En un contexto global marcado por el incremento de las rupturas conyugales, la Iglesia Católica busca extender puentes de esperanza y sanación. Es en esta línea que el movimiento católico “Jesús y María Restauran Mi Familia” organiza el retiro “Mírame a Mí”, una iniciativa pastoral dedicada a ofrecer un espacio de acompañamiento profundo para quienes atraviesan por la difícil experiencia de una crisis matrimonial, la separación o el divorcio. Este programa se distingue por acoger no solo a parejas, sino también a individuos, incluso si solo uno de los cónyuges desea emprender un camino de restauración y fe.
El impacto de las crisis matrimoniales trasciende lo personal, afectando familias enteras y comunidades. Mariela Villanueva, líder y fundadora de este movimiento, comparte una experiencia personal que resuena con la de muchos. Tras cinco años de separación y un pedido de divorcio motivado por la infidelidad, Villanueva se encontró buscando apoyo en diversos movimientos matrimoniales. Sin embargo, en muchos de ellos halló puertas cerradas, pues el requisito era que ambos cónyuges estuvieran presentes. Su búsqueda solitaria la llevó a un encuentro profundo con Jesús Sacramentado, una vivencia que se convirtió en la semilla del retiro “Mírame a Mí”. “Lo que se vive dentro del retiro es una experiencia que yo viví frente a Jesús sacramentado durante la búsqueda por encontrar respuestas a la crisis matrimonial que vivía”, explica Villanueva.
**Un Espacio de Acogida sin Precedentes**
“Jesús y María Restauran Mi Familia” nació en Perú y, tras la pandemia, expandió su alcance a nivel internacional, llegando a países de América Latina y Estados Unidos a través de plataformas virtuales. Lo que hace que este movimiento sea particularmente relevante es su enfoque inclusivo. A diferencia de otros programas pastorales que suelen requerir la participación de ambos cónyuges, “Mírame a Mí” ofrece una respuesta a la “necesidad urgente que tiene la Iglesia de acoger y acompañar a los matrimonios y a las parejas irregulares que buscan sentirse amados y acogidos”, como subraya Villanueva.
El movimiento ha recibido la aprobación para operar dentro del Arzobispado de Lima, extendiendo su ministerio a una diversidad de situaciones conyugales, incluyendo matrimonios en crisis, separados, divorciados, divorciados vueltos a casar, parejas en unión de hecho y matrimonios civiles. Esta amplitud de acogida refleja un compromiso con la misericordia y la comprensión, alineándose con el llamado del Papa Francisco a acompañar e integrar a quienes se encuentran en situaciones familiares complejas, asegurando que nadie se sienta excluido de la comunidad eclesial.
**Transformación Personal: La Clave de la Sanación**
Uno de los pilares del retiro es la premisa de la transformación interior, un cambio que emana del amor a Dios, no de la imposición sobre el otro. “No se trata de cambiar al otro por imposición. Yo cambio por amor a Dios. Me dejo transformar por Él”, afirma Villanueva. Esta filosofía invita al participante a una profunda introspección, a reconocer sus propias actitudes, heridas y errores, permitiendo que la gracia divina opere en su corazón. Este proceso requiere una fe inquebrantable, la convicción de que “lo que es imposible para los hombres es posible para Dios”, una frase que marcó profundamente la propia jornada de Villanueva.
El camino de sanación también implica la aceptación de la realidad presente, pero sin caer en la resignación pasiva. Se trata de reconocer las circunstancias y la libertad del otro, mientras se continúa el propio proceso espiritual con Dios. Este discernimiento permite a los individuos sanar su corazón, emprender un camino de perdón y buscar la voluntad divina, sin presionar hacia una reconciliación que, si bien es un fruto posible, no es el objetivo único ni impuesto del retiro. Las herramientas espirituales como la adoración eucarística, los cenáculos de oración y los espacios de escucha son fundamentales en este proceso.
**Historias de Esperanza y Restauración**
A lo largo de once años de misión, “Jesús y María Restauran Mi Familia” ha sido testigo de innumerables frutos de esperanza. “Tenemos muchos casos de restauración matrimonial, incluso matrimonios humanamente imposibles de salvarse. Ya no vivían en casa, ya tenían otra persona, y Dios ha obrado”, comparte Villanueva. No obstante, el camino de sanación puede tomar diversas formas; algunos participantes encuentran la fuerza para discernir la nulidad matrimonial, un proceso en el cual el movimiento también ofrece acompañamiento y respeto.
Los testimonios de quienes han participado en “Mírame a Mí” son poderosos. Brenda Arias, desde Guatemala, relata cómo, después de años de separación y resentimiento, su familia se ha reunido, y su relación con su esposo ha sido transformada. “Nada hay imposible para Dios”, declara con convicción. Diana Desposorio, por su parte, confiesa haber sido egoísta antes de su crisis conyugal, que llegó cuando su esposo, trabajando lejos, le anunció su deseo de separarse, días antes del parto de su tercer hijo. Un encuentro providencial en una Hora Santa organizada por el movimiento la llevó a una revelación personal, un “regalo” doloroso pero transformador, donde el Señor le mostró el daño causado. Su decisión de cambiar, de orar y evitar reproches, culminó con el regreso de su esposo y una reconciliación forjada en el aprendizaje del amor verdadero. “Bendita la prueba”, concluye Diana, reconociendo la crisis como el catalizador de una profunda transformación. Vanessa Uria también testifica cómo, tras vivir en unión libre y enfrentar dolorosas separaciones, la perseverancia en la oración las llevó a ella y a su pareja a recibir el sacramento del matrimonio, consolidando una familia “hecha por Dios, tocada por la Virgen”.
**La Iglesia: Un Hogar que Acoge y No Condena**
Mariela Villanueva enfatiza un mensaje claro y esperanzador para quienes se sienten marginados o juzgados: “La Iglesia no los condena. La Iglesia es un hogar que acoge. Dios no reprocha a nadie, nos espera para abrazarnos y consolarnos”. Esta declaración resalta la misión del movimiento de encarnar la misericordia divina, de amar con el “corazón de Jesús”, como el padre misericordioso que espera a su hijo. “Hay un lugar para todos dentro de la Iglesia. Hay un camino posible”, añade, subrayando que el retiro se inserta en el acompañamiento pastoral promovido por la Iglesia, sin reemplazar la atención individual, sino complementándola con una experiencia profunda del amor de Dios y herramientas espirituales que facilitan la sanación.
El próximo retiro “Mírame a Mí” se realizará del 13 al 15 de marzo de 2026, ofreciendo una nueva oportunidad para quienes buscan sanar sus heridas, fortalecer su fe y, si Dios lo permite, restaurar sus matrimonios y sus familias. La convicción de que “para Dios no hay nada imposible” sigue siendo el motor de este movimiento que acoge a quien sufre y busca ayuda, demostrando que la transformación personal puede abrir las puertas a milagros inesperados.




