El Sumo Pontífice, Papa León XIV, recibió este 30 de enero a los obispos de Perú en el Vaticano, marcando el cierre de su quinquenal visita *ad limina*. En un encuentro cargado de emotividad y resonancia personal, el Santo Padre transmitió a la delegación episcopal peruana un mensaje profundo de afecto, unidad y un llamado explícito a la revitalización de la fe a través de una vida inspirada en los Apóstoles. Este evento subraya el vínculo particular que Su Santidad mantiene con la nación andina, donde sirvió pastoralmente por más de dos décadas.
La visita *ad limina apostolorum*, una tradición que convoca a los obispos de todo el mundo a Roma para presentar informes sobre el estado de sus diócesis y venerar las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo, encontró en esta ocasión un eco singular en las palabras del Papa. Dirigiéndose a los prelados en un español fluido, León XIV enfatizó: “Quiero que transmitan a mis queridos hijos del Perú que el Papa los lleva en su corazón y los recuerda con afecto, de modo especial en la oración.” Este gesto inicial resonó profundamente, reafirmando el lazo espiritual que une al Obispo de Roma con el pueblo peruano y la importancia del catolicismo en la región.
Durante la audiencia en el Palacio Apostólico, en la que Monseñor Carlos García Camader, presidente del episcopado peruano, tuvo ocasión de dirigirse al Santo Padre, el Pontífice también hizo hincapié en la relevancia del encuentro al coincidir con el 300° aniversario de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo. Este notable arzobispo de Lima, patrono del episcopado latinoamericano, fue presentado por el Papa como un modelo a seguir, instando a los obispos a “leer con la mirada de fe la realidad que hoy afrontamos”, sugiriendo una profunda reflexión sobre los desafíos contemporáneos a la luz de la tradición y la santidad.
Previamente a esta visita, los obispos peruanos habían compilado exhaustivos informes detallando la situación de sus respectivas Iglesias locales. El Papa León XIV les aseguró que estos documentos “han sido leídos con atención”, demostrando su compromiso con las realidades pastorales de cada diócesis. Esta atención meticulosa se enraíza en su propia experiencia; Su Santidad sirvió en Perú durante más de dos décadas antes de ascender al Solio Pontificio, una trayectoria que le brindó un conocimiento íntimo de las alegrías, las luchas y la fe inquebrantable del pueblo peruano, consolidando su afecto por la Iglesia en Perú.
El corazón del discurso papal giró en torno a una máxima antigua, aún vigente: “Vivir *ad instar Apostolorum*”, es decir, “a la manera de los Apóstoles”. El Pontífice presentó esta forma de vida como la clave para abordar los múltiples desafíos que actualmente enfrenta la Iglesia en Perú y, por extensión, en toda la región de América Latina. Subrayó que esta invitación implica una existencia marcada por la sencillez evangélica, la valentía inquebrantable frente a las adversidades y una total disponibilidad para dejarse guiar por la voluntad divina, elementos fundamentales que caracterizaron a los primeros seguidores de Cristo.
Esta forma de vida apostólica, explicó el Papa León XIV, es intrínsecamente ligada a la tarea de “custodiar y promover la unidad y la comunión” dentro de la Iglesia. Afirmó con contundencia que “la credibilidad de nuestro anuncio pasa por una comunión real y afectiva entre los pastores, y entre estos y el Pueblo de Dios, superando divisiones, protagonismos y toda forma de aislamiento”. Este llamado a la cohesión es vital en un contexto donde las polarizaciones pueden minar el testimonio cristiano, enfatizando la necesidad de un liderazgo que unifique y construya puentes para fortalecer la fe y los desafíos pastorales.
Además, la visión de “vivir como los Apóstoles” demanda “una renovada fidelidad al Evangelio, que ha de ser anunciado de manera íntegra”, y una entrega total al ministerio confiado. Implica, también, “hacerse cercanos a cuantos nos fueron confiados, interesándonos por ellos, compartiendo su vida y su camino”. Esta cercanía pastoral es esencial para una Iglesia que busca encarnarse en las realidades de su gente, comprender sus esperanzas y sufrimientos, y ofrecer un mensaje de consuelo y esperanza genuino que resuene con las necesidades del pueblo peruano.
Antes de concluir su alocución, el Pontífice reiteró su profunda conexión emocional con Perú: “El Perú ocupa un lugar especial en mi corazón”, dijo. “Allí compartí con ustedes alegrías y fatigas, aprendí la fe sencilla de su gente y experimenté la fuerza de una Iglesia que sabe esperar aún en medio de las pruebas”. Concluyó animando a los obispos a “hacer fructificar en el hoy de la Iglesia del Perú la herencia que han recibido de los santos Toribio, Rosa, Martín y Juan, entre tantos otros”, invitándolos a ser custodios y propagadores de la rica tradición de santidad peruana, que incluye a figuras tan veneradas como Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres.
Finalmente, el Papa León XIV encomendó a la nación andina a la “intercesión maternal de la Santísima Virgen María de la Merced”, e impartió con beneplácito la Bendición Apostólica. Esta bendición se extendió no solo a los obispos, sino también a los sacerdotes, la vida consagrada y “a todo el querido pueblo peruano, especialmente a quienes más necesitan fortaleza y consuelo”, sellando el encuentro con un mensaje de esperanza y protección divina para toda la población.






Agregar comentario