25 marzo, 2026

Madrid se prepara para un nuevo capítulo en la historia de su Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes, con la reciente elección de Samuel Soria como su presidente. A sus 43 años, padre de tres hijos y con una profunda conexión personal con el santuario mariano, Soria asume el liderazgo de una institución dedicada al servicio y acompañamiento de enfermos y peregrinos hacia uno de los destinos de fe más emblemáticos del mundo. Su nombramiento marca un hito en la vida de una agrupación que, desde hace décadas, facilita el encuentro de miles de personas con la esperanza y la devoción que emanan de Lourdes.

La trayectoria de Samuel Soria con Lourdes no es reciente; es una herencia familiar que se remonta a su infancia, inspirada por su abuela, también miembro de la Hospitalidad. Desde los 18 años, en el año 2000, Soria ha participado en más de treinta peregrinaciones al lugar donde la Virgen María se manifestó a Santa Bernardita Subirous por primera vez el 11 de febrero de 1858. Esta constante presencia, solo interrumpida durante los dos años de la pandemia, ha forjado en él una vida dedicada a esta advocación mariana, consolidando su compromiso con los valores de la caridad y el servicio.

Para Soria, el corazón de la experiencia reside en el trato con los enfermos. Describe cómo estos individuos “abren su corazón” a los voluntarios, mostrando una gratitud profunda por una vivencia que, a menudo, sienten ausente en su día a día en Madrid. Esta conexión es, según él, la esencia de la peregrinación, un espacio donde la vulnerabilidad se encuentra con el apoyo incondicional y la valoración humana.

Esa cualidad intangible, que los enfermos perciben y valoran, es lo que Soria denomina “el misterio de Lourdes”. Admite que es una experiencia difícil de verbalizar, que trasciende la razón y se arraiga en el ámbito del espíritu y el sentimiento. “No es algo fácil de explicar con palabras porque es más del corazón; hay que ir para vivirlo y entenderlo”, afirma el nuevo presidente, subrayando la necesidad de una inmersión personal para comprender su profundidad.

El ambiente que se forja en cada peregrinación y su extensión a lo largo del año es otra piedra angular de la Hospitalidad. Para los voluntarios, la agrupación se convierte en una “pequeña familia”, un círculo de apoyo y amistad donde, incluso, Soria encontró a su esposa. Esta camaradería se extiende a la relación vital entre los hospitalarios y los enfermos, una conexión que nace en el santuario y perdura. A lo largo del año, esta relación se nutre de actividades mensuales organizadas por el grupo de jóvenes de la Hospitalidad, que incluyen visitas a centros y hogares, acompañamiento en gestiones y un apoyo constante que hace que los enfermos se sientan “muy apoyados”. Estas interacciones no solo se limitan a los días de la peregrinación, sino que construyen un tejido de asistencia y afecto continuo.

La Hospitalidad organiza grupos por tipos de enfermos (niños, madres con hijos, mujeres, personas con enfermedades infecciosas, o con dificultades de movilidad), quienes suelen residir en Madrid, ya sea en sus hogares, residencias o centros tutelados. “Puede ir todo tipo de enfermos”, destaca Soria, “en cualquier condición, con el propósito de ir a ver a la Virgen”, muchos con la íntima ilusión de presenciar un milagro. No en vano, a lo largo de más de 150 años, la Iglesia ha aprobado 72 curaciones milagrosas en Lourdes.

Si bien la esperanza de una curación física es una constante para muchos peregrinos, Soria enfatiza que la transformación más profunda a menudo es de índole espiritual. Habla de “un milagro de su corazón”, refiriéndose a la capacidad de los enfermos para aceptar, resignificar su sufrimiento, encontrar una nueva forma de vivir con sus dolencias y, en última instancia, alcanzar una paz y felicidad anheladas. Esta perspectiva amplia el concepto de milagro más allá de lo puramente físico, abarcando la sanación interior y la fortaleza espiritual.

La imagen de los peregrinos entrando a la Gruta de Massabielle, el corazón del santuario de Lourdes, es una de las que más grabadas tiene Soria en su memoria. Observa cómo llegan “desanimados, sin esperanza”, y emergen “cambiados”, imbuidos de un sentimiento de ser “queridos, valorados, mirados”. Esta metamorfosis no es efímera; se traduce en una renovada determinación al regresar a Madrid. Pacientes que antes se consideraban desahuciados o aquellos en situación de vulnerabilidad encuentran el impulso para transformar sus vidas, adherirse a tratamientos o buscar una mejor calidad de vida, recuperando la esperanza y un propósito renovado.

En este contexto de renovación, la Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes de Madrid, una agrupación laica vinculada al Arzobispado, celebra un hito con la elección de su nuevo consejo. Soria asume la presidencia “con mucha ilusión y responsabilidad”, consciente del legado de una institución que ha llevado peregrinos a Lourdes dos veces al año (en mayo y octubre) desde 1958. Gestionar una de las peregrinaciones diocesanas más grandes del mundo, superando a muchas convocatorias nacionales e internacionales, es un desafío significativo. Sin embargo, su visión es clara: asegurar la “continuidad de lo bien hecho” por sus predecesores y mantener el “enfermo como centro de toda peregrinación”. Cualquier desviación de este principio, advierte, podría desvirtuar el espíritu fundacional y la esencia de la Hospitalidad.

Entre sus objetivos de gestión, Samuel Soria se propone optimizar los procesos para los voluntarios, facilitando trámites y responsabilidades, y fortalecer los canales de comunicación entre la Hospitalidad, sus miembros y los enfermos. Esta mejora en la eficiencia y la transparencia busca potenciar la capacidad de servicio de la organización. Sin embargo, su motivación más profunda y el pilar de su gestión radica en un compromiso personal inquebrantable: “El cariño a la Virgen. Es por un servicio a la Virgen”, sentencia, resumiendo la esencia espiritual que impulsa su liderazgo y el de toda la organización. Bajo su dirección, la Hospitalidad de Lourdes de Madrid aspira a seguir siendo un faro de fe, esperanza y servicio, asegurando que la experiencia transformadora de Lourdes continúe llegando a aquellos que más lo necesitan, sostenida por una comunidad de voluntarios entregados y una devoción inquebrantable a la Virgen María.

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