La comunidad católica de Ecuador y España se encuentra de luto tras el trágico fallecimiento de dos presbíteros, el Padre Alfonso Avilés Pérez y el Padre Pedro Anzoátegui, quienes perdieron la vida en un acto de extraordinario heroísmo a mediados de marzo. Ambos sacerdotes se ahogaron en las aguas de Playas, una localidad costera en Ecuador, luego de rescatar exitosamente a dos monaguillos que se encontraban en peligro inminente de perecer en el mar. Este suceso, que ha conmovido a la nación, subraya el profundo compromiso y la entrega incondicional al prójimo que caracterizó sus ministerios sacerdotales.
El incidente tuvo lugar durante un retiro de Cuaresma para monaguillos, un encuentro de formación y espiritualidad en el que participaban jóvenes de diversas parroquias. Según los relatos, mientras los menores disfrutaban de un momento en el agua, la fuerza de la corriente o alguna circunstancia imprevista los puso en grave riesgo. Sin dudarlo, el Padre Avilés Pérez, de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote y párroco de San Alberto Magno en la Diócesis de Daule, y el Padre Anzoátegui, quien había servido en la Diócesis de San Jacinto, se lanzaron al rescate. Su intervención fue crucial para poner a salvo a los jóvenes, quienes afortunadamente lograron salir ilesos de las turbulentas aguas. Sin embargo, el esfuerzo y las condiciones del mar les cobraron la vida a ambos religiosos, quienes no pudieron regresar a la orilla.
Martha de Murillo, quien fue secretaria del Padre Alfonso durante más de dos décadas, compartió con medios de prensa el emotivo testimonio del Padre Lope Pascual, superior de la comunidad del Padre Avilés Pérez. Durante una homilía ofrecida el sábado posterior a la tragedia, el Padre Lope narró el desgarrador momento: “Son dos monaguillos que han estado en peligro de ahogarse y los padres han venido a rescatarlos y salieron los monaguillos, gracias a Dios, pero lamentablemente los padres no”. Este testimonio confirmó la naturaleza sacrificial del acto y la valentía de los sacerdotes. El diario ecuatoriano El Mercurio también reportó que todos los jóvenes participantes del retiro se encontraban física y emocionalmente estables, y fueron oportunamente trasladados a sus hogares.
La noticia del heroico sacrificio se propagó rápidamente, generando una ola de condolencias y homenajes. El Cardenal Luis Cabrera, Arzobispo de Guayaquil, visiblemente conmovido, presidió una Eucaristía en la que encomendó a los sacerdotes a la misericordia divina y solicitó oraciones por “nuestros hermanos Alfonso y Pedro, a quienes el Señor, en estas circunstancias, hoy los colma de su gracia y bendición”. La Parroquia San Alberto Magno, a través de un comunicado, destacó que el Padre Avilés “perdió la vida al rescatar a un monaguillo que se encontraba en peligro de ahogarse” y que “partió a la Casa del Padre entregándose generosamente por quienes le fueron confiados”, resaltando su entrega incondicional.
**El Legado del Padre Alfonso Avilés Pérez: Una Vida al Servicio**
El Padre Alfonso Avilés Pérez, nacido en 1966 en Murcia, España, dejó una huella imborrable en la comunidad. Tras completar sus estudios de filosofía y teología en el Seminario de la Arquidiócesis de Guayaquil, fue ordenado sacerdote en 1990. Con más de 30 años de sacerdocio y nueve años dedicados a la Parroquia San Alberto Magno, su ministerio se caracterizó por una profunda fe, cercanía y amor por sus feligreses.
Antes de su llegada a Daule, ejerció su ministerio como párroco de Santa Teresita en Entre Ríos, donde también fortaleció la vida de fe de numerosas familias. Impulsor incansable de la evangelización, el Padre Alfonso promovió iniciativas de catequesis familiar, adoración eucarística y la formación de monaguillos, considerados pilares esenciales de su misión. En reconocimiento a su invaluable aporte espiritual y comunitario, en 2021 recibió una distinción del Municipio de Samborondón. Entre sus frases más recordadas, destacaba su lema de vida: “¡Al ataque, que la meta es el cielo!”, reflejo de su espíritu combativo y su anhelo de santidad. Su funeral fue un reflejo de la estima que se le tenía, contando con la presencia de figuras públicas como Lavina Valbonesi, Primera Dama de Ecuador y esposa del presidente Daniel Noboa, junto a Annabella Azín, madre del mandatario, quienes se unieron a los fieles en la oración y el último adiós antes de su entierro en el Panteón Metropolitano.
Jorge Rivas Izquierdo, un joven profesional que fue monaguillo del Padre Avilés, compartió su profundo pesar y sus recuerdos del sacerdote. “Nos educó en la templanza, nos inculcó el anhelo de ser caballeros, héroes, guerreros, personas de bien y buenos hijos de Dios”, rememoró Rivas. También destacó la pasión del Padre Alfonso por el mar y su insistencia en que “los mejores debíamos estar al servicio de Dios, que no podíamos ser blandengues”. Su “llama encendida” y su incansable celo apostólico lo convirtieron en una figura inspiradora para muchos.
**El Padre Pedro Anzoátegui: Un Pastor Entregado**
El Padre Pedro Anzoátegui, nacido en 1982, fue ordenado sacerdote el 20 de noviembre de 2010 en la Catedral de Guayaquil. Su ministerio lo llevó a servir en diversas comunidades, incluyendo la parroquia Santa Cruz de Durán en San Jacinto, donde acompañó a fieles y monaguillos con dedicación y entrega. También sirvió en Guayaquil, dejando una estela de fe y servicio entre quienes lo conocieron. Su sacrificio en las playas ecuatorianas es un testimonio postrero de su compromiso con la vida y la seguridad de los jóvenes bajo su cuidado.
**Reflexión Espiritual Ante la Adversidad**
En medio del dolor, Mons. Cristóbal Kudławiec, quien presidió una misa en la parroquia San Alberto Magno por el eterno descanso del Padre Avilés, ofreció un mensaje de fe y consuelo. Reconociendo la dificultad de encontrar palabras ante tal impacto, el obispo afirmó: “cuando nuestras palabras humanas no bastan, hay que hacer caso a Dios”. Subrayó que, aunque no siempre se encuentre consuelo inmediato, la fe permite comprender el mensaje divino a través de los acontecimientos. Ante las inevitables preguntas sobre los proyectos truncados de los sacerdotes o las razones de su muerte, Mons. Kudławiec recordó que la voluntad de Dios “no se equivoca y su voluntad es santa”.
El prelado profundizó en el sentido de la vida terrena, enfatizando que “sin amor a Dios y al prójimo, la vida no tiene sentido. Ni siquiera los sacrificios tienen sentido, porque esto es la esencia de la vida”. Concluyó su homilía con una expresión de profunda confianza: “Frente a esta noticia tan triste, tan impactante, nosotros solamente podemos decir, creo en ti Señor Jesús. Confío en ti Jesús”. El sacrificio del Padre Alfonso Avilés Pérez y el Padre Pedro Anzoátegui se erige así como un poderoso testimonio de amor desinteresado y fe inquebrantable, dejando un legado de heroísmo y devoción que perdurará en la memoria de las comunidades que sirvieron.




