CIUDAD DEL VATICANO – En un momento de alta tensión para las relaciones entre la Santa Sede y la tradicionalista Fraternidad Sacerdotal de San Pío X (FSSPX), también conocidos como los lefebvrianos, se ha confirmado un encuentro crucial en el Vaticano. El Cardenal Víctor Manuel Fernández, Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, sostendrá una reunión privada el próximo 12 de febrero de 2026 con el Superior de la Fraternidad, el sacerdote Davide Pagliarini, de 55 años. Este diálogo se presenta como un intento de desescalada en medio de la controversia generada por el reciente anuncio de la FSSPX de ordenar obispos sin el consentimiento explícito del Sumo Pontífice, una acción que históricamente ha desencadenado la excomunión automática y el cisma dentro de la Iglesia Católica.
La noticia de este encuentro emerge tras un comunicado emitido el 5 de febrero de 2026 por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, donde se detallaba que el Cardenal Fernández había contactado al Padre Pagliarini para proponer una reunión. Esta iniciativa fue prontamente aceptada por la dirección de la Sociedad. El Dicasterio para la Doctrina de la Fe, la institución vaticana encargada de promover y defender la doctrina católica, será el escenario de este diálogo informal y personal. Según las declaraciones de Matteo Bruni, director de la Oficina de Prensa del Vaticano, publicadas por Vatican News, la cita busca “identificar instrumentos eficaces de diálogo que puedan conducir a resultados positivos”, subrayando la persistente voluntad de la Santa Sede de buscar una vía de reconciliación.
El telón de fondo de esta reunión es la alarmante declaración del 2 de febrero por parte de la FSSPX sobre su intención de ordenar nuevos obispos el 1 de julio. Esta fecha, cargada de simbolismo, coincide con el aniversario del decreto de excomunión emitido por San Juan Pablo II en 1988 contra el fundador de la Fraternidad, el Arzobispo Marcel Lefebvre, y los cuatro obispos que él mismo ordenó sin la autorización papal. La Iglesia Católica considera estas ordenaciones un acto cismático, que rompe la unidad eclesial y acarrea las más graves penas canónicas, incluida la excomunión *latae sententiae*, es decir, automática. La Fraternidad, por su parte, insiste en la validez de sus acciones bajo el pretexto de una “situación de necesidad”, argumentando la defensa de la tradición católica frente a lo que perciben como desviaciones posconciliares.
La Fraternidad Sacerdotal San Pío X fue establecida en 1970 por el Arzobispo Marcel Lefebvre, un obispo francés de arraigadas convicciones tradicionalistas. Su formación surgió como una reacción directa a las reformas del Concilio Vaticano II (1962-1965), las cuales Lefebvre y sus seguidores consideraron un abandono de la tradición católica. La FSSPX se niega a aplicar numerosas decisiones conciliares, incluyendo aspectos litúrgicos, y sigue celebrando la Misa según el rito anterior a la reforma del Concilio Vaticano II, comúnmente conocido como la Misa Tridentina o Tradicional. Esta adhesión a la liturgia y teología pre-conciliar es un pilar fundamental de su identidad y la principal fuente de fricción con la Santa Sede.
El punto álgido de la discordia se alcanzó en 1988, cuando el Arzobispo Lefebvre, desafiando una orden explícita del Papa Juan Pablo II, procedió a ordenar cuatro obispos. Este acto, calificado por el Vaticano como “cismático”, resultó en la excomunión automática de Lefebvre y de los obispos recién ordenados. El Arzobispo Lefebvre falleció en 1991 sin haberse reconciliado plenamente con Roma, dejando a la Fraternidad en una situación canónica irregular.
No obstante, la Santa Sede ha mantenido a lo largo de las décadas una política de diálogo y acercamiento. Un hito significativo en este camino fue en 2009, cuando el Papa Benedicto XVI levantó unilateralmente la excomunión que pesaba sobre los cuatro obispos ordenados en 1988, así como sobre el propio Lefebvre a título póstumo, un gesto que generó esperanza en una eventual reconciliación. Posteriormente, el Papa Francisco ha continuado con estos esfuerzos, otorgando facultades pastorales a los sacerdotes de la FSSPX para confesar válidamente a los fieles y para celebrar matrimonios dentro de la Iglesia Católica, buscando así facilitar la participación de sus seguidores en la vida sacramental sin comprometer la unidad eclesial.
A pesar de estos gestos de apertura, las divisiones doctrinales fundamentales persisten. La amenaza de nuevas ordenaciones episcopales sin el mandato papal del 1 de julio de 2026 representa un serio retroceso en este delicado proceso. La FSSPX, en su comunicado, ha exhortado a sus miembros y fieles a acompañar este momento crucial con la oración, pidiendo “el buen resultado de este encuentro”, aunque sin ofrecer detalles sobre el contenido específico de las deliberaciones o sus posibles implicaciones.
La reunión del 12 de febrero entre el Cardenal Fernández y el Padre Pagliarini se perfila como una última oportunidad para evitar una nueva ruptura profunda en la Iglesia. Por el momento, no hay planes confirmados para un encuentro del Superior de la FSSPX con el Papa Francisco. La Iglesia universal observa con expectación este diálogo, que determinará si prevalece la vía del entendimiento o si, por el contrario, las profundas diferencias doctrinales y canónicas llevarán a una escalada de la separación, con consecuencias impredecibles para el futuro de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y para la unidad de la Iglesia Católica.





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