26 marzo, 2026

Ciudad del Vaticano – El cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano, reveló el pasado sábado que la Santa Sede llevó a cabo intensos esfuerzos diplomáticos para prevenir una intervención militar en Venezuela, un escenario que finalmente se materializó el 3 de enero con la detención de Nicolás Maduro. Estas declaraciones arrojan luz sobre el rol discreto pero activo de la diplomacia vaticana en la compleja crisis política y social que asola al país sudamericano.

Parolin, quien anteriormente sirvió como nuncio apostólico en Venezuela entre 2009 y 2013, compartió estas informaciones con periodistas el 17 de enero en Roma. Sus palabras se produjeron al concluir una misa celebrada en la iglesia Domus Mariae, un evento singular que marcó la primera exposición pública de las reliquias de San Pier Giorgio Frassati para la veneración de los fieles. La solemnidad del momento contrastó con la gravedad de las revelaciones sobre los infructuosos intentos de mediación.

El purpurado explicó que la estrategia vaticana se centró en la búsqueda de una solución pacífica que evitara cualquier tipo de derramamiento de sangre. Esta labor diplomática incluyó tentativas de alcanzar un acuerdo con el propio Nicolás Maduro y otros miembros prominentes de su administración. “Habíamos intentado precisamente —como, entre otras cosas, ha aparecido en algunos periódicos— encontrar una solución que evitara cualquier derramamiento de sangre, tratando quizá de alcanzar un acuerdo incluso con Maduro y con otros exponentes del régimen, pero esto no fue posible”, afirmó Parolin, lamentando el desenlace.

Desde la perspectiva de la Santa Sede, el compromiso con una resolución pacífica ha sido una constante. Parolin enfatizó que el Vaticano “siempre ha apoyado una solución pacífica”, un principio rector de su política exterior. No obstante, reconoció la dificultad de la situación y la inevitabilidad de los acontecimientos, al añadir: “también nosotros nos encontramos ante un hecho consumado, ante una situación de facto”. Esta admisión subraya la frustración y la impotencia diplomática frente a fuerzas mayores.

Al evaluar la coyuntura actual de Venezuela, el Secretario de Estado del Vaticano no ocultó su preocupación. Describió el panorama como “una situación de gran incertidumbre”, y expresó su ferviente esperanza de que el país pueda evolucionar hacia una estabilidad duradera, una recuperación económica vital —dada la “situación económica verdaderamente muy, muy precaria”— y, fundamentalmente, hacia una democratización plena.

En sus declaraciones, Parolin también fue interrogado sobre informes específicos, como el publicado por The Washington Post el 9 de enero, que sugerían una mediación de la Santa Sede para facilitar la salida de Maduro de Venezuela mediante una oferta de asilo en Rusia. El cardenal, sin embargo, prefirió no profundizar en estos detalles. A pesar de su reticencia, la Oficina de Prensa de la Santa Sede confirmó posteriormente que la conversación confidencial mencionada tuvo lugar durante el periodo navideño. No obstante, expresó su “decepción que partes de una conversación confidencial se publiquen sin reflejar con precisión su contenido”, una queja que resalta la delicadeza y la importancia de la discreción en las negociaciones diplomáticas de alto nivel.

El compromiso del Vaticano con la crisis venezolana no se limita a las gestiones diplomáticas de su Secretaría de Estado. El Sumo Pontífice también ha intervenido directamente en varias ocasiones. El 9 de enero, durante su tradicional discurso ante el Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, el Papa hizo un enérgico llamado a respetar la voluntad del pueblo venezolano y a buscar soluciones pacíficas que trascendieran los “intereses partidistas”.

Tres días después, el 12 de enero, el Pontífice recibió en audiencia privada a la destacada líder opositora venezolana María Corina Machado. Este encuentro cobró particular relevancia al producirse apenas tres días antes de la reunión de Machado con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el 15 de enero, un hecho que puso de manifiesto el peso político y moral del apoyo papal a los actores de la oposición.

En una rueda de prensa posterior a su encuentro en la Casa Blanca, Machado compartió sus impresiones sobre la postura del Papa. Desde la Fundación Heritage en Washington D.C., la dirigente opositora afirmó que el Santo Padre “sabe muy bien lo que está pasando en Venezuela” y que “es plenamente consciente de lo que está viviendo la Iglesia Católica, debido a la persecución y a la presión sobre nuestros obispos y sacerdotes”. Más allá de la preocupación, Machado subrayó que el Papa “no sólo está preocupado, sino que está ayudando y apoyando activamente para que se lleve a cabo un proceso de transición pacífica”.

Las revelaciones del cardenal Parolin y la implicación del Pontífice refuerzan la visión de un Vaticano profundamente comprometido con la búsqueda de la paz y la justicia en Venezuela, un país que continúa enfrentando desafíos monumentales en su camino hacia la estabilidad y la democratización. La Santa Sede, a través de sus más altos representantes, se mantiene como un actor crucial en el escenario internacional, apelando a la conciencia global ante las situaciones de conflicto y sufrimiento.

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