GUADALAJARA, MÉXICO – El sacerdote José Dolores Aguayo González, conocido popularmente como el “Padre Lolo”, se encuentra en el centro de una significativa controversia tras la revelación de que envió cartas de apoyo a una corte de Estados Unidos en favor de Jessica Johanna y Rubén Oseguera, hijos del notorio líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”. El presbítero ha salido a defender su actuación, argumentando que su labor se enmarca en la misión de acompañamiento espiritual de la Iglesia Católica hacia cualquier persona en prisión, independientemente de su identidad o crímenes.
En una entrevista reciente, Aguayo González explicó que las misivas fueron redactadas a solicitud explícita de la jueza del caso, Beryl A. Howell del Distrito de Columbia, en Washington D.C., y de los propios familiares de los acusados. Su postura es clara: “La Iglesia no puede dar la espalda a quien busca reconciliarse con Dios”, enfatizando que su ministerio no distingue entre figuras públicas y anónimos, y que el escrutinio público en este caso se debe únicamente a la identidad de los involucrados. “Imagínense si la iglesia da un portazo”, señaló, añadiendo que si se tratara de un preso sin notoriedad mediática, la situación no habría generado la misma atención.
**El Acompañamiento Espiritual en Prisión**
La labor del Padre Lolo se centra en el acompañamiento espiritual a individuos privados de libertad, un aspecto fundamental de la doctrina social de la Iglesia. Esta práctica busca ofrecer consuelo, guía moral y la oportunidad de reflexión y conversión a quienes cumplen condenas. El sacerdote subrayó que, en el corazón de la fe católica, reside la creencia en la capacidad de redención y transformación del ser humano. “En la Iglesia creemos en la reconstrucción, en la conversión y ese es el gran llamado al que estamos nosotros como sacerdotes, el sacramento de la reconciliación”, afirmó.
Detallando el origen de su relación con los hijos de “El Mencho”, Aguayo González relató que conoció a Jessica Johanna Oseguera años antes de su declaración de culpabilidad. Ella participaba activamente en las actividades de su parroquia, lo que le permitió al sacerdote formar una opinión personal sobre ella. La primera carta, enviada en marzo de 2021, la describía como “una persona muy amable, una excelente madre de familia, una mujer muy filantrópica”. Esta misiva fue una respuesta directa a la petición de la jueza, quien, según el sacerdote, le solicitó su apreciación personal sobre Jessica Johanna, aún después de que ella se hubiera declarado responsable de ciertos delitos.
El segundo pronunciamiento epistolar del Padre Lolo, fechado en enero de 2025 (una fecha que parece adelantada en el tiempo si la entrevista es reciente, lo que podría ser un error de transcripción o un dato que requiere verificación), fue dirigido también a la jueza Howell, pero esta vez en referencia a Rubén Oseguera, alias “El Menchito”. A diferencia de su hermana, el sacerdote no conoció personalmente a Rubén. Su contacto se limitó a comunicación epistolar y algunas conversaciones telefónicas facilitadas por sus familiares durante el tiempo de su reclusión. En esta correspondencia, el Padre Lolo se identificó como el “director espiritual” de Rubén, destacando que provenía de una “familia muy católica practicante”, que había “reflexionado mucho sobre su futuro” y “leído la sagrada escritura”. La carta concluía afirmando que, “a pesar de los errores que pudiera haber cometido, es un hombre que ha sido tocado por la misericordia de Dios”. Rubén Oseguera fue extraditado a Estados Unidos en 2020 y condenado a cadena perpetua por cargos de narcotráfico poco después de la fecha de la misiva del sacerdote.
**La Posición de la Arquidiócesis de Guadalajara**
La actuación del Padre Lolo no ha pasado desapercibida para las autoridades eclesiásticas. El Arzobispado de Guadalajara ya se había pronunciado previamente sobre el asunto. En un comunicado, la diócesis señaló una “falta de prudencia y sensatez de parte de este sacerdote para abordar con anterioridad este asunto con quien debería haberlo hecho, dadas las características de esta relación”.
Por su parte, el Cardenal Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara, ofreció una perspectiva más amplia sobre el tema en una reciente conferencia de prensa. Si bien reconoció que el sacerdote pudo haber cometido una imprudencia —usando la expresión coloquial “la regó”—, el Cardenal enfatizó que el asunto es “mucho más complejo y mucho más amplio que el tema de la imprudencia o de la inexperiencia de un sacerdote que quiso actuar de buena voluntad”.
Robles Ortega recalcó el compromiso ineludible de la Iglesia de acompañar espiritualmente a todas las personas, sin excepción, incluyendo a aquellos que han cometido crímenes y a sus familias. Ilustró esta postura con ejemplos concretos: “si algún familiar de alguno de los que fueron ejecutados o cayeron y que está comprobado que andaba en eso, pero los familiares piden, por ejemplo, una Misa, no se les puede negar. Si pidieran llevar el cuerpo al templo, no se les puede negar”. Esta declaración subraya la doctrina de la Iglesia de ofrecer sus sacramentos y consuelo a todos los que lo soliciten, sin juzgar su pasado.
A pesar de la polémica, el Padre Aguayo González continúa ejerciendo su labor pastoral como párroco. Él mismo ha declarado que no tiene “nada que ocultar” y que su ministerio se ha llevado a cabo conforme a los preceptos de la Iglesia, asegurando que ninguna autoridad, ni en México ni en Estados Unidos, lo ha contactado por este asunto hasta el momento. La situación pone de manifiesto la delicada línea entre el deber pastoral de la Iglesia de ofrecer acompañamiento espiritual universal y las implicaciones públicas y éticas cuando los beneficiarios de dicho acompañamiento son figuras ligadas al crimen organizado.




