Su Santidad, el Papa León XIV, realizó una significativa visita pastoral este domingo a la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, ubicada en el vibrante y socialmente complejo barrio de Castro Pretorio, a escasos metros de la emblemática estación Termini de Roma. Este encuentro forma parte del itinerario cuaresmal del Pontífice por diversas parroquias de la capital italiana, un recorrido que busca acercar la figura papal a las comunidades y renovar el mensaje evangélico en preparación para la Pascua.
La elección de Castro Pretorio para esta parada no fue casual. La zona es un crisol de realidades, donde convergen estudiantes, trabajadores, inmigrantes de diversas latitudes, jóvenes refugiados y una considerable población de personas sin hogar. Esta diversidad genera un paisaje urbano de marcados contrastes sociales, donde la vulnerabilidad y la exclusión, en ocasiones, dan pie a focos de violencia, evidenciando los retos que afrontan las sociedades contemporáneas. La Iglesia local, a través de proyectos específicos, desempeña un papel crucial en el apoyo a estos colectivos desfavorecidos.
Durante su homilía, el Papa León XIV centró su mensaje en el redescubrimiento profundo del Bautismo como cimiento de la libertad auténtica y de una vida renovada en Cristo. Destacó que el período de Cuaresma representa una “oportunidad invaluable para reconectar con la riqueza de este sacramento”, permitiendo a los fieles “vivir plenamente como criaturas transformadas gracias a la encarnación, muerte y resurrección de Jesús”.
El Pontífice explicó cómo las lecturas del día —el relato del Génesis sobre la creación y la narración evangélica de las tentaciones de Jesús— iluminan la gracia del Bautismo, que “interactúa con nuestra libertad”. En su análisis del Génesis, el Santo Padre clarificó que el relato no se centra en una “prohibición estricta, como a menudo se interpreta”, sino que pone de manifiesto la capacidad del ser humano para “reconocer y aceptar la alteridad de su Creador”.
No obstante, advirtió sobre la influencia de la serpiente, que “insinúa la arrogancia de querer difuminar cualquier distinción entre la creación y el Creador”, seduciendo con “la quimera de equipararse a Dios”. El Papa contrapuso esta ilusión con el dilema que, según él, plantea el Evangelio: “¿Puedo alcanzar la plenitud de mi existencia al decir ‘sí’ a Dios, o debo desprenderme de Él para ser verdaderamente libre y feliz?”.
La respuesta, afirmó con convicción, reside en la figura de Cristo. Citando la constitución pastoral *Gaudium et spes* del Concilio Vaticano II, promulgada por el Papa Pablo VI en 1965, el Santo Padre subrayó que “es en el misterio del Verbo encarnado donde el misterio del hombre encuentra su verdadera luz”. Así, Jesús, al resistir las tentaciones, “nos muestra al hombre nuevo, al hombre liberado, la epifanía de la libertad que se materializa al decir ‘sí’ a Dios”.
León XIV enfatizó que “esta nueva humanidad tiene su origen en la fuente bautismal”. Añadió que el Bautismo es “una voz interna que nos impulsa a conformarnos a Jesús, liberando nuestra propia libertad para que encuentre su máxima expresión en el amor hacia Dios y hacia el prójimo”. Frente a una concepción de la libertad limitada al poder individual, el Pontífice propuso una libertad que se manifiesta en la entrega y el servicio: “No es una búsqueda de poder personal, sino un amor que se comparte y que nos une a todos como hermanos y hermanas”.
El Papa también dirigió su mirada al contexto específico de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, estratégicamente ubicada cerca de la estación Termini, un punto neurálgico que condensa las contradicciones sociales de Roma. “En pocos metros se pueden palpar las realidades más opuestas de nuestro tiempo: la despreocupación de quienes viajan con todas las comodidades y la desventura de quienes carecen de un techo; las vastas potencialidades para el bien y la expansión de la violencia; el anhelo de trabajar con dignidad y el oscuro entramado del comercio ilícito de drogas y la prostitución”, reflexionó el Pontífice.
Ante este panorama, animó fervientemente a la comunidad parroquial a abrazar su misión: “Vuestra parroquia está llamada a hacerse cargo de estas realidades, a ser fermento del Evangelio en el tejido del territorio, a erigirse como signo palpable de cercanía y de caridad”, señaló, expresando su gratitud a los Salesianos por su incansable labor, que calificó como “una pequeña llama de luz y de esperanza” en un entorno desafiante.
La llegada del Pontífice al templo poco después de las 8:15 de la mañana fue recibida con un efusivo aplauso por parte de los fieles congregados en el patio parroquial, acompañado del repique festivo de las campanas, que anunciaba su presencia. El Santo Padre saludó con afecto a los representantes de los diversos grupos parroquiales —jóvenes, niños de catequesis, voluntarios, familias y personas asistidas por la comunidad—, que sumaban cientos de asistentes.
La fachada de la iglesia lucía una pancarta con la inscripción “Bienvenido, Papa León XIV”, mientras que en el patio destacaba un retrato del Pontífice con la imagen de San Juan Bosco al fondo. En la piedra de la basílica, permanece esculpido el escudo de León XIII, un detalle que evoca el vínculo histórico entre el santo fundador de los Salesianos y el Papa de la encíclica *Rerum novarum*, una tradición de servicio y compromiso social que León XIV quiso remarcar con su visita.
Entre las personalidades que le dieron la bienvenida se encontraban el Cardenal Baldassare Reina, vicario del Papa para la diócesis de Roma; el Cardenal Giuseppe Versaldi, titular de la parroquia y prefecto emérito de la Congregación para la Educación Católica; el párroco, don Javier Ortiz Rodríguez, y el rector mayor de los Salesianos, padre Fabio Attard. También estuvieron presentes representantes de varias comunidades religiosas vinculadas a la parroquia, como las Hijas de María Auxiliadora, las Clarisas Franciscanas Misioneras del Santísimo Sacramento y las Misioneras de Cristo Resucitado.
Antes de retirarse a la sacristía para la preparación eucarística, León XIV intercambió unas breves palabras con los fieles y con la prensa. “Recemos por la paz”, instó al pasar junto a los periodistas. Poco después, agradeció la cálida acogida: “Gracias por esta alegría. Qué hermoso encontrarse en un lugar donde todos son bienvenidos”, expresó espontáneamente, tras escuchar a dos jóvenes que le presentaron la historia y las actividades de la parroquia.





