboliza la renovación y la vida nueva de la Pascua.

Finalmente, el Papa León XIV concluyó su homilía, citando un pasaje de la *Evangelii Gaudium* (La alegría del Evangelio), la primera exhortación apostólica de su predecesor, el Papa Francisco, publicada en 2013 y ampliamente reconocida como el documento programático de su pontificado. Esta referencia subrayó la continuidad del mensaje papal y la perenne necesidad de difundir la alegría del Evangelio. “La Pascua”, concluyó el Pontífice, “es la nueva creación obrada por el Señor Resucitado, es un nuevo comienzo. Hoy necesitamos este canto de esperanza. Y somos nosotros, resucitados con Cristo, quienes debemos llevarlo por las calles del mundo”. Un mensaje que resonó como una llamada a la acción y un recordatorio de la misión inherente a la celebración de la Resurrección.

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