9 marzo, 2026

En la bulliciosa ciudad portuaria de Chattogram, Bangladesh, un crisol de culturas y un punto neurálgico para miles de migrantes internos e internacionales, la Hermana Zita Rema se ha erigido como un faro de esperanza y una incansable defensora. A sus 67 años, esta religiosa de la Congregación de las Salesianas Misioneras de María Inmaculada (SMMI) es ampliamente reconocida como la “Madre de los Migrantes”, un título que ha ganado a pulso tras décadas de servicio dedicado a los más vulnerables, desplazados y olvidados.

Originaria de la Diócesis de Mymensingh, la Hermana Zita encabeza la Oficina de Migrantes de la Arquidiócesis de Chattogram. Esta región acoge a una comunidad católica de aproximadamente 3.000 fieles, compuesta por trabajadores y expatriados de diversas naciones como India, Sri Lanka, Filipinas, Nigeria, Uganda y Corea del Sur. A ellos se suman más de 5.000 migrantes cristianos provenientes del interior del país, quienes laboran en sectores tan variados como fábricas textiles, astilleros de desguace de barcos, talleres de bicicletas, plantas de oxígeno y salones de belleza. La vida para muchos de ellos está marcada por la discriminación, condiciones laborales precarias, inestabilidad económica y un profundo sentimiento de aislamiento. En medio de estas adversidades, la Hermana Zita les ofrece una presencia compasiva y un apoyo inquebrantable.

“Los migrantes cargan con pesadas cargas. Camino con ellos para asegurar que nadie se sienta abandonado”, afirma la religiosa, resumiendo la esencia de su misión. Su ministerio se despliega diariamente a través de un recorrido por calles congestionadas, viviendas de trabajadores y complejos industriales. Visita hogares al finalizar las extenuantes jornadas laborales, comparte oraciones con las familias, ofrece consuelo a quienes sufren y actúa como defensora de aquellos que enfrentan acoso o injusticia. La familiaridad y el profundo afecto que inspira se manifiestan en el apelativo “Ma” (mamá), con el que muchos la llaman.

La intervención de la Hermana Zita es crucial en momentos de tragedia. El 4 de marzo de 2023, una devastadora explosión en la planta de oxígeno Seema, en Sitakunda, dejó un saldo de siete trabajadores fallecidos —incluidos dos católicos— y 25 heridos. “Acudí al hospital de inmediato”, relata. Durante varios días, gestionó tratamientos médicos, brindó consuelo a las familias en duelo y negoció compensaciones económicas vitales. Gracias a su perseverancia, tanto el propietario de la fábrica como el gobierno desembolsaron más de un millón de taka (aproximadamente 8.300 dólares) en concepto de indemnización. Mickey Nokrek, cuyo hijo perdió la vida en el siniestro, testificó: “Sin la Hermana Zita, no habríamos obtenido justicia”.

Las dificultades que enfrentan los migrantes trascienden los accidentes laborales. Muchas familias carecen de los recursos para trasladar el cuerpo de un ser querido fallecido a su lugar de origen, un coste que puede oscilar entre 10.000 y 30.000 taka. Para aliviar esta carga, la Hermana Zita moviliza a los comités parroquiales para recaudar los fondos necesarios, permitiendo así que las familias despidan a sus difuntos con la dignidad que merecen.

Asimismo, la Hermana Zita está profundamente involucrada en la lucha contra la trata de personas, un flagelo que afecta a los más vulnerables. Ha logrado rescatar a siete niños cristianos que habían sido engañados con falsas promesas de educación y coaccionados a la conversión en una madrasa en Daca. Su acción también se ha extendido a jóvenes que, trabajando en salones de belleza, eran víctimas de abusos, facilitándoles el acceso a soluciones legales. “Toda persona merece seguridad y dignidad”, enfatiza.

La atención sanitaria constituye otro pilar fundamental de su misión. Muchas mujeres migrantes, especialmente las embarazadas, buscan su orientación. La Oficina de Migrantes colabora con dos médicos a tiempo parcial que ofrecen consultas gratuitas y conecta a los pacientes con centros de diagnóstico accesibles. Además, ha innovado al crear un pequeño fondo de seguro: cada miembro contribuye con 100 taka, y este fondo se utiliza para asistir a quienes requieren hospitalización, creando una red de apoyo mutuo.

La inestabilidad económica global, exacerbada por conflictos como la guerra entre Rusia y Ucrania, ha impactado severamente la vida de muchos trabajadores migrantes. Las operaciones en los astilleros de desguace de barcos se han ralentizado, reduciendo los salarios diarios a apenas 300 taka, y solo cuando hay trabajo disponible. La Hermana Zita acompaña regularmente a estos trabajadores, brindando apoyo emocional y proporcionando material escolar para sus hijos, consciente de que “sin apoyo, pierden la esperanza”.

Historias como la de Papia Nokrek, una esteticista migrante que perdió su hogar por el aumento del alquiler, ilustran el impacto directo de su obra. “La hermana me dio alojamiento cuando no tenía adónde ir”, relata Papia, añadiendo con gratitud: “De verdad es una madre para migrantes como yo”.

A pesar de operar en Bangladesh, un país de mayoría musulmana, la religiosa asegura no haber enfrentado jamás hostilidad. Su cruz, discretamente visible, comunica silenciosamente su identidad católica. “Mi testimonio es el amor”, proclama. Es común que el personal de los autobuses la salude con respeto llamándola “Ma”, y anualmente, continúa con su labor pastoral, enseñando catecismo y preparando a los católicos para los sacramentos de la reconciliación, la Eucaristía y la confirmación.

En el marco del Día Internacional de la Mujer, la Hermana Zita Rema subraya que la lucha por la seguridad sigue siendo una urgencia palpable. “Las mujeres y los niños aún temen salir solos de sus casas”, señala. “Mi esperanza es una Bangladesh donde cada mujer pueda caminar libremente, sin miedo”. Consciente de esta realidad, organiza encuentros anuales para mujeres migrantes, creando un espacio donde pueden compartir sus desafíos y fortalecer su unidad. Las preocupaciones de la religiosa reflejan la cruda realidad que enfrentan muchas mujeres en Bangladesh. Según el grupo de derechos humanos Ain o Salish Kendra, entre enero y diciembre de 2025 se reportaron 749 violaciones, incluyendo 569 agresiones individuales y 180 violaciones en grupo. Adicionalmente, 193 mujeres fueron víctimas de acoso sexual, cifras que, para la Hermana Zita, resaltan la imperiosa necesidad de proteger los derechos y la dignidad de las mujeres.

Al reflexionar sobre sus décadas de servicio, la Hermana Zita expresa una profunda gratitud. “Durante 20 años he caminado con trabajadores migrantes, he escuchado sus historias, he llorado con ellos y he rezado con ellos”, afirma. “Su amor ha bendecido mi vida. Doy gracias a Dios por haberme elegido para esta misión”. Su legado es un testimonio viviente de fe, compasión y la inquebrantable creencia en la dignidad inherente de cada ser humano.

Desde las Redes

Desde las Redes es un portal católico dedicado a la Evangelización digital. Somos un equipo de profesionales poniendo nuestros dones al servicio de la Iglesia. Lancemos las redes y compartamos la fe.

Nuevos