22 marzo, 2026

SOUTH BEND, Indiana – La Universidad de Notre Dame, una de las instituciones católicas más prominentes de Estados Unidos, se vio envuelta en una significativa polémica que culminó con la renuncia de la profesora Susan Ostermann a una posición de liderazgo académico. La decisión de la catedrática, conocida por su apoyo al aborto y sus críticas al movimiento provida, se produce tras semanas de intensa presión y condenas públicas por parte de más de una docena de obispos católicos estadounidenses, quienes argumentaron que su nombramiento contradecía la misión y la identidad católica de la universidad.

El epicentro de la controversia fue la designación de Ostermann como directora del prestigioso Instituto Liu para Asia y Estudios Asiáticos, anunciada a principios de enero. En ese momento, la decana de la Escuela Keough de Asuntos Globales, Mary Gallagher, había elogiado a Ostermann como una “académica excepcional” y una “elección sobresaliente” para el cargo, destacando su compromiso con la enseñanza y la investigación. Sin embargo, la trayectoria y las declaraciones públicas de la profesora en defensa del aborto rápidamente encendieron las alarmas en círculos conservadores católicos, provocando una oleada de críticas que no tardaron en escalar.

La reacción más contundente provino de Mons. Kevin Rhoades, obispo de Fort Wayne-South Bend, la diócesis a la que pertenece la universidad. El 11 de febrero, el obispo Rhoades emitió un comunicado en el que expresaba su “consternación” y “firme oposición” al nombramiento de Ostermann. Subrayó que las bien documentadas posturas de la profesora sobre el aborto, a veces acompañadas de críticas “cáusticas” al movimiento provida, al que incluso ha llegado a vincular con el racismo y la misoginia, eran “contrarias a un principio fundamental de justicia que es central para la identidad y la misión católica de Notre Dame”. Mons. Rhoades advirtió que la decisión de la universidad estaba “causando escándalo a los fieles de nuestra diócesis y más allá”.

El llamado del obispo Rhoades encontró un eco inmediato y poderoso dentro de la jerarquía católica de Estados Unidos. Rápidamente, prelados de alto perfil como el arzobispo Samuel Aquila de Denver, el obispo Robert Barron de Winona-Rochester, el arzobispo Salvatore Cordileone de San Francisco y el obispo David Ricken de Green Bay, entre otros, manifestaron su respaldo a las objeciones de Rhoades. Incluso el presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), el arzobispo Paul Coakley, instó a Notre Dame a reconsiderar su postura, afirmando que Ostermann “se opone abiertamente a la enseñanza católica cuando se trata de la santidad de la vida, en este caso la protección del no nacido”. Esta concertada muestra de desaprobación episcopal representó una presión sin precedentes sobre la administración de la universidad.

Inicialmente, la Universidad de Notre Dame se mantuvo firme, indicando a principios de febrero que no cambiaría su posición respecto al nombramiento. Sin embargo, la intensificación de las críticas, sumada a la desvinculación de al menos dos académicos, los profesores Robert Gimello y Diane Desierto, quienes citaron directamente el nombramiento de Ostermann como motivo de su partida, comenzó a generar un ambiente insostenible. Otro ex profesor, Christian Smith, aunque su partida estaba planeada antes de esta polémica específica, también aprovechó la coyuntura para criticar el liderazgo de Notre Dame por su “ambigüedad” respecto a la misión católica de la institución, la cual, según él, socavan con sus decisiones.

Finalmente, el 26 de febrero, Mary Gallagher, decana de la Escuela Keough, informó en un correo electrónico que la profesora Susan Ostermann “ha decidido no seguir adelante como directora” del Instituto Liu. En su comunicación, Gallagher expresó gratitud por la disposición de Ostermann a servir y la reflexión con la que abordó la decisión. Por su parte, Ostermann explicó su elección en un comunicado, indicando que el “enfoque en mi nombramiento corría el riesgo de eclipsar el trabajo vital que realiza el instituto”, y que este “debería poder continuar sin distracciones indebidas”. Añadió una reflexión sobre el clima en la institución, afirmando que era “claro que hay trabajo por hacer en Notre Dame para construir una comunidad donde una variedad de voces pueda florecer”, un comentario que muchos interpretaron como una crítica implícita a la falta de tolerancia o apertura institucional.

La resolución de esta controversia subraya el delicado equilibrio que las universidades católicas de prestigio en Estados Unidos deben mantener entre la libertad académica y su compromiso inquebrantable con la doctrina y los valores católicos. El incidente de Notre Dame se convierte en un caso de estudio sobre las tensiones inherentes entre la identidad religiosa de una institución y las diversas perspectivas presentes en el ámbito académico moderno, especialmente en temas éticos de alta sensibilidad como el aborto. Aunque el nombramiento ha sido retirado, la discusión sobre cómo Notre Dame y otras universidades católicas navegan estas aguas complejas seguramente continuará.

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