26 marzo, 2026

Cada año, la Iglesia Católica dedica una jornada especial a honrar la memoria y el legado de Santo Tomás de Aquino, una de las figuras más eminentes de su historia. Conocido como el Doctor Angélico y Doctor Común, este insigne teólogo y filósofo del siglo XIII es reverenciado no solo como patrono de los estudiantes, sino también como un pilar fundamental del pensamiento cristiano cuya obra continúa resonando con una pertinencia sorprendente en el mundo contemporáneo.

La trascendencia de Santo Tomás se cimenta principalmente en su monumental *Summa Theologiae* (Suma Teológica), un compendio que representa uno de los esfuerzos más ambiciosos y logrados por sistematizar la teología cristiana. Esta obra enciclopédica, que aborda desde la existencia de Dios hasta la moralidad humana y la redención de Cristo, ha sido, desde su concepción, el tratado teológico más influyente y riguroso en la historia de la humanidad, modelando el discurso doctrinal y filosófico de la Iglesia por siglos.

Desde su canonización, hace más de setecientos años, el magisterio de la Iglesia ha reivindicado de forma constante el pensamiento de Santo Tomás de Aquino. Papas de diversas épocas han reconocido en él una capacidad única para articular las verdades de la fe con la lógica de la razón. San Juan Pablo II, por ejemplo, lo describió como el autor de “la síntesis más poderosa de fe y razón jamás lograda”, un testimonio elocuente de cómo el aquinate logró armonizar dos dimensiones que, para muchos, parecen irreconciliables.

En una reciente conversación, el padre Ignacio Andereggen, sacerdote argentino y destacado especialista en la filosofía y teología tomista, subrayó la particular vigencia del pensamiento de Santo Tomás. Según Andereggen, la Iglesia ha discernido en la vasta riqueza intelectual de sus Padres y Doctores la imperiosa necesidad de la visión de Santo Tomás para el panorama actual. “A pesar de haber vivido en el siglo XIII, la perspicacia de Santo Tomás de Aquino lo convierte en un pensador profundamente moderno”, afirmó el sacerdote, destacando su naturaleza eminentemente racional, su destreza como filósofo y su profunda capacidad contemplativa como teólogo.

El padre Andereggen explicó que la relevancia de Santo Tomás en el presente radica en su abordaje racional. En una era caracterizada por una racionalidad que a menudo deriva en un racionalismo excluyente, la propuesta de Aquino emerge como una guía. “Para comprender nuestra época, es esencial emplear la razón, por supuesto, una razón iluminada por la fe y abierta a la dimensión mística”, indicó Andereggen. En este sentido, Santo Tomás es reconocido como un maestro excepcional, poseedor de un carisma singular que ha sido reiteradamente avalado por el Magisterio eclesiástico.

Esta valoración magisterial se ve reflejada en documentos clave. El padre Andereggen citó la Carta *Lumen Ecclesiae* del Papa San Pablo VI como un texto fundamental posterior al Concilio Vaticano II para la orientación de los estudios filosóficos y teológicos dentro de la Iglesia. En este importante escrito, Pablo VI enfatiza que el Concilio Vaticano II, en su profunda reflexión, recomendó explícitamente a un solo teólogo: Santo Tomás de Aquino, un reconocimiento que subraya su posición preeminente en la formación intelectual y espiritual católica.

La profundidad del pensamiento tomista ha sido un catalizador para transformaciones personales e intelectuales. El padre Andereggen observó cómo Santo Tomás ha facilitado conversiones al tomismo e incluso al catolicismo, gracias a su meticuloso análisis de los “preámbulos de la fe”. Estas son verdades que, aunque accesibles a la razón, son necesarias para la aceptación de la fe. Ejemplos de estos preámbulos incluyen la existencia de Dios y la inmortalidad del alma. “Nadie puede profesar la fe sin reconocer, de alguna manera, que Dios existe”, detalló Andereggen, extendiendo este principio a otros atributos divinos y a la realidad de las esencias de las cosas. Para una mente que genuinamente busca la verdad, Santo Tomás de Aquino proporciona un marco conceptual que facilita la aceptación de la gracia, una capacidad sobrenatural que, lejos de anular la razón humana, la perfecciona y la eleva.

En el corazón de su obra, la *Summa Theologiae* profundiza en la integración de fe y razón al explorar la naturaleza de la redención. Cuando discute la figura de Cristo y su obra salvífica, Santo Tomás la describe primariamente como una liberación. Esta liberación se entiende como la dotación a la voluntad humana de una capacidad superior para ejercer sus actos de forma verdaderamente libre. “Esto es, precisamente, lo que nuestro Señor Jesucristo nos concede al otorgarnos su gracia por caridad: una capacidad de libertad que de otra manera no podríamos alcanzar”, sintetizó el sacerdote. Como las Sagradas Escrituras enseñan, sin la gracia de Cristo, la humanidad permanece esclava del pecado.

Así, la figura de Santo Tomás de Aquino se erige como un puente entre la sabiduría antigua y las inquietudes modernas, ofreciendo una vía para que la razón ilumine la fe y la fe engrandezca la razón. Su legado no es solo una joya académica, sino una guía viva para aquellos que buscan comprender las verdades más profundas de la existencia humana y la relación con lo divino, manteniendo su pensamiento como un faro para el intelecto y el espíritu en pleno siglo XXI.

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