4 febrero, 2026

La historia de la fe cristiana en el norte de Europa está intrínsecamente ligada a una figura monumental: San Ansgar, un monje benedictino del siglo IX, venerado como el “Apóstol del Norte”. Su audaz misión de introducir el cristianismo en las tierras escandinavas, particularmente entre los temidos vikingos, es un testimonio de coraje y perseverancia. Más de mil cien años después, su legado resuena en la labor de misioneros contemporáneos que enfrentan desafíos únicos en una región donde la fe a menudo se percibe como superflua.

El diácono permanente Kaare Nielsen, originario de Dinamarca y teólogo de formación, ofrece una perspectiva moderna sobre la misión evangelizadora de San Ansgar. Nielsen, quien ha servido anualmente durante doce años como sustituto del único sacerdote católico en Groenlandia, el P. Tomaž Majcen, conecta la epopeya del pasado con los retos actuales. Desde la gélida Groenlandia, Nielsen reflexiona sobre la figura de Ansgar, cuya memoria la Iglesia Católica conmemora cada 3 de febrero.

**La Audacia de un Monje en Tierras Vikingas**

Nacido en el año 801 cerca de Amiens, en la actual Francia, Ansgar ingresó joven a la vida monástica benedictina. Su destino misionero se sellaría cuando el Papa Gregorio IV le encomendó la formidable tarea de llevar la luz del Evangelio a las tierras nórdicas. Este encargo no solo implicaba una vasta extensión geográfica, sino también un encuentro cultural y espiritual con los vikingos, pueblos cuya reputación de ferocidad y dureza era bien conocida en Europa. Ansgar fue nombrado el primer obispo de Hamburgo, una diócesis estratégicamente ubicada para supervisar la misión en el norte.

El diácono Nielsen, quien anteriormente dirigió las Obras Misionales Pontificias para los países escandinavos, subraya la singularidad del compromiso de San Ansgar. “Otros misioneros fueron enviados a Dinamarca, pero la temible reputación de los vikingos, descritos como peligrosos lobos y más duros que la piedra, los disuadió”, explica Nielsen. “La valentía de Ansgar, quien mantuvo la esperanza de que los vikingos pudieran abrazar el cristianismo, es verdaderamente asombrosa”. Su motivación, según Nielsen, radicaba en una profunda humildad y el deseo de “vivir únicamente para Dios”.

El camino de Ansgar estuvo plagado de obstáculos. En el año 845, su sede en Hamburgo fue saqueada por incursiones vikingas, un destino que también sufrieron las incipientes iglesias establecidas en Suecia. Sin embargo, Ansgar no se dejó abatir por las adversidades. Con una determinación inquebrantable, logró ganarse la confianza del rey vikingo Horik II, un logro diplomático notable que le permitió construir la primera iglesia en Hedeby, un centro comercial crucial de la época.

**Un Éxito Fundacional Más Allá de los Números**

Desde una perspectiva de “éxito” meramente cuantitativo, el diácono Nielsen admite que la labor de Ansgar podría parecer modesta, pues “finalmente construyó pocas iglesias”. No obstante, Nielsen insiste en que su verdadero impacto fue fundacional. La misión de San Ansgar sentó las bases para la cristianización de la región, un proceso que se consolidaría y florecería siglos después de su muerte en el año 865. Su obra fue una siembra paciente en un terreno hostil, cuyos frutos tardarían en madurar.

Un aspecto crucial de la estrategia evangelizadora de Ansgar fue su profunda comprensión y adaptación a la cultura vikinga. Para establecer un diálogo significativo con estos pueblos del norte, Ansgar reconoció la necesidad de presentar el mensaje cristiano de una manera que resonara con sus valores y cosmovisión. “Los vikingos requerían un Dios poderoso, comparable a la figura de un rey o guerrero, no un Cristo sufriente en la cruz”, explica Nielsen. Esta adaptación se manifestó en la iconografía.

Un ejemplo elocuente es la Cruz de Aby (Åbykorset), el crucifijo más antiguo encontrado en Dinamarca, que data de la época vikinga tardía. A diferencia de las representaciones clásicas de Jesús en agonía, la Cruz de Aby muestra a Cristo coronado, como un monarca o un guerrero triunfante. Esta imagen de un “Cristo vencedor” facilitó la aceptación del mensaje cristiano en una cultura que valoraba la fuerza, el honor y la victoria.

**El Desafío Actual: Un Escenario Análogo**

El diácono danés, quien además de servir en Groenlandia, atiende a la comunidad católica de habla alemana en Copenhague y posee estudios en psicología para comprender mejor a sus fieles, establece un paralelismo entre el contexto de Ansgar y el actual. “La Dinamarca de entonces era un país frío, húmedo, boscoso, con escasas vías de comunicación y peligrosas condiciones. Evangelizar allí era una gesta casi imposible”, describe. Hoy, aunque las circunstancias físicas han cambiado, Nielsen percibe un desafío similar en la dificultad para conectar con las personas. “Actualmente, es complicado llegar a la gente porque, en general, llevan una buena vida y creen que no necesitan a Dios ni su fe”, lamenta.

Sin embargo, Nielsen no pierde la esperanza. Destaca “algo maravilloso” que la Iglesia en Dinamarca, donde los católicos representan apenas el 1% de la población, ha experimentado en los últimos años. “Algunos jóvenes se acercan a la Iglesia y desean convertirse al catolicismo, y la mayoría son hombres. Dios está llamando a la gente a la Iglesia hoy, y eso es increíble”, afirma con entusiasmo.

Al igual que San Ansgar supo adaptar su lenguaje y simbología para tocar el corazón de los vikingos, el diácono Nielsen subraya la imperiosa necesidad de adoptar un lenguaje contemporáneo para alcanzar a los jóvenes de hoy. “San Ansgar les diría a los jóvenes de hoy que no tuvieran miedo, que no se rindan. En Dinamarca, somos pequeñas comunidades, pero este santo nos enseña que los números no definen el éxito y que es crucial seguir adelante”, aconseja Nielsen. “El testimonio de San Ansgar también nos invita a ser, internamente, como monjes conectados con Dios, y externamente, misioneros en busca de la gente. Si bien individualmente llegamos a pocos, si toda la parroquia evangeliza, podemos alcanzar a muchos”.

**Groenlandia: Fe en la Inestabilidad**

Finalmente, Nielsen comparte sus impresiones sobre Groenlandia, un territorio que atraviesa momentos de inestabilidad, pero donde sus habitantes mantienen una firme esperanza en su soberanía y su derecho a decidir su futuro. A pesar de que la comunidad católica en la isla cuenta con solo 186 miembros, el diácono resalta su vitalidad: “todos se involucran y hacen comunidad”. Los ciudadanos groenlandeses, subraya, tienen claro que su tierra “pertenece al pueblo groenlandés y no es solo un trozo de hielo; esa afirmación es irrespetuosa. Son personas vivas que tienen su hogar aquí”.

El espíritu de resiliencia y comunidad que anima a los católicos de Groenlandia, en medio de la incertidumbre, es un eco de la perseverancia de San Ansgar. Su legado perdura no solo en los anales de la historia eclesiástica, sino en el compromiso diario de misioneros como Kaare Nielsen, que continúan sembrando la semilla de la fe en un mundo cambiante, demostrando que la valentía, la adaptación y la conexión con Dios siguen siendo los pilares de la evangelización en el “Norte”, tanto ayer como hoy.

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