26 marzo, 2026

El Vaticano, corazón de la fe católica, se vistió de una inusual postal campestre en la mañana del 17 de enero, al conmemorar la festividad de San Antonio Abad, patrón de los animales y los ganaderos. La venerable tradición de la bendición de animales, que se arraiga profundamente en la historia de la Iglesia, reunió a una diversa cohorte de criaturas, desde majestuosos equinos hasta pequeños conejos y aves de corral, en un evento que subrayó la conexión espiritual entre la humanidad y el reino animal.

La Plaza Pío XII, adyacente a la icónica Plaza de San Pedro, se transformó en un improvisado establo al aire libre, acogiendo a animales provenientes de la campiña del Lacio. Paralelamente, una imponente formación de aproximadamente 50 caballos, pertenecientes a las fuerzas armadas y cuerpos policiales italianos, desfiló por la Via della Conciliazione, flanqueando la ruta hacia la Basílica. Este despliegue fue parte integral de la decimonovena edición de la Jornada del Ganadero, una iniciativa impulsada por la influyente Asamblea Italiana de Ganaderos (AIA), que busca resaltar la labor esencial de quienes cuidan la tierra y sus criaturas.

El solemne rito de bendición y la Eucaristía fueron presididos por el Cardenal Mauro Gambetti, Arcipreste de la Basílica de San Pedro, desde el altar papal a las 11:00 hora local. En su homilía, el Cardenal Gambetti dirigió un profundo mensaje a los presentes, en particular a los trabajadores del campo y criadores de ganado. Reflexionó sobre los desafíos inherentes al cuidado de los animales, una labor que demanda “tiempo, energía y sacrificio, a menudo sin recompensas inmediatas o palpables”. Reconoció la tentación de “abandonar, delegar o buscar soluciones fáciles” frente a las adversidades que estos oficios conllevan.

No obstante, el purpurado instó a los fieles y, especialmente, a los productores agrícolas, a recordar “la divina contemplación que se posa sobre nosotros y sobre toda la creación”. Citando los orígenes narrados en el Libro del Génesis, el Cardenal Gambetti enfatizó que “cada criatura es vista y valorada en su intrínseca belleza por el Creador”. Subrayó que el esfuerzo y la dedicación en el cuidado de la vida se ven recompensados por la profunda alegría de estar “bajo la mirada de Dios”. Reafirmó la antigua encomienda al ser humano: la responsabilidad de “custodiar el jardín del Edén, de ofrecer consuelo y sustento, tanto para el cuerpo y el alma de las personas como para todos los seres vivos”. Concluyó su mensaje con una invitación a “abrir el corazón para hallar al Señor y estrechar lazos de amistad y alianza, trabajando juntos por el bien en el mundo”.

La relevancia de esta jornada fue destacada también por Roberto Nocentini, presidente de la Asamblea Italiana de Ganaderos (AIA). En sus palabras de bienvenida al inicio de la misa, Nocentini reafirmó el compromiso de los ganaderos italianos de asumir su papel como “custodios de la creación”. Hizo eco de un reciente mensaje del magisterio papal que subraya que “la economía carece de valor intrínseco si no protege la dignidad humana y el entorno natural”. Este pronunciamiento resonó con la vocación de quienes, día tras día, trabajan la tierra y crían animales.

Entre los presentes, Antonio Marongiu, un ganadero de 46 años de Montalto di Castro y propietario de la empresa MM, que cría cerca de 600 ovejas, compartió su perspectiva sobre la vitalidad de la tradición y los retos contemporáneos del sector. “Hoy más que nunca, es crucial defender nuestras tradiciones y asegurar a la población alimentos con garantías, puros y seguros”, afirmó Marongiu en la Plaza Pío XII. Su vínculo con la ganadería, explicó, “nació a los seis años, como una pasión innata”. Sin embargo, reconoció que “el futuro se presenta incierto; producir con altos estándares de calidad es sumamente costoso, y el esfuerzo invertido no siempre se traduce en una remuneración justa”.

A pesar de las dificultades, Marongiu expresó un sentimiento de gratitud y esperanza. “Afortunadamente”, comentó, “numerosas asociaciones de ganaderos nos brindan su apoyo, y la Iglesia comprende nuestra función, acompañándonos con su mensaje, como evidenciamos hoy”. Su testimonio encapsula la resiliencia y la dedicación de un sector que, si bien enfrenta desafíos económicos y ambientales, sigue siendo un pilar fundamental para la sociedad, proveyendo alimento y preservando un valioso legado cultural y ecológico.

Así, la jornada en el Vaticano no solo fue una celebración religiosa de la vida animal, sino también una poderosa afirmación del valor del trabajo agrícola, la importancia de la custodia de la creación y la perdurable conexión entre la fe, la naturaleza y la humanidad. Un recordatorio oportuno de que, en medio de la modernidad, las tradiciones ancestrales continúan ofreciendo un faro de sentido y propósito.

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