5 marzo, 2026

San José, Costa Rica – La Iglesia Católica en América Latina se enfrenta a uno de sus mayores desafíos contemporáneos: la reparación integral a las víctimas de abusos. Este imperativo ha sido el tema central del quinto congreso internacional del Centro de Protección de Menores (CEPROME) Latinoamérica, celebrado del 3 al 5 de marzo en San José, Costa Rica. El evento reunió a expertos en prevención y lucha contra los abusos, académicos y autoridades eclesiásticas de todo el continente, con el objetivo de compartir avances, buenas prácticas y los retos pendientes en esta crucial área.

Al frente de esta iniciativa está el sacerdote mexicano Daniel Portillo, director de CEPROME Latinoamérica, quien enfatiza con rotundidad la necesidad de una comprensión profunda y comprometida de la reparación. “Reparar no es ‘pasar página’; es cambiar condiciones para que el daño no se repita y para que la Iglesia aprenda, responda y cuide mejor”, afirmó el Padre Portillo, rechazando cualquier interpretación superficial de este proceso.

El congreso, bajo el lema “Reparar el daño: entre la fe que sostiene, el cuidado que acompaña y la justicia que restaura”, ha subrayado la naturaleza compleja y multifacética de la reparación. Según el Padre Portillo, “reparar hoy significa asumir un proceso integral centrado en la persona herida: verdad, reconocimiento del daño, responsabilidad institucional, acompañamiento sostenido y medidas concretas que restituyan, en lo posible, dignidad, seguridad y confianza”. Este enfoque, explicó, abarca dimensiones pastorales, psicológicas, comunitarias, canónicas y civiles, adaptándose a cada caso particular y requiriendo una continuidad temporal indispensable.

**Distinguir la Reparación Auténtica de Gestos Vacíos**

El director de CEPROME Latinoamérica fue explícito al diferenciar lo que verdaderamente constituye una reparación de lo que no. La reparación, aclaró, no debe ser confundida con “gestos simbólicos aislados” —como la celebración de una misa, la emisión de un comunicado o una disculpa sin seguimiento— que carecen de acciones concretas y transformadoras. Tampoco se limita al “cumplimiento formal de protocolos sin escucha real ni acciones de fondo”, ni a la “asistencia puntual que no garantiza continuidad ni seguridad”.

Igualmente, se descartaron como reparación auténtica las “negociaciones silenciosas orientadas a ‘cerrar el tema’ sin verdad ni rendición de cuentas”, así como una “misericordia mal entendida que evita la responsabilidad o el deber de justicia”. La verdadera reparación, por el contrario, exige un compromiso explícito y verificable con la verdad y la justicia.

**Procesos Verificables: Un Estándar para la Iglesia**

Para garantizar una reparación genuina y eficaz, el Padre Portillo delineó una serie de “procesos mínimos verificables” que deben ser implementados por toda Iglesia local o institución religiosa. Estos procesos, subrayó, deben ser “auditables”, con documentación, registros claros, capacitación certificable, indicadores medibles y un seguimiento continuo.

Entre las medidas esenciales figuran:
* **Canales de denuncia y escucha:** Accesibles y seguros para las víctimas.
* **Protocolos con trazabilidad:** Para el manejo transparente de los reportes.
* **Cooperación con la autoridad civil:** Para evitar el encubrimiento y asegurar la justicia.
* **Procesos canónicos activables:** Que permitan investigar y juzgar los casos de abuso de manera efectiva.
* **Acompañamiento integral a víctimas:** Incluyendo apoyo psicológico, pastoral y orientación jurídica, junto con reparaciones económicas cuando proceda.
* **Políticas de prevención robustas:** Con formación obligatoria, códigos de conducta claros, límites definidos, evaluación de entornos y supervisión constante.
* **Mecanismos de rendición de cuentas:** Transparentes y operativos.
* **Plan de cultura institucional:** Que promueva un liderazgo responsable, una comunicación clara, un manejo de crisis adecuado y una prevención activa del abuso de poder y conciencia.

**Superando Obstáculos Culturales, Jurídicos y Pastorales**

La implementación de estas medidas no está exenta de dificultades. El sacerdote mexicano lamentó la persistencia de “obstáculos culturales, jurídicos y pastorales” dentro de la Iglesia. Los desafíos culturales incluyen el clericalismo, la sacralización de la autoridad, el miedo al escándalo, la presión comunitaria, los estigmas hacia las víctimas y la tendencia a “resolver internamente”.

En el ámbito jurídico y administrativo, los obstáculos abarcan el desconocimiento de procedimientos, la carencia de equipos técnicos especializados, el temor a las consecuencias legales y la debilidad de los sistemas documentales. Finalmente, los desafíos pastorales se manifiestan en la “confusión entre perdón y justicia”, la “espiritualización del sufrimiento” y una “comprensión reductiva de la misericordia”.

Para superar estas barreras, el Padre Portillo enfatizó la necesidad de una “formación seria” dirigida a obispos, superiores, formadores y agentes pastorales, que aborde el trauma del abuso, los límites y la responsabilidad institucional. Además, instó a establecer “estructuras estables (no improvisadas)”, equipos interdisciplinarios con autonomía funcional y un “cambio de paradigma” que entienda que “la transparencia prudente no destruye la Iglesia; la fortalece”. Una comunicación proactiva que reconozca el daño y evite culpabilizar a las víctimas es también fundamental.

**Avances y Desafíos en América Latina**

A pesar de los obstáculos, el Padre Portillo señaló que en la región se han logrado “avances reales, aunque desiguales”. En los diez años de existencia de CEPROME Latinoamérica, se ha observado una mayor conciencia de que el abuso abarca más allá del ámbito sexual, incluyendo el abuso de poder y conciencia. Ha crecido el número de oficinas y comisiones de protección en diócesis y congregaciones, se han mejorado protocolos y rutas de actuación, y ha aumentado la cooperación interinstitucional.

También se ha notado un incremento en los espacios de formación sistemática y certificable para agentes pastorales y educadores, así como una consolidación de redes y una mayor profesionalización. La sensibilidad hacia la centralidad de la víctima y el enfoque de trauma es cada vez mayor. No obstante, el Padre Portillo advirtió que “aún queda mucho” por hacer, especialmente en la homogeneización de estándares, el fortalecimiento de la rendición de cuentas y la garantía de continuidad de los procesos.

**Misericordia y Justicia: Pilares de la Transformación**

Para el director de CEPROME Latinoamérica, una “misericordia auténtica es siempre aliada de la verdad y de la víctima”, expresándose en la escucha, la protección, la reparación y un compromiso sostenido. Advirtió que “si la misericordia se usa para callar, apurar cierres o evitar consecuencias, se vuelve una forma de revictimización”. De igual modo, la “justicia auténtica no es solo trámite; es restituir dignidad y asegurar no repetición”. La Iglesia, concluyó, debe sostener ambas: “compasión sin impunidad y justicia con humanidad”.

El cambio estructural, según el Padre Portillo, “no nace solo de ideas; nace de decisiones, capacidades y corresponsabilidad”. Las autoridades eclesiásticas deben traducir sus convicciones en normas y políticas institucionales, mientras que los expertos aportan evidencia y metodologías. El encuentro de estas perspectivas en el congreso de CEPROME Latinoamérica ha permitido “alinear lenguaje, estándares y prioridades, evitar improvisación y crear redes de cooperación”, marcando un camino claro para que la Iglesia pase “del ‘qué decir’ al ‘qué hacer y cómo medirlo’”, asegurando un enfoque interdisciplinario que evite tanto el pastoralismo sin justicia como el juridicismo sin cuidado.

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