21 marzo, 2026

Taybeh, la única aldea enteramente cristiana en Cisjordania, Jerusalén y Gaza, se encuentra bajo una presión creciente. Su párroco, el Padre Bashar Fawadleh, ha lanzado un llamado urgente de solidaridad a los cristianos de todo el mundo, denunciando lo que describe como “nuevos ataques de colonos israelíes extremistas” que buscan desplazar a la población local y amenazan la existencia misma de una comunidad cristiana con dos milenios de historia en Tierra Santa.

Ubicada en la región central de Cisjordania, Taybeh es el nombre moderno del bíblico Efraím, lugar donde, según el Evangelio de Juan (11, 54), Jesús se retiró con sus discípulos poco antes de su Pasión. Reconocida no solo por su herencia espiritual sino también por su producción de cerveza local, esta comunidad representa un testimonio vivo de las raíces del cristianismo en la región. Sin embargo, su identidad y su futuro están en juego.

En los últimos días, colonos israelíes han avanzado sobre tierras cercanas a la cantera y la fábrica de cemento del pueblo, apropiándose de zonas que, según el Padre Bashar, pertenecen a la comunidad de Taybeh y constituyen propiedad privada de sus habitantes. Esta expansión territorial no es un fenómeno reciente, sino parte de un patrón persistente. En un incidente anterior, por ejemplo, la histórica Iglesia de San Jorge, un templo bizantino del siglo V donde la comunidad celebra sus ritos, fue supuestamente blanco de un incendio. Adicionalmente, vehículos fueron quemados y los atacantes pintaron grafitis de odio en propiedades de la aldea, según reportaron fuentes locales en Taybeh. Estos actos han generado exigencias de acción inmediata por parte de líderes cristianos hacia las autoridades israelíes y un reiterado llamado a la comunidad internacional para frenar la escalada de violencia.

El Padre Bashar Fawadleh, quien asumió como párroco latino de Taybeh en 2021, reitera hoy este clamor. En conversación con ACI Prensa, el sacerdote, con una conexión personal con Latinoamérica a través de su madre nacida en Valencia, Venezuela, enfatizó su mensaje: “No solo pedimos compasión, sino solidaridad”. Para él, las invasiones de tierras, más allá de ser una violación del derecho internacional y de los derechos de la comunidad local, representan una afrenta profunda a la historia y la identidad de los habitantes de Taybeh. “Esta historia trata sobre la vida de una comunidad cristiana que ha estado presente en esta tierra durante más de 2000 años”, afirmó.

El párroco destacó la misión fundamental de la Iglesia en este contexto: “Como iglesia, nuestra misión es ayudar a las personas a permanecer en su tierra, a vivir con dignidad y a mantener viva la presencia cristiana en Tierra Santa. Nuestra presencia aquí es un testimonio vivo de las raíces del cristianismo, donde todo comienza”. La amenaza constante sobre la tierra ha generado un clima de miedo, llegando incluso a que los agricultores de Taybeh teman acceder a sus propios campos. La aspiración de la comunidad es simple: “vivir en paz, con dignidad y en nuestra tierra”, subrayó el Padre Bashar.

Extendiendo su apelación a toda la Iglesia global, el Padre Bashar solicitó no solo oraciones y visitas a Tierra Santa, sino también un apoyo tangible “para que los cristianos puedan permanecer aquí mediante la educación, la vivienda y las oportunidades laborales”. Afirmó que la continuidad de la presencia cristiana en la región es un asunto que trasciende lo local, siendo de importancia universal para la fe. Solo a través de la escucha atenta de esta realidad se podrá contar la “verdad, que es una y no se trata de distorsionarla”, concluyó el sacerdote.

La situación en Taybeh no es un caso aislado, sino un reflejo de una problemática más amplia en Cisjordania. Mons. William Shomali, Obispo Auxiliar del Patriarcado Latino de Jerusalén, corroboró en declaraciones a EWTN News Nightly que las agresiones de los colonos contra las diversas confesiones cristianas en la región se están “multiplicando”. Precisó que existen “alrededor de 200 asentamientos israelíes, construidos en tierra palestina expropiada”, y que desde finales del año pasado, estas agresiones se han intensificado con mayor expansión de asentamientos y actos de violencia.

Mons. Shomali explicó la ideología subyacente de algunos colonos, quienes conciben toda la tierra de Palestina como judía, y consideran a los palestinos como ocupantes recientes que “deben salir”. A pesar de haber comunicado la situación al embajador de Estados Unidos en Tel Aviv, quien incluso visitó Taybeh y “prometió hacer algo”, el obispo lamentó la falta de acciones concretas y efectivas.

La amenaza se extiende a otros enclaves cristianos. En Birzeit, cerca de Ramala, los colonos amenazan diariamente a los habitantes en sus hogares y lugares de trabajo, poniendo en riesgo el sustento y los ingresos de familias enteras. En Urtas, cerca de Belén, terrenos pertenecientes a un convento de monjas fueron ocupados con la intención de establecer un nuevo asentamiento. Un suceso similar ocurrió en el Campo de los Pastores de Beit Sahour, también próximo a Belén, donde colonos ocuparon una hectárea y colocaron una bandera israelí, a pesar de la existencia de títulos de propiedad a nombre de una familia cristiana local.

Estos incidentes, según Mons. Shomali, ilustran un proceso gradual en el que lo que los israelíes llaman “Judea y Samaria”, su denominación bíblica para la región, se está transformando progresivamente de territorio palestino en territorio de asentamientos. La preocupación de la comunidad cristiana internacional crece ante la posibilidad de que la voz de estos “cristianos vivos” de Tierra Santa se apague si no reciben la solidaridad y el apoyo necesarios para preservar su hogar y su legado ancestral.

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