Roma, 15 de marzo de 2026. En un gesto de profunda cercanía pastoral, el Papa León XIV realizó una significativa visita a la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en la capital italiana, este domingo. Durante su recorrido, el Santo Padre subrayó el papel fundamental de las comunidades cristianas como “signos de esperanza” y “casas de acogida” en un mundo asediado por el sufrimiento, los conflictos y la soledad. La visita papal, ampliamente esperada, buscó fortalecer el espíritu de la feligresía y reafirmar la misión de la Iglesia en la sociedad contemporánea.
La jornada del Pontífice comenzó con un encuentro con niños y jóvenes en el campo deportivo parroquial, un espacio vibrante que resonó con la alegría y la expectativa de los más pequeños. Allí, Su Santidad reflexionó sobre el significado del Sagrado Corazón de Jesús, destacándolo como el símbolo por excelencia del amor divino incondicional. “El corazón de Jesús representa el amor infinito de Dios, su gracia y su misericordia sin límites”, enfatizó, estableciendo un tono de compasión y generosidad que permeó toda la visita. El Papa León XIV también extendió su gratitud a la comunidad por su incansable labor caritativa, particularmente en el apoyo a migrantes y personas vulnerables que buscan refugio y asistencia en la ciudad eterna.
El Sucesor de Pedro elogió la dedicación de la parroquia en la atención a quienes enfrentan circunstancias difíciles, incluyendo inmigrantes, enfermos crónicos y personas sin hogar. Resaltó la capacidad de la comunidad para brindar acogida genuina, calificándola como un faro de esperanza en un contexto global a menudo abrumado por el sufrimiento y las adversidades. El Pontífice compartió el conmovedor testimonio de una mujer afectada por la guerra, cuya pregunta “¿ahora a dónde voy?” encapsulaba la desesperación de quienes lo han perdido todo. Ante esta realidad, el Papa León XIV reafirmó que los cristianos tienen la misión de ofrecer consuelo y esperanza. “Nosotros, que creemos en Jesucristo, podemos ser ese signo de esperanza, incluso en un mundo donde a veces parecen desvanecerse”, aseveró, instando a los fieles a vivir su fe de manera activa y solidaria. Concluyó esta parte del encuentro con una invitación universal: “Todos están invitados, todos están llamados”, destacando que la parroquia debe ser una familia abierta, dispuesta a decir “Vengan todos”.
Más tarde, el Santo Padre dedicó un tiempo especial a los ancianos y enfermos reunidos en el salón parroquial. En este encuentro íntimo, el Papa León XIV resaltó la invaluable importancia de las comunidades que abren sus puertas y corazones a quienes experimentan soledad, dolencias o limitaciones materiales. Expresó su alegría por la oportunidad de compartir este momento con ellos, reconociendo el esfuerzo de quienes, a pesar de sus sufrimientos o las dificultades de la edad, acudieron a su encuentro. Su presencia entre ellos fue un claro mensaje de afecto y apoyo.
El Pontífice también abordó la crucial cuestión de la acogida a los migrantes, contrastando la creciente tendencia mundial a “cerrar las puertas” con el imperativo evangélico. “Hoy, en muchas partes del mundo, surge una nueva actitud que busca cerrar las puertas y decir: ‘¡Basta! ¡Que no venga nadie más!’”, advirtió. Sin embargo, contrapuso esta postura con las palabras de Jesús en el Evangelio: “Era extranjero y me acogieron”. Esta dicotomía resaltó la vocación de la Parroquia del Sagrado Corazón a reflejar ese amor incondicional de Cristo, erigiéndose como “un lugar bendecido por Dios, una casa de fraternidad, de caridad y de amor donde quienes lo necesitan pueden encontrar una familia”.
Tras la celebración de la Eucaristía, el Papa León XIV se reunió con el consejo pastoral parroquial, agradeciendo el compromiso de quienes dedican su tiempo, energía y amor al servicio de la fe católica. Destacó el papel vital de la parroquia como una presencia viva del amor de Dios en el barrio, mencionando iniciativas concretas de ayuda a los necesitados, como las duchas para personas sin hogar. Recordó la cercanía de la cárcel de Rebibbia, enfatizando la misión de la Iglesia de acompañar a aquellos que buscan un cambio de vida y un camino hacia la libertad, incluso después de haber cometido errores. “Una parroquia llamada a ser corazón, Sagrado Corazón, debe ser presencia y testimonio del amor de Dios en el mundo, aquí en Roma, en este barrio que no siempre es fácil”, afirmó.
Antes de su regreso al Vaticano, el Papa León XIV saludó nuevamente a los fieles, asegurándoles que ser miembros de la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús constituye un “auténtico testimonio del amor de Dios en el mundo y aquí en Roma”. Visiblemente complacido con la visita, el Pontífice bromeó sobre el tiempo transcurrido desde la última presencia papal en la parroquia, deseando que no pasaran “otros 40 años hasta la próxima visita”. Finalmente, instó a los fieles a vivir con alegría el tiempo litúrgico de la Cuaresma, especialmente en este Domingo Laetare, y los animó a “vivir siempre como signo de esperanza”, antes de impartir su bendición apostólica, dejando un mensaje duradero de fe, caridad y acogida en la comunidad romana.




