La Diócesis de Cartagena, en España, ha puesto en marcha un servicio telefónico de atención con el fin de ofrecer apoyo y recursos a personas que enfrentan situaciones difíciles relacionadas con la vida. Este “Teléfono Diocesano por la Vida” busca ser un punto de encuentro para quienes necesiten orientación o ayuda ante un embarazo inesperado, la ideación suicida o dudas sobre la eutanasia y el suicidio asistido.
El sacerdote Ángel Molina, vicario de Familia y Vida de la Diócesis de Cartagena y párroco de San Pablo en Murcia, ha explicado que esta iniciativa está diseñada para asistir a individuos que atraviesan “una dificultad en cualquier aspecto que tenga que ver con la vida”. La propuesta surge como respuesta a las múltiples interrogantes y desafíos que las personas afrontan en la sociedad contemporánea, ofreciendo un espacio de escucha y acompañamiento.
“Surgen muchas dificultades y muchas dudas”, reconoce el vicario Molina. Por ello, la diócesis ha considerado esencial habilitar este canal telefónico para que los ciudadanos “sepan que pueden llamar con cualquier inquietud relacionada con el tema y ser, fundamentalmente al principio, escuchados”. Una vez establecida la conexión y la comprensión de la situación, el siguiente paso es “dirigir a las personas necesitadas de ayuda a los recursos disponibles tanto en la iglesia como en la sociedad civil”, asegura el Padre Molina.
El equipo que atenderá este servicio (+34 608 444 562) está compuesto por voluntarios cuidadosamente seleccionados y coordinados por un matrimonio con una sólida formación académica y una profunda experiencia de fe. El Padre Molina describe a esta pareja como profesionales con “doctorado en filosofía, especialista en antropología, también teología, tienen una familia numerosa y, sobre todo, tienen una experiencia de fe muy profunda y dilatada”. Estos coordinadores serán el eje central de una red de expertos en diversas materias, garantizando que, si un voluntario recibe una llamada sobre un asunto que no domina o presenta una complejidad moral o práctica particular, pueda consultar y ofrecer la respuesta más adecuada y especializada.
La puesta en marcha de este teléfono se contextualiza en un momento de intenso debate público en España sobre cuestiones relativas al final de la vida. La reciente repercusión mediática y social del caso de Noelia Castillo, cuya eutanasia fue ejecutada, ha reavivado la necesidad de una discusión profunda. El Padre Molina subraya la urgencia de “abrir un debate público serio, pero desde el punto de vista de la razón” sobre estos temas.
Esta postura no es ajena a la Conferencia Episcopal Española, que ya se pronunció en su mensaje con motivo de la Jornada por la Vida celebrada el pasado 25 de marzo. En dicho comunicado, los obispos españoles abordaron el aborto “desde la ciencia y la recta razón, porque lo que dice la Iglesia no está en contraposición ni con la ciencia ni con la recta razón”. El vicario diocesano insiste en que “hace falta un debate serio sobre el tema de la eutanasia, del suicidio asistido, para ver qué hay detrás, qué es la vida, el problema del sentido y luego el fracaso de la sociedad”. Estas reflexiones apuntan a una comprensión más profunda de la dignidad humana y los desafíos existenciales que plantean estas prácticas.
El Padre Molina es consciente de que los recursos de cualquier institución, incluida la Iglesia, no son ilimitados. Sin embargo, recalca que esto no debe ser un obstáculo para ofrecer todo lo que se tiene. “No podemos solucionar todos los problemas del mundo. Y la misión de la Iglesia, básicamente, es anunciar el Evangelio y dar a los hombres la vida divina. Pero hace falta hoy también una misión de suplencia, como en otros tiempos han sido los hospitales, universidades o escuelas”, afirma, aludiendo a la labor histórica de la Iglesia en la provisión de servicios esenciales para la sociedad. Esta “misión de suplencia” implica llenar aquellos vacíos donde las estructuras civiles no alcanzan o donde se requiere una atención con un enfoque integral de la persona.
Dentro de los recursos que la Diócesis de Cartagena ya ofrece en defensa de la vida, el Padre Molina destaca el Centro de Atención Integral a la Familia (CAIF) de Murcia, que cuenta con un equipo de psicólogos a tiempo completo, ofreciendo apoyo psicológico especializado. Asimismo, la diócesis dispone de dos casas cuna: una gestionada directamente por la propia diócesis y otra a cargo de las Misioneras de la Caridad, la congregación fundada por la Madre Teresa de Calcuta, dedicada a acoger y cuidar a los más vulnerables.
Concluyendo su intervención, el Padre Molina reitera el compromiso de la diócesis: “No podemos atender todo ni solucionar todo. Igual que si hablamos de Cáritas, llegamos hasta donde llegamos. Pero donde podamos llegar, sí queremos llegar”. Este mensaje refleja la determinación de la Iglesia de Cartagena de ofrecer un apoyo tangible y coordinado a quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad, reafirmando su defensa incondicional de la vida en todas sus etapas y circunstancias.








