Manchester, Inglaterra – La Iglesia Católica está evaluando la vida de Pedro Ballester, un joven inglés fallecido a los 21 años, ante una creciente demanda para que se inicie su proceso de canonización. Su historia de fe, sacrificio y amor incondicional a Dios, vivida en medio de una grave enfermedad, ha conmovido a miles de personas alrededor del mundo, evocando paralelos con figuras como el beato Carlo Acutis y el venerable Pier Giorgio Frassati.
Pedro Ballester partió de este mundo el 13 de enero de 2018, a la temprana edad de 21 años, tras una valiente batalla contra un cáncer de huesos. Su breve existencia estuvo marcada por una profunda vida de oración y virtud, elementos que ahora están siendo minuciosamente examinados. Representantes del Vaticano, en colaboración con la Prelatura del Opus Dei, están llevando a cabo entrevistas con sus familiares y amigos, un paso preliminar crucial para determinar la apertura formal de su causa de beatificación y canonización.
El Padre Joseph Evans, capellán de Greygarth Hall en Manchester, quien acompañó a Ballester durante su último año, destacó la radicalidad de su entrega. “Personas como Pedro y el beato Carlo Acutis no dejaron opciones abiertas. Se entregaron por completo a Dios”, afirmó Evans en declaraciones a EWTN News, subrayando cómo ambos encontraron una profunda felicidad en esta entrega, incluso en medio del sufrimiento más intenso. Evans añadió que esta total dedicación a lo espiritual atrae particularmente a la juventud en un mundo contemporáneo, a menudo percibido como “blando y consumista”, demostrando que el sacrificio personal y el compromiso con la fe son valores que todavía resuenan.
Nacido en el seno de una familia católica practicante, Pedro Ballester creció en un hogar donde sus padres, de origen español, eran miembros casados del Opus Dei. Esta prelatura personal de la Iglesia Católica, fundada en España por San Josemaría Escrivá de Balaguer, influyó profundamente en su formación espiritual. En 2013, Ballester decidió unirse al Opus Dei como miembro numerario, un compromiso que implicaba el celibato de por vida y la vivencia del carisma de la institución en el mundo secular.
Su vida universitaria, inicialmente prometedora, tomó un giro inesperado. Tras conseguir una plaza en el Imperial College de Londres para estudiar ingeniería química, Pedro comenzó a experimentar intensos dolores de espalda durante su primer semestre. Poco después, le diagnosticaron un cáncer avanzado en la pelvis, una noticia devastadora que enfrentó con una fe inquebrantable.
A lo largo de su enfermedad, Pedro Ballester se convirtió en una presencia luminosa en el Hospital Christie’s de Manchester, donde recibía su tratamiento oncológico. Pacientes y enfermeras por igual testimoniaron su bondad y un espíritu de santidad palpable. Se dedicó a establecer vínculos de amistad genuina con quienes compartían su dolor y con el personal médico, mostrando un profundo interés por sus vidas y sus preocupaciones más allá del hospital. “Se hizo muy amigo de ellos, se interesaba genuinamente por ti. Inspiraba a la gente de una forma muy natural. Conectaba con la gente y les hablaba de Dios”, relató el Padre Evans, enfatizando su capacidad innata para la evangelización a través de la amistad.
Un episodio particularmente conmovedor fue su encuentro con el Papa Francisco en Roma, en noviembre de 2015. Pedro entregó personalmente al Pontífice una tarjeta firmada por sus compañeros de quimioterapia. Su padre, también llamado Pedro, recordó las palabras de su hijo al Papa: “Solo quería hacerte saber que tengo cáncer y te ofrezco todo mi sufrimiento por ti y por la Iglesia”. Este acto de profunda entrega marcó un período en el que su dolor se intensificó, pero su espíritu de ofrecimiento permaneció firme hasta su fallecimiento.
El Padre Evans reflexionó sobre la manera en que Ballester afrontó su enfermedad: “Se unía al sufrimiento de Cristo. El dolor que sentía era un gran compartir de la pasión de Cristo, ofreciendo ese sufrimiento a Cristo por las almas, por la salvación. Sobre todo, decía que la mejor forma de oración era ofrecer nuestro sufrimiento”. Esta perspectiva transformó su agonía en un acto constante de amor y redención.
El Opus Dei, que promueve activamente la causa de santidad de Ballester, alberga la esperanza de que este joven siga los pasos de figuras juveniles inspiradoras como el beato Carlo Acutis, el “ciberapóstol” italiano que utilizó la tecnología para difundir la fe, y el venerable Pier Giorgio Frassati, un laico italiano conocido por su servicio a los pobres en Milán. Estas comparaciones resaltan la relevancia de Pedro Ballester como un modelo de santidad para el siglo XXI.
Jack Valero, del Opus Dei, comentó a EWTN News sobre la creciente aparición de jóvenes modelos de fe: “Parece haber toda una serie de personas, una nueva generación de católicos que van a liderar el camino. Dios dice que, ahora en el siglo XXI, ‘Les voy a dar un montón de personas que serán modelos para los jóvenes’”. Valero describió a Pedro como una persona “especial” y “muy amigable” que irradiaba felicidad, incluso en las circunstancias más adversas, demostrando que “estar cerca de Dios es ser feliz”.
La “capacidad de Ballester para hacer amigos” se convirtió en una poderosa herramienta evangelizadora. Consciente de la brevedad de su tiempo, Pedro Ballester solía preguntar a sus conocidos: “¿Vas a misa? ¿Te sientes bien con Dios? ¿Te portas bien con la gente?”. Esta forma sencilla y directa de conectar con los demás tuvo un profundo impacto, acercando a muchos a una reflexión sobre su espiritualidad.
La historia de Pedro Ballester ha trascendido fronteras, generando devoción en lugares tan diversos como México, España y Kenia. Una estampa con una oración pidiendo su intercesión ha sido traducida a 28 idiomas, un testimonio tangible de su impacto global. Además, se ha estrenado un documental titulado “Un amigo en el cielo”, que profundiza en su corta pero significativa vida, presentándolo como un “estudiante con un don de amistad y amor por Dios”.
Aunque el Padre Evans instó a la cautela mientras la Iglesia discierne el camino hacia la santidad de Pedro, reconoció la magnitud del fenómeno: “Le encantaba charlar con la gente. Era muy generoso. Hay un tremendo fenómeno espontáneo de devoción hacia él en todo el mundo”. La expectación crece en torno a este joven de Manchester, cuyo ejemplo de vida y entrega continúa inspirando a una nueva generación de creyentes a vivir su fe con pasión y radicalidad.





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