11 abril, 2026

Santo Domingo, República Dominicana – Con la solemnidad de un año cumplido desde una de las tragedias más dolorosas que ha vivido el país, la comunidad dominicana se congregó el 9 de abril para conmemorar a las 236 víctimas del colapso de la discoteca Jet Set. En una emotiva Misa celebrada en Santo Domingo, Mons. Carlos Tomás Morel Diplán, Arzobispo Coadjutor de la Arquidiócesis, encabezó un llamado contundente a la justicia y la transparencia, mientras que el activista mexicano Eduardo Verástegui presentó una iniciativa para erigir un santuario en memoria de los fallecidos.

La ceremonia religiosa, que tuvo lugar un día después del funesto aniversario del 8 de abril de 2025, sirvió como punto de encuentro para deudos, autoridades eclesiásticas y figuras públicas, todos unidos en el recuerdo y la demanda de respuestas. La tragedia de la discoteca Jet Set, ocurrida durante una presentación del reconocido músico de merengue Rubby Pérez, sumió a la nación en luto tras el desplome de su techo, dejando además 180 heridos de los más de 500 asistentes. Este suceso, marcado por la magnitud de sus pérdidas y la sombra de la negligencia, sigue siendo una herida abierta en la memoria colectiva dominicana.

Durante su homilía, Mons. Morel Diplán articuló un mensaje de profunda reflexión y firmeza, destacando la necesidad imperante de que la justicia prevalezca como cimiento para cualquier proceso de sanación. “Es imprescindible que, como parte del proceso de sanación, impere la justicia; que se realice una investigación rigurosa; que se asuman responsabilidades y que se tomen decisiones que permitan cerrar este doloroso capítulo”, sentenció el prelado ante una congregación visiblemente afectada. El Arzobispo Coadjutor enfatizó que solo a través de estas acciones concretas podrá iniciarse un verdadero camino de reparación emocional para las innumerables personas que han sufrido la pérdida de sus seres queridos. La Misa fue concelebrada por otros obispos dominicanos, como Mons. Manuel Antonio Ruiz de Stella Maris, reforzando el mensaje de unidad y apoyo eclesiástico.

Mons. Morel no escatimó en señalar la doble aflicción que padece el pueblo dominicano: “El dolor colectivo es doble: primero, el provocado por la pérdida de tantas personas de bien; y segundo, el causado por la impotencia ante la injusticia y la indiferencia de quienes deben administrarla”. Este sentimiento de desamparo ante la percibida inacción o lentitud de las autoridades ha sido una constante en el clamor de las familias desde hace un año. El religioso ofreció una palabra de esperanza a los deudos, reconociendo que “hoy los sentimientos son más fuertes que las palabras humanas; por eso acudimos a la Palabra de Dios, que nos da respuesta a las grandes interrogantes del ser humano”. Instó a los presentes a buscar consuelo y guía en la fe, al igual que los discípulos de Jesús en momentos de confusión.

Un momento particularmente conmovedor de la ceremonia fue la intervención de la hermana de una de las víctimas, quien con voz entrecortada, pero llena de convicción, compartió su testimonio. Animó a los asistentes a encontrar “serenidad en medio de lo que no entendemos y que nunca nos falte la fuerza para seguir caminando”. Sus palabras resonaron con el sentir de muchos, al recalcar que “hoy no solo miramos el dolor, también honramos la vida. Y en este acto de memoria afirmamos con dignidad que cada uno de ellos vive con nosotros. Que Dios nos abrace en este momento y nos conceda la paz”. Su mensaje subrayó la resiliencia y la profunda fe que caracterizan a los afectados, quienes, a pesar del luto, buscan maneras de mantener viva la memoria de sus seres queridos.

La ceremonia contó también con la presencia de Eduardo Verástegui, reconocido actor, productor y activista provida mexicano, quien no solo expresó su solidaridad sino que presentó una significativa propuesta. Verástegui anunció su intención de apoyar la construcción de una capilla dedicada a Nuestra Señora de los Dolores en el mismo lugar donde se erigía la discoteca Jet Set. Su visión es transformar el sitio de la tragedia en un “lugar sagrado donde las familias puedan orar, llorar, recordar y también sanar, un lugar donde nunca se olvide a quienes partieron, donde sus nombres vivan en la oración”. Para materializar esta iniciativa, el activista ofreció una donación inicial de 100 mil dólares, describiendo este gesto no como un acto personal, sino como “un acto de fe, como una semilla de esperanza” para la comunidad.

La propuesta de Verástegui, sumada al llamado de justicia de la Iglesia, ofrece un doble enfoque a la conmemoración de la tragedia de Jet Set: la necesidad imperiosa de verdad y responsabilidad por un lado, y la construcción de un espacio de consuelo y memoria perpetua por el otro. Un año después, la sociedad dominicana continúa buscando el cierre a un capítulo doloroso, confiando en que la justicia terrenal y la espiritualidad puedan converger para ofrecer la paz tan anhelada a las víctimas y sus familias.

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