13 marzo, 2026

El sacerdote mexicano José Filiberto Velázquez Florencio, conocido afectuosamente como “Padre Fili”, se ha visto obligado a abandonar su hogar y comunidad en el estado de Guerrero tras recibir nuevas amenazas directas del crimen organizado contra su vida. Con una convicción inquebrantable de que “la paz merece dar la vida”, el presbítero reafirma su compromiso con la reconciliación y la justicia, incluso desde un refugio temporal. Su partida, confirmada este 13 de enero desde un lugar seguro, subraya la peligrosa realidad que enfrentan los defensores de derechos humanos en regiones de alta conflictividad en México.

La decisión de abandonar Guerrero no fue tomada a la ligera. El Padre Velázquez Florencio, adscrito a la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa, reveló a medios de comunicación que su salida se debió a un “riesgo inminente” respaldado por información de primera mano sobre planes para atentar contra su integridad. Aunque previamente había resistido intentos de agresión, la persistencia y seriedad de las amenazas actuales hicieron insostenible su permanencia. “Ya lo habían intentado sin éxito, pero ahora seguían buscando cómo”, declaró el sacerdote, quien hasta el último momento había considerado suficiente su protección existente para continuar su labor.

**La Decisión Inevitable: Preocupación Episcopal y Medidas de Protección**

La determinación de su partida fue influenciada significativamente por la preocupación de sus superiores y colegas eclesiásticos. Monseñor José de Jesús González Hernández, obispo de Chilpancingo-Chilapa, junto con el clero diocesano y la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), instaron al Padre Fili a priorizar su seguridad. La conclusión fue que “era mejor salir, bajar el perfil para que disminuyera el riesgo”, una medida drástica para salvaguardar su vida.

Desde al menos 2024, el sacerdote ya formaba parte del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, un sistema gubernamental implementado para salvaguardar a individuos en riesgo por su labor. Sin embargo, este esquema, aunque fundamental, no fue suficiente para contrarrestar la escalada de la violencia y la determinación de los grupos criminales. Ya el domingo 4 de enero, Monseñor González Hernández había informado a los medios sobre la suspensión de las responsabilidades pastorales del sacerdote por motivos de seguridad, expresando la profunda preocupación de la Iglesia ante la vulnerabilidad del Padre Fili.

**Una Vida Entregada a las Víctimas de la Violencia**

El ministerio del Padre Velázquez Florencio ha estado intrínsecamente ligado al acompañamiento de las comunidades más afectadas por la violencia en Guerrero. Como director del Centro de Derechos de las Víctimas de Violencia Minerva Bello, ha sido una voz incansable para quienes sufren desplazamiento forzado, para los familiares de personas desaparecidas y para aquellos golpeados por la brutalidad del crimen. Además, su labor se extiende a la Casa del Peregrino, un albergue que ofrece refugio y esperanza a migrantes y otras víctimas de la crisis humanitaria.

Su profundo compromiso con la paz lo llevó incluso a establecer contacto con líderes criminales, buscando vías de diálogo impulsadas por la Iglesia Católica. Esta iniciativa, en un momento, logró una tregua temporal en Chilpancingo, demostrando el potencial de la mediación eclesiástica en contextos de conflicto.

**Antecedentes de Agresiones y un Guerrero Asediado**

La reciente partida del Padre Fili no es un hecho aislado, sino la culminación de un patrón de amenazas y ataques. En octubre de 2023, fue blanco de un atentado armado mientras transitaba por una carretera de Guerrero, un ataque que atribuyó directamente a su incansable trabajo en la defensa de los derechos humanos. Meses después, en julio de 2024, denunció una “persecución persistente y amenazante” por parte de hombres armados que lo acosaron en su vehículo hasta que logró evadirlos. A esto se suman las recurrentes advertencias de muerte (“dar piso”) que ha recibido a través de sus redes sociales, evidenciando la constante vigilancia y el peligro que lo rodeaba.

El estado de Guerrero es, lamentablemente, uno de los territorios más volátiles de México, un escenario de constantes disputas territoriales entre poderosos grupos criminales como Los Ardillos, Los Tlacos, Guerreros Unidos, La Familia Michoacana, el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel de la Sierra. Estas facciones se enfrentan por el control de rutas de narcotráfico, cultivas ilícitos (marihuana y amapola) y el estratégico puerto de Acapulco, punto clave para el tráfico de cocaína desde Sudamérica, así como por la extorsión generalizada que asola a la población.

Las cifras de violencia en Guerrero son alarmantes. Según datos recientes que abarcan el sexenio de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024), se registraron 9,516 homicidios, posicionando al estado como el octavo más violento del país en ese periodo. En el inicio de la administración actual, que incluye el periodo de Claudia Sheinbaum Pardo, se han contabilizado 1,762 homicidios hasta la fecha de este reporte, situando a Guerrero en el sexto lugar a nivel nacional en incidencia de asesinatos.

**”La Paz Merece Dar la Vida”: Resiliencia y Fe**

A pesar de la tristeza y la angustia que le ha provocado el forzado alejamiento de su comunidad, así como la incertidumbre de un posible regreso, el Padre Velázquez Florencio se siente “edificado espiritualmente, emocionalmente”. Ha encontrado consuelo en la generosidad de quienes lo han acogido y en el apoyo de innumerables personas que oran por su seguridad, lo que, asegura, ha fortalecido su relación íntima con Dios.

Desde su exilio temporal, el sacerdote reafirma su convicción inquebrantable. “Yo creo que por la paz merece dar la vida, no me arrepiento, yo creo que lo volvería a hacer y lo seguiría haciendo”, aseguró, demostrando una resiliencia extraordinaria frente a la adversidad.

A las comunidades que sufren bajo el yugo de la violencia, el Padre Fili les dirigió un mensaje de esperanza, enfatizando que, aunque la angustia sea abrumadora, “la solución viene desde el compromiso en la oración, sencilla, pero constante”. En momentos de desesperación, insta a confiar en la providencia divina: “lo único que queda es dejar tu vida en manos de Dios… Dios va a estar ahí siempre”. Aseguró que, incluso sin poder celebrar Misa públicamente por el momento, continuará su labor pastoral dondequiera que se encuentre, convencido de que siempre habrá necesidades de acompañar. La historia del Padre Fili es un recordatorio de los sacrificios que muchos hacen en nombre de la paz y la justicia en un México asediado por la violencia.

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