La Diócesis de Torreón, en el estado mexicano de Coahuila, ha obtenido una autorización extraordinaria por parte de la Santa Sede para flexibilizar la frecuencia con la que sus sacerdotes pueden celebrar la Sagrada Eucaristía diariamente. Esta medida, si bien responde a necesidades pastorales específicas de la región, ha sido acompañada por una importante exhortación de Mons. Luis Martin Barraza Beltrán, Obispo de Torreón, quien subraya la imperatividad de no convertir esta excepción en una práctica habitual, poniendo el énfasis en el cuidado de la salud física y espiritual del clero diocesano.
La solicitud, presentada por el Obispo Barraza Beltrán el pasado 22 de octubre, buscaba una extensión en el número de celebraciones eucarísticas permitidas. El Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, la autoridad vaticana encargada de estas materias, dio una respuesta afirmativa a dicha petición en un comunicado emitido el 13 de marzo. Esta aprobación confiere a los sacerdotes de la diócesis la facultad de celebrar hasta tres Misas en días de semana y hasta cuatro los domingos y festividades de precepto, lo que representa un incremento en la capacidad litúrgica.
Tradicionalmente, la disciplina canónica establece límites claros respecto a la celebración de la Misa. El Código de Derecho Canónico, en su canon 905 §1, estipula que “no es lícito que el sacerdote celebre más de una vez al día”. Sin embargo, el mismo Código, en su §2, provee una valiosa excepción para situaciones de necesidad pastoral: “cuando haya escasez de sacerdotes, el Ordinario del lugar puede conceder que, con causa justa, celebren dos veces al día, e incluso, cuando lo exige una necesidad pastoral, tres veces los domingos y fiestas de precepto”. La autorización concedida a Torreón, por lo tanto, se enmarca dentro de esta flexibilidad canónica, extendiendo la posibilidad de la tercera Misa a los días de semana y la cuarta a los días de precepto, reflejando una adaptación a las realidades contemporáneas de la diócesis.
A pesar de esta apertura vaticana, el Obispo Barraza Beltrán ha insistido vehementemente en la necesidad de interpretar esta dispensa con prudencia y en el “espíritu de la norma canónica”. El prelado ha advertido que una práctica rutinaria de celebrar un número excesivo de Misas —mencionando un escenario de tres diarias entre semana, cuatro o cinco los sábados, y cinco o seis los domingos— “no es sano” para los sacerdotes. Su preocupación radica en el desgaste que tal exigencia podría generar en el bienestar integral del presbiterio, afectando tanto su salud física como su vitalidad espiritual y pastoral. Este llamado a la moderación busca salvaguardar a los ministros sagrados de un agotamiento que podría menoscabar su ministerio a largo plazo.
En lugar de depender exclusivamente de un aumento en el número de Misas, el obispo de Torreón ha propuesto estrategias pastorales complementarias. Ha exhortado a la comunidad diocesana a fomentar una “participación plena, consciente y activa” en las celebraciones litúrgicas ya programadas. Esta invitación a una vivencia más profunda y comprometida de la fe en las eucaristías existentes busca enriquecer la experiencia religiosa de los fieles sin sobrecargar al clero.
Asimismo, Mons. Barraza Beltrán ha recordado a los fieles la importancia de otras formas de vivir la fe cuando la participación en la Misa no es posible. Remitiéndose al canon 1248 §2 del Código de Derecho Canónico, ha sugerido que, en tales circunstancias, los católicos pueden recurrir a la celebración de la Palabra, un rito que sin ser eucarístico ofrece un espacio de oración y meditación sobre las Sagradas Escrituras. De igual modo, ha incentivado la dedicación de tiempo a la oración personal, en familia o en pequeños grupos, destacando el valor intrínseco de estas prácticas espirituales para el crecimiento en la fe.
Para optimizar los recursos pastorales y atender diversas intenciones particulares de la feligresía, el prelado ha sugerido una integración estratégica. Ha propuesto que, cuando sea factible, se incorporen intenciones específicas —tales como Misas de XV años, aniversarios luctuosos, bodas o cualquier otra petición especial— dentro de las celebraciones eucarísticas ya establecidas en los calendarios parroquiales. Esta medida busca consolidar las peticiones de la comunidad, evitando la necesidad de Misas adicionales y permitiendo que un mayor número de fieles participe en estas intenciones dentro de un marco litúrgico compartido.
La decisión de la Santa Sede y la subsiguiente orientación pastoral de la Diócesis de Torreón reflejan una constante tensión y búsqueda de equilibrio dentro de la Iglesia Católica: cómo atender las crecientes necesidades espirituales de una feligresía en expansión o con demandas particulares, al tiempo que se preserva la integridad y el bienestar de un clero que, en muchas regiones, enfrenta desafíos como la escasez vocacional o el envejecimiento. Este caso en Coahuila, México, ilustra la adaptación pragmática de la ley canónica a las realidades locales, siempre bajo la tutela del discernimiento episcopal y la sabiduría pastoral que prioriza tanto la administración de los sacramentos como el cuidado de los ministros que los dispensan. Es un recordatorio de que la vitalidad de la Iglesia no solo reside en la cantidad de celebraciones, sino en la profundidad y salud con que se viven y se ofrecen.




