14 marzo, 2026

Río de Janeiro, la vibrante “Cidade Maravilhosa”, ha comenzado uno de los períodos más significativos de su calendario religioso, la “Trecena” en honor a San Sebastián, su venerado patrono. Este especial tiempo de devoción, que se extiende por trece días, arrancó el 7 de enero y culminará el 19 de enero, preparando el terreno para la gran festividad del santo mártir, el 20 de enero. Bajo el lema “San Sebastián, Misionero de la Comunión y de la Unidad” y con la exhortación “Alegres en la Esperanza, fuertes en la tribulación, perseverantes en la oración y enviados en Misión”, la Arquidiócesis de Río de Janeiro busca revitalizar la fe de sus feligreses y reafirmar el compromiso de la ciudad con valores de justicia, humanidad y fraternidad.

La Trecena, a diferencia de una novena tradicional de nueve días, se extiende por trece jornadas, una tradición arraigada en la piedad popular carioca para honrar a su protector. Durante este período, la imagen peregrina de San Sebastián se convierte en el epicentro de un verdadero despliegue misionero, recorriendo un amplio espectro de la vida urbana. Desde parroquias y comunidades eclesiales hasta hospitales, instituciones públicas y centros de servicio social, la efigie del santo se hace presente, llevando consigo un mensaje de esperanza y consuelo, y propiciando encuentros de oración y celebración con miles de “cariocas”. Esta iniciativa subraya la visión de la Arquidiócesis de llevar la fe más allá de los templos, integrándola activamente en el tejido social de la metrópolis.

El Cardenal Orani João Tempesta, Arzobispo de Río de Janeiro, enfatizó la importancia de este evento como una “oportunidad para la misión popular”. En sus declaraciones, el prelado subrayó que la Trecena no es solo un acto devocional, sino una manifestación tangible de la fe viva que anima a la ciudad. “Los 13 días de San Sebastián nos unen como Iglesia y, al mismo tiempo, nos colocan con nuestra misión en esta ciudad”, afirmó el Cardenal Tempesta, delineando la profunda conexión entre la identidad religiosa de Río y su vocación de servicio.

San Sebastián, un soldado romano martirizado por su fe cristiana en el siglo III, es una figura de gran resiliencia y convicción. Su historia, marcada por la lealtad inquebrantable a sus creencias a pesar de la adversidad y la persecución, resuena profundamente en la identidad de Río de Janeiro. Nombrada originalmente “São Sebastião do Rio de Janeiro” por los exploradores portugueses, la ciudad ha forjado una relación especial con su patrono, viéndolo no solo como un intercesor espiritual, sino también como un símbolo de la propia capacidad de la urbe para enfrentar desafíos y levantarse con renovada fuerza.

La peregrinación de la imagen por diversas instituciones de la ciudad es un reflejo de este espíritu. Al visitar hospitales, por ejemplo, se lleva un bálsamo de esperanza a los enfermos y sus familias, recordándoles la presencia consoladora de la fe en momentos de vulnerabilidad. La presencia en instituciones públicas busca bendecir a quienes tienen la responsabilidad de servir a la comunidad, invitándoles a la reflexión sobre el bien común. Esta estrategia misionera de “salir al encuentro” de las personas en sus propios entornos es una característica distintiva del pontificado del Papa Francisco, y la Arquidiócesis de Río la ha adoptado con entusiasmo, utilizando la figura carismática de San Sebastián como un puente entre la fe y la vida cotidiana.

El lema de la Trecena, “Alegres en la Esperanza, fuertes en la tribulación, perseverantes en la oración y enviados en Misión”, encapsula un mensaje de fortaleza espiritual y compromiso social. En una ciudad marcada por contrastes sociales, desafíos urbanos y la necesidad constante de cohesión, este llamado a la unidad y la esperanza adquiere una resonancia particular. El Cardenal Tempesta destacó que la ciudad de San Sebastián es “una ciudad que reza, camina y tiene grandes responsabilidades en un mundo más justo, más humano y más fraterno”. Esta visión no solo interpela a los fieles, sino que extiende una invitación a todos los habitantes de Río a contribuir activamente a la construcción de una sociedad más solidaria.

La celebración de la Trecena es también un evento cultural de gran envergadura, que anualmente congrega a miles de personas, católicos y no católicos, en un ambiente de fervor y tradición. Las calles se llenan de color, cánticos y oraciones, tejiendo un tapiz que refleja la rica herencia religiosa y la diversidad cultural de Brasil. Este período pre-festivo culminará el 20 de enero con la solemne fiesta de San Sebastián, que tradicionalmente incluye una multitudinaria procesión por el centro de la ciudad, uniendo a la comunidad en una expresión pública de fe y devoción.

En definitiva, la Trecena de San Sebastián en Río de Janeiro trasciende la mera observancia religiosa para convertirse en un poderoso motor de cohesión social y renovación espiritual. Es un recordatorio de que, a pesar de las “flechas” de los desafíos que la ciudad pueda enfrentar, el espíritu de Río, al igual que su patrono, permanece en pie, fortalecido por la fe, la esperanza y un inquebrantable compromiso con la misión de construir un futuro más justo y unido para todos sus habitantes. La peregrinación de la imagen es un eco tangible de este anhelo, llevando la bendición y el mensaje de San Sebastián a cada rincón de la capital carioca.

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