14 febrero, 2026

Cada 14 de febrero, el mundo celebra el Día de San Valentín con muestras de afecto, flores y dulces. Sin embargo, detrás de esta popular festividad, se esconde una rica historia de fe, desafío y sacrificio que la Iglesia Católica ha recordado durante siglos. La figura central es San Valentín, un obispo y mártir cuya vida y legado ofrecen una perspectiva más profunda sobre el amor conyugal y el compromiso cristiano.

**Orígenes de un Patrono de los Enamorados**

San Valentín nació alrededor del año 175 o 197 en Terni, una ciudad ubicada a unos cien kilómetros de Roma, Italia. Consagrado obispo de su localidad, entonces conocida como Interamna, vivió en un período de intensa persecución contra los cristianos en el Imperio Romano, específicamente durante el siglo III. En este contexto hostil, el obispo Valentín dedicó su ministerio a fortalecer la comunidad eclesial, administrando los sacramentos y brindando apoyo espiritual.

La tradición narra que San Valentín sentía una particular predilección por unir a las parejas en santo matrimonio, viendo en la constitución del hogar cristiano una base fundamental para la fe. Se dice que solía obsequiar flores a las parejas comprometidas, un gesto que simbolizaba su deseo de una vida feliz y plena juntos, reforzando la unión en la fe. Sus restos reposan actualmente bajo uno de los altares laterales de la Basílica de San Valentín en Terni, donde sigue siendo venerado.

**Desafiando el Edicto Imperial: Un Amor Sacrificado**

La época de San Valentín estuvo marcada por el reinado del emperador romano Claudio II, apodado “El Gótico”. Convencido de que los soldados casados carecían de la ferocidad y la entrega total al ejército, al estar emocionalmente vinculados a sus familias, Claudio II emitió un edicto que prohibía los matrimonios cristianos. Su objetivo era, además, frenar la expansión de las familias creyentes, vistas como una amenaza al orden establecido.

Fue en este clima de represión cuando llegó a oídos del emperador que el obispo Valentín había desafiado abiertamente su autoridad al casar a un legionario convertido con una joven cristiana. Este acto de rebeldía consciente fue considerado una afrenta directa. La orden de apresar al obispo fue inmediata. San Valentín fue encarcelado y posteriormente conducido a la Vía Flaminia, cerca de la Puerta del Pueblo en Roma, donde fue brutalmente azotado.

Para evitar tumultos o protestas por parte de los muchos que apreciaban al obispo, Claudio II decidió ejecutarlo y enterrar sus restos en secreto. La tradición católica sostiene que San Valentín fue decapitado el 14 de febrero del año 273. Tiempo después, según la misma tradición, tres de sus discípulos lograron ubicar su cuerpo y lo trasladaron de regreso a Terni para darle una sepultura digna, asegurando así su memoria y veneración.

**El Sentido del Amor: Compromiso y Sacrificio**

La conmemoración de San Valentín va más allá de un simple recuerdo histórico; invita a reflexionar sobre el verdadero sentido del amor, especialmente entre aquellos llamados a la vida matrimonial y a formar una familia. La figura del obispo mártir subraya que el amor no se reduce a un mero sentimiento efímero. Es, en esencia, un acto de voluntad, una decisión consciente de entrega y sacrificio mutuo, sin cálculos de beneficios o conveniencias.

Este *amor esponsal*, como lo describe la tradición cristiana, busca activamente el bien y la plenitud del otro. Como recordaba el Papa Benedicto XVI en su encíclica *Deus Caritas Est* (Dios es Amor), el amor “es ocuparse del otro y preocuparse por el otro. Ya no se busca a sí mismo, sumirse en la embriaguez de la felicidad, sino que ansía más bien el bien del amado: se convierte en renuncia, está dispuesto al sacrificio, más aún, lo busca” (nº 6). San Valentín encarna este ideal de un amor que se da, que protege y que está dispuesto a sufrir por el bien del otro.

**Una Figura con Múltiples Historias y su Legado Litúrgico**

Es importante señalar que la figura de San Valentín ha estado rodeada de algunas complejidades históricas. De acuerdo con la Enciclopedia Católica, existen registros de al menos tres mártires diferentes llamados “Valentín” que fueron conmemorados el 14 de febrero en los primeros siglos. Uno es descrito como sacerdote de Roma, otro como obispo de Interamna (Terni), y ambos habrían sido martirizados en la segunda mitad del siglo III y sepultados en la Vía Flaminia, aunque a diferentes distancias de la ciudad. Un tercer San Valentín habría sido martirizado en África. Esta confluencia de relatos ha contribuido a la riqueza y, a veces, a la confusión en torno a su biografía exacta.

A pesar de estas distinciones, el culto a San Valentín como patrono de los enamorados y su memoria se mantuvieron firmes. La Iglesia Católica celebró universalmente la fiesta de San Valentín cada 14 de febrero hasta 1969. Tras el Concilio Vaticano II, se llevó a cabo una reforma del calendario litúrgico para priorizar las figuras de mayor certeza histórica y relevancia universal. La fiesta de San Valentín fue retirada del calendario litúrgico universal, pero su nombre permanece en el Martirologio Romano. Esto significa que su culto local sigue permitido y su memoria continúa siendo celebrada el 14 de febrero en numerosos lugares, especialmente en Terni, donde es el patrono y se le rinden honores especiales.

Hoy, la figura de San Valentín invita a reflexionar más allá de los aspectos comerciales de la fecha, a un amor que es compromiso, entrega y un deseo profundo por el bien del ser amado. Su historia nos recuerda el valor de la fe y la valentía para defender principios esenciales, incluso frente a la adversidad.

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