Ciudad del Vaticano, 11 de marzo de 2026 – Durante la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, el Papa León XIV impartió su bendición a un recién nacido, un momento emotivo que enmarcó su catequesis sobre el Concilio Vaticano II. Esta semana, el Sumo Pontífice se centró en la “Constitución dogmática *Lumen Gentium*” y su profunda reflexión sobre la dimensión jerárquica de la Iglesia, firmemente anclada en el fundamento de los Apóstoles.
Ante miles de fieles congregados, Su Santidad abordó la naturaleza inherente de la Iglesia Católica, delineándola no solo como el Pueblo de Dios, concepto tratado en catequesis anteriores, sino también en su estructura jerárquica. La Iglesia, explicó el Santo Padre, encuentra su raíz inquebrantable en los Apóstoles, elegidos por Cristo mismo para ser los pilares vivientes de Su Cuerpo Místico. Esta organización jerárquica, lejos de ser una mera estructura administrativa, opera al servicio de la unidad de la fe, la propagación de la misión evangélica y la santificación de sus miembros. El Papa enfatizó que este orden sagrado se mantiene inalterable, cimentado en el testimonio de los Apóstoles, quienes fueron testigos directos de la resurrección de Jesús y enviados por Él para llevar su mensaje al mundo. La misión de custodiar fielmente las enseñanzas salvíficas se extiende a través del tiempo, ya que los Apóstoles transmitieron su ministerio a sucesores que, hasta el regreso de Cristo, continúan santificando, guiando e instruyendo a la comunidad de creyentes.
La reflexión papal se adentró en el capítulo III de la *Lumen Gentium*, titulado “Constitución jerárquica de la Iglesia y particularmente del episcopado”. Este segmento del documento conciliar, explicó el Pontífice, profundiza en la esencial sucesión apostólica, un principio arraigado tanto en las Escrituras como en la Tradición eclesiástica. El Concilio Vaticano II, según el Papa León XIV, dejó claro que la estructura jerárquica de la Iglesia no es una invención humana, sino una institución de origen divino. Su propósito fundamental es perpetuar, hasta el fin de los tiempos, la misión redentora que Jesucristo encomendó a sus Apóstoles. Es crucial comprender, subrayó el Papa, que el abordaje de esta temática después de explorar la esencia del Pueblo de Dios no sugiere una precedencia temporal. Por el contrario, citando el Decreto *Ad Gentes*, el Pontífice recordó que los Apóstoles fueron tanto “los gérmenes del nuevo Israel” como el “origen de la sagrada Jerarquía”, indicando una co-originación intrínseca de la Iglesia como comunidad redimida y su estructura de servicio.
Al analizar la intención conciliar, el Santo Padre invitó a una lectura cuidadosa del título del capítulo III de *Lumen Gentium*, que articula la estructura fundamental de la Iglesia, recibida de Dios Padre a través del Hijo y consumada por la efusión del Espíritu Santo. El término “constitución” en este contexto, advirtió el Papa, no debe interpretarse en un sentido moderno de organización social. Más bien, el documento conciliar se enfoca en el “sacerdocio ministerial o jerárquico”, diferenciándolo “esencialmente y no solo en grado” del sacerdocio común de todos los fieles. Ambos se ordenan mutuamente y participan del único sacerdocio de Cristo. El Papa León XIV detalló cómo el ministerio se confiere a hombres investidos de una “sacra potestas” –poder sagrado– para el servicio dentro de la Iglesia. El documento se detiene especialmente en el episcopado, del que se derivan el presbiterado y el diaconado, como distintos grados dentro del único sacramento del Orden. El adjetivo “jerárquica”, concluyó el Papa, subraya el origen sagrado del ministerio apostólico, emanado de la acción de Jesús, el Buen Pastor.
Los obispos, y por extensión los presbíteros y diáconos, reciben responsabilidades o “munera” que los sitúan al servicio del Pueblo de Dios, con el fin supremo de que todos los bautizados “alcancen la salvación” al tender “libre y ordenadamente a un mismo fin”. La *Lumen Gentium* enfatiza repetidamente el carácter colegial y de comunión inherente a esta misión apostólica, reafirmando que la tarea confiada por el Señor a los pastores es un verdadero servicio, denominado con propiedad “diaconía” o ministerio en la Sagrada Escritura. En este sentido, el Papa León XIV recordó la visión de San Pablo VI, quien describió la jerarquía como una realidad “nacida de la caridad de Cristo para realizar, difundir y garantizar la transmisión intacta y fecunda del tesoro de fe, del ejemplo, de preceptos, de carismas, dejado por Cristo a su Iglesia”. Esta perspectiva subraya que la autoridad en la Iglesia es, ante todo, un ejercicio de amor y servicio desinteresado.
Al cerrar su catequesis, el Santo Padre hizo un llamado ferviente a la oración: que el Señor envíe a su Iglesia ministros dotados de ardiente caridad evangélica, profundamente entregados al bienestar de todos los bautizados y valientes misioneros, capaces de llevar el mensaje de Cristo a cada rincón del mundo. La reflexión del Papa León XIV no solo ilumina un aspecto fundamental de la doctrina católica, sino que también ofrece una guía para comprender la misión perenne de la Iglesia en el contexto actual, reafirmando que su estructura, aunque antigua, sigue siendo vital para su propósito divino.




