18 marzo, 2026

Ciudad del Vaticano – En una reveladora Audiencia General celebrada este miércoles, Su Santidad el Papa León XIV ofreció una catequesis centrada en la naturaleza de la Iglesia Católica, subrayando con énfasis que la institución, entendida como la comunión de todos los bautizados, posee una intrínseca incapacidad para errar en la fe. Esta afirmación, anclada en la asistencia constante del Espíritu Santo y el consenso colectivo del Pueblo de Dios, fue acompañada de un llamado perentorio a los fieles para redescubrir y asumir plenamente su papel fundamental en la misión evangelizadora de la Iglesia.

“Despertemos en nosotros la conciencia y la gratitud de haber recibido el don de formar parte del Pueblo de Dios; y también la responsabilidad que esto conlleva,” instó el Sumo Pontífice, dirigiéndose a los peregrinos y fieles reunidos en la Plaza de San Pedro. Sus palabras se enmarcaron en una profunda reflexión sobre el capítulo segundo de la Constitución Dogmática *Lumen Gentium*, uno de los pilares del Concilio Vaticano II, promulgado por el Papa Pablo VI en 1964. Este documento conciliar define a la Iglesia no solo como una estructura jerárquica, sino como una “comunión de los fieles” que integra indisolublemente a pastores y laicos.

**La Custodia de la Verdad Revelada**

León XIV explicó que la Iglesia, en su conjunto, ostenta una capacidad singular para salvaguardar la verdad revelada por Dios. Esta prerrogativa se funda en el “sentido sobrenatural de la fe de todo el Pueblo de Dios,” una manifestación palpable del consenso que abarca a cada miembro de la comunidad eclesial. Este don espiritual, custodio del Magisterio de la Iglesia, implica que “cada persona bautizada es un sujeto activo de evangelización, llamado a dar un testimonio coherente de Cristo según el don profético que el Señor infunde en toda su Iglesia,” afirmó el Papa.

La participación de los bautizados en la misión de Cristo como sacerdote, profeta y rey fue un punto medular de la catequesis. El Pontífice recordó la enseñanza del Concilio Vaticano II sobre el “sacerdocio común de los fieles,” que se origina en el sacramento del Bautismo y se ve robustecido por la Confirmación. A través de estos sacramentos iniciáticos, los cristianos “quedan más firmemente vinculados a la difusión y defensa de la fe, constituyéndose en verdaderos testigos de Cristo, tanto con la palabra como con sus acciones,” enfatizó. En esta línea, el Papa citó a su predecesor, el Papa Francisco, para recordar la dignidad fundamental compartida por todos los miembros de la Iglesia: “Todos formamos el santo Pueblo fiel de Dios.”

**El “Sensus Fidei”: Discernir la Verdad**

Uno de los conceptos teológicos más significativos explorados por el Santo Padre fue el *sensus fidei*, o “sentido de la fe.” Este no es un mero sentimiento subjetivo, sino una facultad espiritual inherente a la totalidad del Pueblo de Dios. León XIV detalló cómo los Padres Conciliares del Vaticano II reconocieron que “el pueblo santo de Dios participa también en la misión profética de Cristo,” lo que introduce el relevante tema del *sensus fidei* y el consenso de los fieles.

La comisión doctrinal del Concilio Vaticano II describió este *sensus fidei* como “una facultad de toda la Iglesia” que habilita a los creyentes para reconocer la veracidad del Evangelio y discernir entre la verdad y el error en materia de fe. Es crucial comprender que “el sentido de la fe pertenece por tanto a cada fiel no a título individual, sino como miembros del pueblo de Dios en su conjunto,” aclaró el Pontífice. Esta percepción colectiva, guiada por el Espíritu Santo, constituye un baluarte contra la desviación doctrinal y asegura la continuidad de la fe apostólica.

**Una Iglesia Viva, Guiada por el Espíritu y la Caridad**

El Papa León XIV también puso de relieve la acción vivificadora del Espíritu Santo, quien distribuye generosamente dones y carismas entre todos los fieles, propiciando la constante renovación y edificación de la Iglesia. “Dispensa entre los fieles de cualquier condición sus dones, con los que los hace aptos para ejercer diversas obras útiles para la edificación de la Iglesia,” explicó, citando la vitalidad de la vida consagrada y la floreciente diversidad de asociaciones eclesiales como “ejemplos luminosos de la variedad y de la fecundidad de los frutos espirituales para la edificación del Pueblo de Dios.”

Al finalizar su catequesis, durante los saludos a los fieles de lengua árabe, el Santo Padre extendió su mensaje, señalando que el “cristiano está llamado a ser instrumento de paz, amor y reconciliación, para que la verdadera paz pueda prevalecer entre todos los pueblos.” Esta exhortación universal subraya la dimensión práctica de la fe y la responsabilidad de cada bautizado en la construcción de un mundo más justo y fraterno. La Audiencia General, con sus profundas enseñanzas teológicas y sus llamadas a la acción, reforzó la visión de una Iglesia dinámica y participativa, donde la fe no es solo recibida, sino activamente vivida y transmitida por cada uno de sus miembros.

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