La creciente tensión en la frontera sur del Líbano ha sumergido nuevamente al país en un ciclo de incertidumbre y violencia, reactivando viejas heridas y exponiendo a las comunidades fronterizas a riesgos inminentes. En medio de esta escalada, impulsada por el conflicto regional con Irán, un grupo de aldeas cristianas en el sur del Líbano se ha erigido en un baluarte de resistencia pacífica, negándose a abandonar sus hogares y su tierra ancestral, a pesar de las órdenes de evacuación y la amenaza latente de hostilidades.
Para muchos cristianos libaneses, la frustración es profunda. Durante décadas, han convivido con la realidad de la influencia militar de Hezbolá, oponiéndose políticamente –aunque con un impacto limitado– a la doctrina del “Eje de la Resistencia”, una estrategia impulsada por la milicia chií respaldada por Teherán. Hoy, las repercusiones de las operaciones militares de Hezbolá y su activa participación en conflictos regionales se manifiestan una vez más, y las comunidades cristianas del Líbano se ven forzadas a afrontar las consecuencias. La paradoja es aún más patente en las aldeas fronterizas del sur, que, a pesar de su rechazo explícito a esta senda bélica, su ubicación geográfica las sitúa directamente en la línea de fuego.
Mientras las directrices de evacuación se propagan por el sur libanés, instando a los residentes a dejar sus hogares, muchos han optado por una forma singular de “resistencia”: permanecer en sus tierras. Es un acto de desafío silencioso, impulsado por el amor a su patrimonio y una fe inquebrantable, frente al peligro y la injusticia de pagar el precio de una guerra que no han elegido.
**Alma al-Shaab: El Tañido de la Resiliencia**
En la pintoresca localidad de Alma al-Shaab, los residentes han rechazado rotundamente abandonar sus viviendas. En un gesto cargado de simbolismo, se congregaron en la plaza de la Iglesia de Nuestra Señora y hicieron sonar sus campanas, un eco resonante que inundó las redes sociales con un mensaje inequívoco: su intención es permanecer.
Charbel Sayyah, un abogado y residente de esta comunidad cristiana sureña, resalta la delicada posición de Alma al-Shaab a lo largo de la frontera. “Posee una importancia estratégica tanto para israelíes como para Hezbolá”, explica Sayyah, quien ha documentado los intentos de Hezbolá por adquirir terrenos en la aldea a través de organizaciones afines, un esfuerzo siempre frustrado por la oposición local. En una publicación en la plataforma X, Sayyah expresó: “Soy de Alma al-Shaab, de un sur querido que no tiene conexión alguna con los iraníes ni con sus milicias. Insto al presidente y al primer ministro a declarar mi pueblo, Alma al-Shaab, como zona libre de cualquier actividad de seguridad o militar de Hezbolá. Pido también al ejército libanés que intervenga y proteja la zona”.
En declaraciones a ACI Mena, Sayyah enfatizó la urgencia de iniciativas diplomáticas que clarifiquen la neutralidad de estas aldeas respecto a cualquier actividad militar. “Si no pueden ofrecernos protección directa, al menos que nos brinden lo necesario para mantenernos firmes: apoyo, provisiones, municiones, cualquier tipo de ayuda. ¿Cómo se supone que debemos enfrentar esto?”, cuestionó. Sayyah subrayó que el uso de armas es el último recurso deseado por los habitantes. “No queremos armas, la mayoría de aquí ni siquiera sabe usarlas. Pero tampoco podemos quedarnos inactivos… No aceptaremos que alguien lance cohetes desde nuestra tierra, ni que un soldado israelí nos provoque, como cuando dibujaron la Estrella de David en la Iglesia de Nuestra Señora. Esta es nuestra aldea y queremos permanecer en ella”.
Recordando el conflicto de 2024, Sayyah relató los daños sufridos por Alma al-Shaab. “La iglesia quedó casi a medio destruir. Nuestra casa familiar también resultó dañada”, lamentó. “Nunca quisimos la guerra, pero nos vimos obligados a irnos por el fuego cruzado. Después del alto el fuego, algunos residentes regresaron. Pero esta vez, a pesar de la guerra, no tenemos intención de marchar”.
