Santa Clotilde consiguió la conversión al catolicismo del fundador de la nación francesa, el rey Clodoveo, su esposo. Sus hijos estaban dispuestos a matarse entre ellos por la herencia y guerras, y ella, confiando en la poderosa oración de intercesión, lo evito. Parecía más una religiosa que una reina, y siempre vio a los pobres como a otro Cristo. Ella vivió solo para Dios.






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