En un gesto que subraya la continua relevancia de la devoción mariana en la Iglesia Católica contemporánea, el Papa León XIV ha aprobado los nuevos estatutos de la Pontificia Academia Mariana Internacional (PAMI). La decisión, que se inscribe en un proceso de profunda renovación institucional, busca fortalecer y adecuar la misión de esta venerable institución a los desafíos y oportunidades del siglo XXI.
La aprobación se formalizó durante una audiencia del Santo Padre con el Arzobispo Edgar Peña Parra, Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado del Vaticano. Esta medida clave, anunciada el mismo año en que la Santa Sede continúa promoviendo la riqueza de la fe a través de gestos significativos –como la reciente bendición papal de un mosaico mariano con advocaciones peruanas en los Jardines Vaticanos el 31 de enero de 2026–, consolida el compromiso de la Iglesia con una mariología que dialoga con las culturas y promueve una piedad popular auténtica.
**Una Trayectoria de Ochenta Años al Servicio de la Mariología**
La Pontificia Academia Mariana Internacional, con una trayectoria que se extiende por ocho décadas, fue establecida en 1946. Su fundación fue obra de la Orden de los Frailes Menores, en colaboración con la *Commissio Mariana Franciscana*, y desde sus inicios, tuvo como propósito fundamental la promoción y coordinación de los estudios mariológicos y marianos a nivel global. El impulso inicial y la dirección de la Academia fueron confiados al Padre Carlo Balić, una figura seminal en la mariología de su tiempo, quien entonces ejercía como rector magnífico del Pontificio Ateneo Antonianum y titular de la cátedra de Mariología. Su visión sentó las bases para el desarrollo académico y espiritual que la PAMI ha cultivado desde entonces.
La importancia de la Academia en el ámbito eclesial creció exponencialmente, tanto que, a partir de 1950, la Santa Sede le confió la trascendental tarea de organizar los Congresos Mariológico-Marianos Internacionales. Estos encuentros han sido puntos de referencia para teólogos, historiadores y devotos de María, facilitando el intercambio de conocimientos y profundizando en la comprensión del papel de la Virgen en la historia de la salvación.
El reconocimiento de su labor por parte de la jerarquía eclesiástica alcanzó un nuevo nivel el 8 de diciembre de 1959, cuando el Papa San Juan XXIII, constatando las significativas contribuciones de la PAMI al avance de la doctrina y la piedad mariana, le otorgó el título honorífico de “Pontificia”. Este reconocimiento subrayó el carácter oficial y la relevancia de sus actividades para la Iglesia universal.
**Adaptación a la Nueva Estructura de la Curia Romana**
La actualización de los estatutos de la PAMI no es un hecho aislado, sino que se enmarca en la vasta reforma de la Curia Romana implementada por el Papa Francisco a través de la constitución apostólica *Praedicate evangelium*. Como parte de esta reestructuración, la Pontificia Academia Mariana Internacional, que originalmente dependía de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha pasado a estar bajo la égida del Dicasterio para la Cultura y la Educación. Este cambio de adscripción institucional refleja una visión más amplia que integra la promoción de los estudios marianos dentro de un contexto cultural y educativo, reconociendo la capacidad de la mariología para enriquecer el diálogo entre fe y cultura en la sociedad contemporánea.
**Un Horizonte Amplio y Equilibrado para los Estudios Marianos**
Los nuevos estatutos, estructurados en un preámbulo y 22 artículos, delinean una visión renovada y ambiciosa para el futuro de la Academia. El artículo 4, en particular, establece el núcleo de su misión: “promover y apoyar la investigación mariológico-mariana a todos los niveles y coordinar sus estudios en el contexto de una evangelización siempre renovada”. Este mandato enfatiza la necesidad de considerar “el lenguaje de las diversas culturas y las manifestaciones marianas específicas de cada pueblo”, con el objetivo de fomentar “una sana piedad popular para evitar cualquier forma de maximalismo o minimalismo”.
Esta cláusula es de particular relevancia, ya que busca guiar los estudios y la devoción mariana hacia un equilibrio doctrinal y pastoral. El “maximalismo” podría referirse a exageraciones teológicas o prácticas devocionales que desvían la atención de Cristo, mientras que el “minimalismo” representaría una infravaloración de la figura de María en la fe. La PAMI, bajo estos nuevos estatutos, se posiciona como un baluarte para una comprensión de la Madre de Dios que sea fiel a la tradición, teológicamente rigurosa y pastoralmente fructífera.
Un aspecto innovador y profundamente inclusivo de los nuevos estatutos es la composición de los miembros de la Academia. Se establece un límite de 90 miembros ordinarios, y, notablemente, se abre la posibilidad de incluir a no creyentes, así como a representantes de otras religiones y de otras confesiones cristianas. Esta disposición refleja un espíritu de diálogo ecuménico e interreligioso, permitiendo que la riqueza de la mariología se enriquezca con perspectivas diversas y contribuya a un entendimiento más profundo de la figura de María en un contexto global y plural.
La dirección de la Academia recae en un presidente, designado directamente por el Papa, quien es asistido por un Consejo. Este Consejo está compuesto por el secretario y el tesorero –ambos nombrados por el ministro general de la Orden de los Frailes Menores, en reconocimiento a las raíces franciscanas de la PAMI–, el director de la Oficina de Promoción y Desarrollo, y siete miembros elegidos entre los miembros ordinarios. El proceso de nombramiento de los miembros ordinarios requiere la autorización de la Secretaría de Estado, garantizando así un alto nivel de rigor y transparencia. Además, los estatutos prevén que los miembros ordinarios pasen a ser miembros eméritos al cumplir los 75 años, asegurando la renovación constante de la Academia.
Con la aprobación de estos nuevos estatutos, la Pontificia Academia Mariana Internacional se prepara para afrontar una nueva etapa en su historia, consolidando su papel como referente mundial en la mariología y contribuyendo a una evangelización que, arraigada en la tradición, se proyecta hacia un futuro de diálogo, inclusión y una sana piedad mariana.





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