**Rmeish: Vigilia y Raíces Inquebrantables**
Christian Hajj, originario de la localidad fronteriza de Rmeish, compartió con ACI Mena la firme decisión de su familia de no abandonar. “No dejaron el pueblo en ninguna de las guerras anteriores”, afirmó sobre sus parientes. “Construyeron su casa desde cero. La casa de mi abuela data de la década de 1960”. La principal preocupación en Rmeish es una posible incursión terrestre israelí, dada su ubicación en la misma frontera. Sin embargo, la ciudad no sufrió daños durante las hostilidades del año pasado.
Hajj destacó que Rmeish nunca ha permitido el establecimiento de miembros de Hezbolá. Ante las inquietudes de una posible infiltración de militantes, explicó que la geografía dificulta tales movimientos. “Estamos literalmente en la frontera. Nos rodea Israel por un lado y otros pueblos por el otro, lo que significa que las entradas son conocidas”, aclaró. Los hombres de la aldea se han organizado en turnos de vigilancia, coordinados con la iglesia local, cuyas campanas alertan ante cualquier movimiento sospechoso. Además, soldados del ejército libanés, originarios del pueblo y fuera de servicio, colaboran en la vigilancia, actuando como una especie de fuerza policial comunitaria. Hajj señaló que Rmeish es en gran medida autosuficiente, aunque depende de alimentos externos.
**Ein Ebel: La Presencia como Escudo**
En Ein Ebel, otra aldea cristiana del sur, se ha adoptado la misma postura: quedarse. Una residente, quien prefirió el anonimato por razones de seguridad, confió a ACI Mena que la presencia de los habitantes es una forma de protección. “Queremos proteger el pueblo con nuestra presencia y asegurar que Hezbolá no entre ni lo utilice”, enfatizó. Jóvenes de la aldea se han posicionado en las entradas, aunque persiste la preocupación por la extensa y porosa frontera.
Desmintiendo rumores sobre la retirada del ejército libanés, afirmó que la presencia militar en Ein Ebel se mantiene. Subrayó, además, que los residentes planean permanecer en sus casas incluso ante una eventual incursión terrestre israelí. La residente compartió un incidente reciente: un hombre sospechoso de ser miembro de Hezbolá, con ropa sucia y signos de combate, intentó entrar en la aldea buscando refugio. Los residentes alertaron de inmediato a la policía municipal, que lo escoltó fuera. “Hasta ahora, es el único que ha intentado entrar, o al menos el único del que tenemos conocimiento”, añadió.
**Un Mensaje Inquebrantable al Mundo y al Vaticano**
Recientemente, una delegación que representaba a los residentes de Rmeish, Ein Ebel, Debel y Alma al-Shaab informó al Nuncio Apostólico en el Líbano, el Arzobispo Paolo Borgia, sobre su decisión unánime de no abandonar sus tierras y hogares, sin importar las circunstancias. Los delegados reafirmaron su lealtad al Estado libanés, al ejército, a las Fuerzas de Seguridad Interna y a la misión de paz de la ONU, la UNIFIL, al mismo tiempo que rechazaron cualquier forma de desplazamiento forzado.
Subrayaron que sus comunidades no albergan a Hezbolá ni a ninguna otra presencia armada que pueda ser utilizada como pretexto para ataques. La delegación también solicitó a los canales diplomáticos del Vaticano que eleven su voz en Washington y en las capitales europeas, buscando garantías de que los residentes de estas localidades fronterizas no serán blanco de operaciones militares ni presionados para abandonar sus hogares.
En nombre de los residentes, el Padre Najib Al-Ameel, párroco de Rmeish, declaró con firmeza: “Permanecemos arraigados en nuestro pueblo. Esta es la postura de la mayoría de la gente en Rmeish, Ein Ebel y Debel. No vagaremos como desplazados por las carreteras; nuestros hogares son más seguros”. Atrapadas entre el temor a que Hezbolá utilice sus aldeas como bases operativas y la amenaza de una incursión israelí, estas comunidades enfrentan peligros que no buscaron ni controlan. Lo que las sostiene es su profunda fe, el amor incondicional por su tierra y una determinación inquebrantable de quedarse.






